Ðark Lady

Acerca de tødø y nada a la vez

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Ahogarse en tierra firme


All I need is a bitter song to make me better. Much better...

Lo asumo. Estoy más cagada de lo que aparento. Definitivamente este no es el año de mi salud mental. Si de por si soy voluble y tengo mis cambios de humor repentinos, ahora es peor. Puedo estar desbordante de energía, pero basta con que me quede sola para irme en picada. No recuerdo a quien le dije, medio en broma, medio en serio, pero si me cayera a un lago/mar/charco/poza, no nadaría para salir a flote. Supongo que me quedaría ahí, así como Meredith…


Las desapariciones, suceden. Los dolores, se van. La sangre deja de fluir y la gente se desvanece. Tengo más que decir, mucho más, pero… he desaparecido.

¿Para qué? Eso es lo que piensas y comienzas a hundirte. Piensas en lo que perdiste, en si tu forma de actuar es la correcta o si estás cometiendo un grave error, en lo que tanto temías que ocurriera y que se volvió realidad, en la decepción de ver como los meses pasan y nada cambia, en lo que no tendrá solución ni ahora ni nunca aunque te esfuerces, en como el ir en contra de la corriente te va desgastando y te dejas llevar…


Cristina: ¿Es Meredith?

Alex:

Cristina: ¿Seguro? ¿La has visto? Podría ser otra…

Alex: Es Meredith…

Izzie: Seguro que sobrevive

George: No lo sabes

Izzie: Se pondrá bien, seguro.

George: La gente muere…

Izzie: Ya sé que mueren, delante de nosotros y a diario, pero confío en que Meredith sobrevivirá. Confío…confío en que…va a vivir.

Este ha sido un mal año y a pesar de que hay muchos indicios que nos dicen lo contrario, va a ponerse bien. Tengo mucha confianza. Estoy segura de que Denny está siempre conmigo y creo que si me como un trozo de mantequilla y no me ven, las calorías no cuentan. Y que los cirujanos que prefieren las grapas a la aguja son unos vagos. Y creo que has cometido un grave error al casarte con Callie. Como soy tu mejor amiga puedo decírtelo sin necesidad de enfadarnos, pero aunque hayas cometido ese error… todo te irá bien. Vamos a sobrevivir, George. Creo que creer que sobreviviremos es lo que nos hará sobrevivir.

Se pondrá bien…

A pesar de que la nube negra está encima, no se va y las fuerzas se acaban, no queda otra que pensar en que todo pasará y que todo volverá a estar bien. No queda otra. Hay que recordarlo constantemente o te lo tienen que recordar…


Denny:¿Qué pasó en el agua?

Meredith: Nadé. Luché.

Denny: No es verdad. No puedes quedarte aquí, Meredith

Meredith: No quiero quedarme!

Denny: Sí, quieres. Es más fácil, pero no puedes porque el padre de George murió, Izzie me perdió a mí y Cristina con nueve años sufrió un accidente de coche con su padre y él se desangró mientras esperaban una ambulancia y Alex…

Meredith: Ya basta!

Denny: Apenas pueden vivir…vas a hundirlos. Ninguno se lo merece. Y lo más importante, presta atención. Es un milagro que Derek exista y que sea como es. ¿Sabes lo difícil qué es que exista alguien como él? Es un optimista, sigue creyendo en el amor y en la magia y en la vida. Te está esperando y si no vuelves con él, dejará de ser quien es.

Meredith: Oh dios!

Si no termino de hundirme, no es por mí. Eso lo aprendí años atrás. No sería justo con los que me rodean. Tienen bastante con sus dramas internos, no me perdonaría hacerles más daño del que ya cargan encima. No podría… Así que me guste o no, tengo que volver a la superficie. Me están esperando.

El pozo vacío de Isabel



You try to fight
You hide the pain
You walk away…


“La tristeza se manifestaba en las noches en vela, la ropa oscura, el deseo de vivir en una cueva de anacoreta y la ausencia de inspiración. Llamaba a las musas en vano. Hasta la musa más zarrapastrosa me había abandonado. Para alguien que vive para escribir y vive de lo que escribe, la sequía interior es aterradora. Un día estaba en Book Pasaje perdiendo el tiempo en sucesivas tazas de té cuando llegó Ann Lamott, una escritora americana muy querida por sus historias llenas de humor, profundidad y fe en lo divino y lo humano. Le conté que estaba bloqueada y me contestó que eso del «bloqueo de escritor» son pamplinas, lo que pasa es que a veces el pozo está vacío y hay que llenarlo.”


Extracto del capitulo El pozo vacío de “La suma de los días” de Isabel Allende


El fantasma de mis maravillosas vacaciones continua penándome. Pensé que él y sus aliados –falta de inspiración y carencia de ánimo- se largarían de una buena vez en cuanto estuviera de vuelta en el mundo real. Sin embargo, no fue así. Me volví una ingrata, no visité a nadie y dejé de lado este lugar. Nada parece lo suficientemente atractivo como para que escriba de ello y tampoco logro terminar aquellos posts que quedaron a mitad de camino. Ni siquiera las “pequeñas” gracias de Dios/Buda/Satán me inspiran. Y en esos momentos de languidez emocional, comencé la lectura de “La suma de los días”. Mientras en mi casa se armaba algo similar a la Tercera Guerra Mundial, yo me intoxicaba de chocolates y de las letras de Isabel Allende en mi habitación, hasta que di con un capitulo que capturó mi total atención: El pozo vacío.

Desgracias para contar hay siempre, pero esa no es la idea ni el punto, sino cómo evitar que esas mismas te bloqueen y te alejen poco a poco de lo que más te gusta. En mi caso y en el de Isabel: escribir. Da pánico ver como el pozo se va vaciando y no tener la voluntad suficiente para que vuelva a su estado natural. Como dije en un post anterior, todo se reduce a ahogarse en tierra firme.

Entonces, ¿Cómo evitas que el pozo siga en sequía? ¿Cómo dejas de ahogarte en tierra firme? ¿Cómo te deshaces del “complejo de Superman” de querer salvar todo y a todos? Para la primera pregunta, no queda otra que empaparse de nuevas experiencias. Los problemas y desgracias seguirán allí, pero si continuo haciendo lo mismo, mi pozo de la inspiración seguirá secándose. Al menos en ese aspecto, no debo preocuparme. Este año se viene repleto de novedades y cambios. Se siente en el aire. Sólo debo esperar un tanto. Para la segunda pregunta, no lo sé, es cuestión de tiempo que salga del estado de catarsis interna. Y para la última pregunta… Complejo. Sé que no puedo salvar lo que no quiere ser salvado, pero no lo puedo evitar. Está en mi naturaleza ir en contra de la corriente.

En fin, de a poco volveré a retomar las riendas de mi cabeza. Leer a Isabel Allende siempre me ayuda. Siento que no soy la única chalada en el mundo. Coincido con ella en que nuestra vida es un chiste, a vista del resto de la gente y en que tenemos una de esas familias dignas de ser protagonistas de una novela. Ella ya lo hizo, yo aún no. Los espíritus siempre siguen a Isabel, pero a mí ya no. Mis abuelos ya no me visitan y mucho menos se pasean por su casa, que ahora parece campo de batalla, pero eso ya es otra historia…