Ðark Lady

Acerca de tødø y nada a la vez

El carrusel nunca deja de girar

“¿Por qué le pasan cosas malas a la gente buena? Nos preguntamos eso tan seguido, que se convierte en un cliché, pero es porque sí le pasan cosas malas a la gente buena, constantemente. Solo tienes que esperar a que cuando sea tu turno, sabrás qué hacer, cómo sobrellevarlo, cómo perseverar. Pero la verdad es que no sabes cómo reaccionarás a tu peor escenario. Ninguno de nosotros lo sabe. No hasta que sucede”
[One flight down 11x20]


Estoy de rodillas
Solo recuerdos me quedan para aferrarme
No sé cómo pero lo superaré
Lentamente me recompondré

El día en que con mi amiga Vero y yo nos enteramos de que Derek Sheperd pasaba a mejor vida nos dio depresión instantánea, tanto así que de seguro batimos el récord de mandar un millón de emoticones llorando en tan solo un par de minutos. Depresión moderna y online ¿ok? Y como las drama queen que somos, sabíamos que iba a ser imposible ver el capítulo nuevo sin tener al lado una caja de pañuelos y un litro de agüita con azúcar. Y una vez que vimos el episodio del terror, yo no sé cómo aguantaron nuestros pobres celulares con tanta lágrima que le caía encima mientras íbamos comentando lo traumático que era ver morir a Mc Dreamy.

Cualquier persona sensata se preguntará por qué tanta alharaca por una simple serie y para eso hay dos respuestas: La primera es que somos un par de ridículas sin vida que no tienen nada mejor de qué preocuparse, lo que es bastante razonable y certero. La segunda tiene que ver más con nuestro eterno yetismo que nos llevó a pensar que con nuestra suerte, en el supuesto caso de que encontremos un tipo decente, pues lo más seguro es que termine dentro de un nicho.

En lo personal, yo me llevé un chasco tremendo por el mensaje de mierda que transmiten a través de la muerte de Derek: No puedes tenerlo todo. Era como ver mi peor trauma/miedo en pantalla. La cara de Meredith viendo por la ventana a los policías que llegaban a su casa mientras esperaba noticias de Derek, hizo que se me retorcieran las tripas, porque es la cara que uno pone cuando sabe que algo muy malo pasó y que de alguna forma tienes que prepararte para escuchar lo que te van decir.

Díganme paranoica, pero a mí me da un mini paro cardíaco cada vez que recibo una llamada a un horario no habitual o si tocan el timbre y no espero a nadie. Pongo la misma cara de espanto de un roedor corriendo a su guarida cuando siente una amenaza. Quizás es ser fatalista, pero para mí es inevitable, siempre que todo va bien, queda alguna cagada. Me acuerdo que en la U evitábamos decir “las cosas no pueden ser peor ¿cierto?”, porque siempre que lo decíamos pasaba algo más, como si estuviésemos tentando a Dios/Buda/Satán a respondernos con un sí rotundo. Así que al final optábamos por omitir comentarios y simplemente aguantar. Aplico lo mismo cuando se trata de rachas buenas, de no presumir y dar las gracias calladita porque si alardeas, te cae el balde de agua fría para que aterrices.

Como Meredith que se regocijaba de lo linda y feliz que era su vida con sus hijos, su esposo, su trabajo y su casa, todo de ensueño... y al otro día se queda viuda. Una absoluta mierda. Ella y todos nosotros sufriendo. Años dando jugo con el fulano, que sí, que no, para que cuando al fin te estabilizas y comienzas a disfrutar de una vida normal, todo se va a la cresta. Si no digo yo que la señora Shonda Rhimes es tan siniestra como Dios/Buda/Satán para escribir sus guiones.

En medio del llanterío colectivo, varios se quejaban de que Meredith no llorara a mares por Derek. Me dieron ganas de pegarles por idiotas, como si uno pudiera hacerlo en la vida real con todo el desagradable papeleo que hay que hacer cuando muere alguien y peor en su caso con dos cabros chicos al lado. Por desgracia en esos momentos hay que mantener la cabeza fría, después verás como lidias con el duelo, si te ahogas en lágrimas o si rompes una pared de la rabia. Y Grey hizo lo mismo que haría yo ante una tragedia tan grande: Irse lejos de todo y todos hasta sentirse lista para enfrentar su nueva realidad. Desaparecer, recoger los pedacitos de a poco y empezar de nuevo. Como decía Ellis Grey, el carrusel nunca deja de girar, la vida sigue con lo bueno y lo malo. No se detiene.

“Tengo que creer que hay un modo. Tiene que haber un modo de bajar del carrusel. Empezar de nuevo, empezar de cero. Tiene que haber un modo de dejar todos mis fantasmas atrás. Es una decisión. Es una decisión que estoy tomando. De avanzar, de seguir adelante. Puedo hacer esto. Puedo hacer esto. Todo lo que tengo que hacer es empezar”
[She's leaving home 11x22]

PD: Yo creo que Shonda siempre tuvo previsto matar a Mc Dreamy. La icónica canción “Grace” es sobre duelo, Meredith lo soñaba muerto y decía que los cuentos de hadas no se hacen realidad, Cristina le hizo abrir los ojos para que dejara de depender tanto de él... A modo de masoquismo, dejo la propuesta de matrimonio donde queda claro que la única manera de que se separaran era con la muerte de por medio. Lloremos por ingenuos ahora :( 


El irlandés y el poeta


Cualquier forma de distraerse y sedarse 
Añadiendo sombras a las paredes de la cueva... 

Hace un millón de años atrás, estaba aburrida en plan Jaded haciendo zapping y como no encontré nada especial, dejé puesto el canal de música para gente vieja como uno: VH1. Y ahí quedó prendida la tele, con música añeja de aquellos años de juventud y de repente suena una voz que no conocía, pero típico, no pesqué mucho a la primera. Ni siquiera me digné a mirar, pero la voz profunda del tipo me terminó por vencer. Le puse atención al vídeo y quedé como:

WTF? 

¡No le peguen! 

¡Se lo van a echar! 

¡Corre a salvarlo wn! 

¡Oh no! 

¡Lo mataron csm!

Trauma nivel Dios. 

Y con un vídeo así, me puse a buscar las canciones del fulano Hozier que figuraba en los créditos. Y me enamoré de sus letras raras y del sonido de su guitarra. Me enteré de que era irlandés, doble enamoramiento. Vi que era un chascón alto, barbudo y de pinta indecente, enamoramiento de aquí al infinito. 

Así que ahí estoy, pegadísima con la música de Hozier, que como diría Mugatu “está tan cotizado”, pero por muy niño-bonito-alternativo que sea, el tipo es de otro nivel. Este tema – que es mi favorito en estos días- debe ser la canción de drogadictos más elegante que he escuchado. Y aún cuando entiendo de qué se trata, traducirla al español hace que pierda gracia en mi humilde opinión.

En “Take me to the church” el juego de palabras que utiliza me dejó babeando, mi frase predilecta: “Te adoraré como un perro en el santuario de tus mentiras”. Uhhh! Supongo que lo que más me gusta de este tipo, es que tiene ese toque medio oscuro, incluso en canciones más suaves como “Like real people do” o “From Eden” y para qué decir de “Cherry Wine” que podría pasar como el tema más dulce de la vida, si no fuera por el hecho de que habla de una relación disfuncional con golpes de por medio. 

En resumen, lo adoro. Tanto como adoro a Mario Benedetti. Y sí, el irlandés y el uruguayo no tienen mucho que ver el uno con el otro, pero de ambos me gusta la forma en que abordan esa decadencia del ser humano, con letras enredadas a ratos, pero que te dejan pensando. Como estas reflexiones que leí hace una porrada de tiempo en "Vivir Adrede" y que me tuvieron marcando ocupado, al igual que Hozier ahora y que me veo en la obligación de dejarlas por aquí. 

Miedo 
No se juega con el miedo porque el miedo puede ser un arma de defensa propia, una forma inocente o culpable de coraje. El miedo nos abre los ojos y nos cierra los puños y nos mete en el riesgo desaprensivamente. Andamos por el mundo con el miedo a cuestas como si fuera un pudor obligatorio o en su defecto una variante del fracaso. Tal vez sea el mandamiento o quizás el mandamiedos de alguna desconocida ley, de un dios cualquiera. Por las dudas, una buena fórmula contra el miedo puede ser la que dejó escrita el bueno de Pessoa: «Espera lo mejor y prepárate para lo peor». 

Utopías 
Lo imposible es una burla de los dioses. Fue por eso que éstos desaparecieron. No fueron capaces de nadar en ese río, nadar en la nada. Todos venimos al mundo con la obsesión de un imposible. Y cuando tomamos conciencia de que el imposible es eso: un imposible, ya es tarde para refugiarnos en la sensatez. 

Todos queremos lo que no se puede, somos fanáticos de lo prohibido. Algunos lo llaman utopía, pero la utopía es más seductora. No tiene puertas cerradas como lo imposible. No nos desprecia como lo prohibido. La utopía tiene la gracia de los mitos, la maravilla de las quimeras. Si tenemos ánimo, paciencia y un poco de ilusión, podemos navegar en la barcaza de la utopía, pero no en el acorazado de lo imposible. 

Lo prohibido es un desafío que casi siempre nos derrota. La única posibilidad de vencerlo es llevarle la contra a los pontífices, que siempre han sido los jefes de lo prohibido. También lo son los dictadores, pero los pontífices al menos no torturan. 

A veces lo imposible lo llevamos en el ánimo, y éste no es capaz de dar el salto sobre lo prohibido. Y si como excepción alguien se anima a dar el salto, se encontrará con que lo prohibido es un abismo. Y entonces chau. 

Monotonía 
Otra vez los misiles rasgan el espacio. En Londres, en Bagdad, estallan los silencios y las bombas. Qué monotonía. 

En Colombia los marines fortalecen su mercado de drogas, la pasta base mata en apenas seis meses. Por algo enloquecemos de a poco en la inocencia. Qué monotonía. 

Todo es adrede, todo hace trizas el alma. El pobre tiempo ocurre con sus buitres, sus incendios. Qué monotonía. 

Después de todo Dios, si es que hay alguno, se dedicó a crear abismos y cenizas, simulacros de azar. Qué monotonía. 

El mundo asume el color de la tristeza y nace y muere sin excusas. Todo se carga, todo se repite en sueños y vigilias. Qué monotonía. Sólo una diana rompe lo monótono y es el abrazo de la muertecita.

Música 
¿Quién habrá inventado la música? ¿El viento? ¿El mar? ¿La lluvia? ¿Cuándo habrá nacido la armonía? ¿Qué habrá sonado primero? ¿E1 lenguaje de la brisa o el canto del ruiseñor? 

Desde una a otra orilla y viceversa, la música cruza el puente y la recibimos con los brazos y oídos abiertos. A veces ella calma y a veces enardece. Acaricia a los niños y adormece a los viejos. 

Cuando llueve es el canto de las nubes. La música es un arrabal del cielo y es el único paisaje que disfrutan los ciegos. Beethoven nos abriga y Mozart nos refresca. 

Hay tonadas que enhebran los silencios y el silencio se convierte a la música. Los esclavos y los presos se renuevan en el canto y esa música es su única libertad. Con la música respiran y si algún guardia la prohíbe, igual cantan en silencio. 

La música es un premio, un recurso, una victoria. Con alegría o congoja la música nos vive y nos revive. Cuando alguien nos dice que nos vayamos con la música a otra parte, sin vacilar nos vamos, dichosos de que nos siga acompañando la felicidad de sus sonidos. 

Aleluya 
Aleluya. El tiempo pasa y yo sigo viviendo, con los dolores y las ausencias de siempre pero sigo viviendo. Con la suerte y la muerte a la vista, con las golondrinas y los buitres, con el alma en pena y la cordura casi loca, con las cenizas del olvido y el pan duro de las promesas. Pero sigo viviendo. 

Aleluya. En alguna rara ocasión mi soledad se llena de prójimas y mis brazos abrazan y abrasan. Mi memoria viaja de noche en noche; mis jardines, de amanecer en amanecer. 

De todos los puentes cruzo el más frágil: el que une tu desolación con mi consuelo, y mi consuelo con tu desolación. Acaricio los pinos antes de que en el próximo vendaval besen el suelo. 

Aleluya. Cuando encuentre la verdad aún estaré a tiempo para llevar a mi infancia conmigo y clavarla luego como un afiche en la pared de la cocina. Nos vamos para volver; volvemos para irnos de nuevo. El tiempo es un viaje de escalas infinitas donde aprendemos y enseñamos algo. 

Aleluya. Piso tantos umbrales que los pies desnudos me arden. Desde esos umbrales imagino el infierno, pero de pronto recuerdo (aleluya x 2) que soy ateo, tanto de Dios como del diablo. 

Vivir aquí, en los arrabales del universo, no está tan mal. Dos por tres vienen pájaros curiosos, con su experiencia del espacio, y acaban colgándose en un crepúsculo de árboles. Crecimos en un exilio de la esperanza, sin advertir que era un exilio de la nada. 

Aleluya. La nada también puede ser todo y los otros también pueden ser nosotros. Si la tristeza nos empapa con su lluvia, digamos aleluya aleluya, primero despacito y luego en alarido, para que al fin nos encierren, así sea medio por azar, en las mazmorras de la alegría. 

Ah desaparecido 
Vos te vas sin ser voz; te fuiste sin ser muerte; desapareciste sin reaparecer. Tu rostro está aquí: cómo nos mira y como lo miramos. Te fuiste sin decir adiós. Nadie te sabe, todos te añoran, van proclamándote, rememorándote. 

Quedaste en tantas vidas que no descansan, que están en tu secreto, en su silencio. Sin alivio, porque te echan de menos, te conocen de más. 

Ah desaparecido, ¿qué podemos hacer para encontrarte, para compadecer en tu agonía, si no sabemos cuándo te has ido, desvanecido, vuelto fantasma? Quizá por ese no saber nos vamos quedando sin melancolía, apenitas con un sol a oscuras, abandonado, con la memoria sin excusas, con el poder más impotente. 

Ah desaparecido, ¿quiénes fueron los que sin dudarlo te borraron? Tu ida fue un crepúsculo interminable. La desaparición no es una muerte sino un vacío. Podés ser náufrago, despojo o hueso en tierra, también un pájaro que decide emigrar. Los que te encuentren, si te encuentran, te regarán con llanto, aunque haya lluvia. 

Ah desaparecido, parecido, sido, ido. Nunca más te esfumes, por más que el tiempo pase, no vamos a perdonar lo imperdonable. Mientras tanto, confiemos en que cada uno de los desaparecedores reciba el castigo de su propia conciencia.

Ay querida Alfonsina...


Me he pasado el fin de semana leyendo sus poemas, porque no lo sé, hace tiempo no lo hacía y en cierta forma, lo extrañaba. A decir verdad, echo de menos el libro viejo, de páginas amarillentas y lleno de polvo que estaba en la universidad y que siempre me llevaba porque sí. La famosa “Antología Poética” que nadie pescaba, pero que yo adoraba y que dejé de leer hace años. Ahora que lo pienso, no sé por qué diablos no me lo quedé... la multa por pérdida de seguro no era tan cara, qué weona más tonta. Era del año 1 y nunca lo he visto en ninguna librería. Y nótese el efecto retardado de 4 años en reflexionar sobre lo mucho que quería ese libro que ni siquiera era mío. Ay qué idiota. 

En fin, siempre me ha gustado Alfonsina porque creo que ella hablaba el mismo idioma que yo y porque sé que entendía la dificultad de ser mujer y no cumplir con el rol que todos esperan de ti. Me tienen harta con eso de que pregunten ¿por qué estás soltera? Mi respuesta sería un “porque todos los que conozco son gays/casados/comprometidos y los solteros siempre tienen una razón importante para seguir solteros como un trauma no superado o la misma madurez que una papa”. Sin embargo, como soy una dama, me limito a responder “porque no he conocido a nadie” seguido de una sonrisa de Monalisa. 

Al final mi única conclusión es que Alfonsina Storni, Jane Austen y yo habríamos sido tan buenas amigas. Pero no, como es la tónica de mi existencia, llegué muy tarde a este mundo para tener compinches así y también llegué muy tarde a la vida de otros. Una mierda. Y en ese estado de reflexión feminista, viene y aparece un coreano cantando este tema y me fui a la cresta. Como su nombre lo dice, es la canción de los weones tontos que esperan como weones

Anyway, dejaré que las sabias palabras de mi querida Alfonsina expresen lo que tengo en mente en estos momentos... 

Un día... 

Andas por esos mundos como yo; no me digas 
que no existes, existes, nos hemos de encontrar; 
no nos conoceremos, disfrazados y torpes 
por los caminos echaremos a andar. 

No nos conoceremos, distantes uno de otro 
sentirás mis suspiros y te oiré suspirar. 
¿Dónde estará la boca, la boca que suspira? 
Diremos, el camino volviendo a desandar. 

Quizá nos encontremos frente a frente algún día, 
quizá nuestros disfraces nos logremos quitar. 
Y ahora me pregunto... cuando ocurra, si ocurre, 
¿sabré yo de suspiros, sabrás tú suspirar?

Se arrienda

Hey, dime dónde estás 
dónde fuiste a parar 
Hey, cuéntame qué pasa cuando miras hacia atrás



En las últimas semanas me he acordado bastante de esta película que me hizo alucinar hace millones de años atrás. Amaba a Alberto Fuguet, a las hormigas asesinas y por sobre todo, entendía demasiado bien a Gastón Fernández. Y como no, si en ese tiempo alcancé mi peak en cuanto a niveles de andar perdida por la vida se refiere, además de que en el fondo, sentía que a los 30 iba a terminar igual que él. ¿Por qué? Porque si ya me complicaba encontrar una carrera en la que me sintiera cómoda sin que me importara cuánto iba a ganar, cómo diablos iba a sobrevivir en el mundo laboral. ¿En qué persona iba a convertirme? ¿Sería capaz de seguir siendo idealista? ¿Sería capaz de no venderme al sistema? ¿Sería capaz de encontrar un equilibrio o iba a terminar como Gastón? La verdad es que terminé igual que él, pero como dije por ahí, en versión C3 porque no nací en cuna de oro precisamente. 

Debo decir que es rara la sensación, porque por una parte me mantengo firme en mi idea de no desvalorizar mi profesión por un par de lucas, pero algo tengo que hacer para sobrevivir mientras encuentro la forma de llevar a cabo mis proyectos que jamás me harán millonaria pero que sí creo aportarán con un granito de arena al mundo. ¿Y qué podía hacer? Pues lo mismo que Gastón: colgarme el cartel de “se arrienda”. En un momento pensé que era la cuestión más terrible que podía hacer y me pedí disculpas a mí misma, porque sentía que me estaba traicionando, pero qué mierda, de alguna forma hay que sobrevivir y vivir. 

Eso sí, la cara de culo al principio no me la quitaba nadie, porque para que estamos con cosas, estaba a años luz de sentir a algo parecido a la felicidad y me la pasaba pensando “Ay Dios/Buda/Satán sáquenme de aquí por la cresta, voy a ser una buena persona, lo prometo, lo juro y re juro en el nombre de Jesús, María, José y el camello, pero sáquenme de aquí”. Pero el trío maravilla pasó olímpicamente de mí, así que no me quedó otra que tomar aire y aguantar como si fuese una especie de mártir, porque lo drama queen no se me quita ni en los peores momentos. 

Y a medida que pasó el tiempo, me dí cuenta de que no era tan terrible y que tampoco era la persona con más mala cuea del mundo, al contrario, era mucho más afortunada de lo que creía y que mis problemas eran un moco comparado con lo que pasaba el resto de la gente. Eso suena tan obvio y un poco estúpido, pero cuando has estado en una especie de burbuja, relacionándote siempre con personas similares a ti, uno tiende a pasar por alto algunas cosas. En la peli es lo que le pasa a Gastón cuando se encuentra con el flaco-mijito-rico-traumado que de verdad pasó por weas brígidas y sin querer le ayuda a entender que su vida no es tan mierdosa como cree, porque hay cosas peores que perder el rumbo y quedarse atrás.

Así lo entendió él y así lo entiendo yo también. A ratos me dan ganas de quejarme y patalear, pero me muerdo los labios y evoco a mi lado zen, porque sé que solo es una etapa. Una etapa más. Además, no es tan malo tampoco, porque sin que lo esperara me lograron devolver la sonrisa y el espíritu que tanta falta me hacían. 

Supongo que esta no será la última vez que dé botes por la vida, porque por desgracia nací con esa capacidad de cuestionar todo, lo que mezclado con la terquedad y el idealismo, resulta en una mezcla fatal, pero al menos compruebo una vez más lo que he dicho siempre: Pasa, todo pasa.

Todo lo que querías


Él es todo lo que quieres 
Él es todo lo que necesitas 
Él es todo lo que en tu interior deseas ser 
Él dice todas las cosas correctas en el momento exacto 
Pero él no significa nada para ti y no sabes por qué 

El sonido de un mensaje entrante me saca de mi ensueño y me devuelve a la Tierra. Ese sonido no es como los otros y por lo mismo, ya sé quien está hablándome. Sin querer se me escapa un suspiro contradictorio, entre resignación porque es quien creo que es y esperanza para que no sea quien creo que es. Gana resignación y chasqueo la lengua para demostrar mi decepción. Me quedo mirando la pantalla, decidiendo si debo o no contestar. ¿Y de qué vamos a hablar ahora si ya no tenemos ningún tema en común? ¿Acaso no entiende que los monosílabos, las pesadeces y el hecho de que no lo hable nunca es porque no me interesa conversar con él? ¿Y si lo ignoro y contesto días después acusando que jamás recibí ningún mensaje? ¿Y si le digo que no me hable más?. 

Me hago mil preguntas estúpidas y decido contestar de inmediato. Y es lo mismo de siempre, que cómo va la vida, el trabajo, el ocio y si hace frío o calor. Que si ya he conseguido a alguien, risas incómodas, indirectas, directas, un palo, el bosque entero, etcétera. Ahora dice lo que me habría gustado escuchar tiempo atrás, pero ya es muy tarde. Él no entiende que nunca será, porque vamos en caminos paralelos y que todo fue solo un agradable espejismo en el desierto. La vida me otorgo el papel de Whatsername, el de esa chica que trae un poco de brisa fresca y desorden, pero que luego se va y la olvidas rápidamente. A él le falta esa última parte y se está demorando más de lo necesario en dar vuelta la página. ¿Debería decir algo? ¿Ser aún más evidente? 

Es verdad, él era todo lo que siempre le pedí a Dios/Buda/Satán, pero llegó de la manera más inconveniente y problemática, pero no me importó porque creo en el destino y en que el tiempo todo lo resuelve. Y cuando estaba a punto de convertirme en Penelopé, la vida pasó y todo cambió empezando por mí misma. No podía agregar un problema más a mi lista de problemas-de-verdad y dejó de preocuparme hasta llegar a este punto. 

Voy contestando de manera robótica a sus preguntas, intentando fingir algo de interés y creo que resulta. Al parecer mi sonrisa de Monalisa también funciona de manera virtual, pero no deja de ser incómodo. Sí, podría ser la mala persona de siempre y mandarlo a freir monos al África con argumentos de sobra, pero no puedo hacerlo. Prefiero seguir respondiendo hasta que se aburra. Supongo que solo necesita un poco más de tiempo.