Ðark Lady

Acerca de tødø y nada a la vez

En Wonder Woman confiamos


Desde que vi a Wonder Woman en “Batman v Superman: Dawn of Justice” se encendió en mí la esperanza de que al fin el mundo pueda tener una heroína como corresponde y cuando salió el trailer de su película terminé por convencerme de que al parecer así será. El referente femenino de poder e igualdad que tanto hace falta, porque hay que decirlo: Ni el cine ni la literatura ni la mezcla de ambos han sido capaces de crear un ícono lo suficientemente fuerte como para que vaya cambiando la mentalidad sobre lo que significa ser mujer. 

La figura más potente que ha salido en el último tiempo es Katniss Everdeen de “Los Juegos del Hambre”, pero en ningún caso me parece que sea el mejor ejemplo. A mi juicio, Tris Prior de “Divergente” es un mejor personaje femenino, pero ésta última no generó el mismo impacto a nivel mediático. 

Si bien Katniss es un personaje notable, eso en ningún caso está en discusión, se construye desde el estereotipo masculino. Es la jovencita que tiene que actuar como hombre para sobrevivir, ya que al morir su padre, asume el rol de proveedor y de jefe de familia porque su madre cae en depresión y es incapaz de cuidarlas a ella y a su hermana Prim. No se permite ser sensible ni emocional – salvo con Prim- porque obviamente eso es signo de debilidad. Una vez que está en los juegos se dedica a salvar una y otra vez a Peeta, que viene a ser la damisela en peligro, pero jamás admite que le gusta y de haberlo hecho nos habría ahorrado el predecible triángulo amoroso con el insípido de Gale. 

Con su actitud desafiante se convirtió en el Sinsajo libertador, pero nunca estuvo realmente empoderada de ese rol. Solo era la imagen de la revolución y siempre estuvo más preocupada de Prim y Peeta que de liderar la ofensiva contra el Capitolio. Y como si fuera poco, al final de la saga por matar a Coin la hacen quedar como loca ante todos, se devuelve a su pueblo para vivir tranquila, casarse y formar una familia con Peeta. Era el Sinsajo, la que despertó a las masas, pero no asumió ningún rol relevante en la nueva sociedad que comenzaba a construirse. Una decepción. Sí, todo fue muy traumático y es entendible que no quisiera saber nada más del mundo, pero la Katniss fuerte que se vio en los tres libros fue reducida a su mínima expresión. 

En la otra vereda está Tris Prior, quien debe decidir qué es lo que quiere ser y dónde debe estar en un mundo rígido que divide a las personas en facciones de acuerdo a sus características. Ella parte por dejar su vida en Abnegación e irse a Osadía, a pesar de que eso significaba no ver más a su familia. Al principio nadie da un peso por ella, porque es pequeña, delgada y una “estirada” a fin de cuentas, pero de a poco va demostrando que puede suplir la falta de fuerza física con agilidad, inteligencia y estrategia.

En primera instancia no sabe lo que significa ser divergente, pero cuando va entendiendo cuál es su rol y lo que hay detrás de las facciones se convierte en una líder brillante. En ese proceso, Tris cuenta con Tobias alias “Cuatro”, su compañero de vida y de batallas. Se apoyan, pelean a la par y a pesar de las discusiones y problemas, siempre logran encontrar el equilibrio. Es una de las mejores parejas que existe y también una de las más trágicas. 

Por su divergencia, Tris tiene marcados tres rasgos de personalidad de distintas facciones: valentía, inteligencia y altruismo, pero su carácter es mucho más complejo y es difícil encasillarla así como así. Y es que a lo largo de la saga, aunque sea en un universo distópico, puedes ver a una adolescente creciendo, con todo lo que eso significa. Cambios, inseguridades, pérdidas, nuevas responsabilidades, etcétera. En un par de meses, un día, una semana o en un año pueden pasar tantas cosas que prácticamente es imposible mantenerte siempre igual y por eso, algo que me gusta de Tris es que para sellar etapas suele realizar algún gesto simbólico. Cuando se cambia de facción, pasa de ser Beatrice a Tris y para llevar a su familia cerca, se tatúa tres pájaros en el pecho. Y cuando sus padres mueren y comienza el declive de las facciones, se corta el cabello, porque simplemente ya no era la misma. 

Al final de la saga, Tris ya está tan empoderada que resulta imposible verla con otro final. Sí, no es lo habitual, yo lo leí con dolor de guata por el pobre Tobias, pero era lo que tenía que pasar. Ella muere en la última misión, porque decide tomar el lugar de su estúpido hermano Caleb y porque en el fondo sabe que es la única capaz de llevarla a cabo con éxito. Es como ver a Superman con la lanza de kriptonita en la última pelea con Doomsday... simplemente tenía que hacerlo. El digno sacrificio del que lleva el espíritu de héroe en su interior que es capaz de dejar lo que más quiere por el bien superior y que marca la diferencia entre mortales y superhéroes como dice el compañero Absoluta Basura. 

No tiene el nivel de popularidad de Katniss, pero Tris sin lugar a dudas es la verdadera heroína que todo el mundo debería conocer y también reconocer. Ella es una joven como cualquiera pudo serlo en sus años mozos. Es complicada, emocional, malas pulgas cuando la provocan y un dulce de leche con Tobias, llora a mares cuando corresponde y luego sigue adelante. No es una mujer tratando de comportarse como un macho para ser fuerte o ganarse el respeto de los demás, es ella y punto. Y eso lo recalco porque en la búsqueda de la igualdad de género se nos ha hecho creer que para estar a la altura, tenemos que actuar como un hombre porque los rasgos relacionados a lo femenino son negativos y por sobre todo, demuestran debilidad. 

Y acá volvemos a Wonder Woman, la luz de esperanza para tener un ícono popular pro igualdad de género que el mundo necesita. La Diana Prince que nos presentan en “Batman v Superman” es experta en antigüedades y trabaja en museos de Europa. Yo me enteré de eso por una entrevista y no me sorprende en realidad, ya que en la película queda claro que dinero no le falta y status de VIP tampoco. Si te codeas en eventos sociales con Bruce Wayne y Lex Luthor, claramente es porque tienes cierto grado de poder y reconocimiento. Seamos sinceros, la única forma de entrar a ese tipo de veladas siendo pobre es en calidad de personal de servicio o de periodista como Clark Kent. 

Diana Prince a simple vista se ve como una mujer muy guapa y elegante, tanto así que hasta el señor Wayne se fija en ella. “Chica bonita”, así la define cuando la ve y sí lo es, pero se lleva una gran sorpresa cuando le quita la información que acababa de recopilar en los servidores de Luthor. Una chica bonita, pero muy astuta e inteligente. En el momento en que Bruce enfrenta a Diana por el robo, a ésta no se le mueve ni un pelo de su elegante peinado y de partida le hace notar que su dato sobre la espada ya lo sabía y por ende, no la impresiona. No se queda callada, hace caso omiso al tono mafioso de Wayne y termina el diálogo explicándole como una dama cuáles eran sus intenciones.

Si como Diana el personaje ya demostraba su carácter, como Wonder Woman simplemente arrasó con mis expectativas. No es una nena con un disfraz lindo lanzando un par de patadas y luciendo hermosa todo el rato, para nada. Ella es una guerrera de pies a cabeza que llega a pelear de igual a igual con Superman y Batman y poco le importa que el bicho a vencer sea de Kripton, porque “ella ha matado cosas de otros mundos antes”. Esa batalla final prácticamente es de Wonder Woman y Doomsday, porque a Batman casi no se le ve por no tener poder suficiente y el inestable de Superman que va y viene solo se luce al final. Después de ver eso, yo ya estaba prendiendo mis velitas para que su película en solitario sea tan buena como los pocos minutos que pudimos verla en “Batman v Superman”. 

Que Diana Prince/Wonder Woman se vea imponente, tanto en su versión de civil y como de superheroína, no es casual. Quedé tan impresionada con sus vestidos y el traje de batalla que tenía que saber quién era el diseñador. Y ese es el señor Michael Wilkinson, él creó su nueva apariencia y en sus palabras lo fundamental era que como Diana tenía que transmitir seguridad en sí misma, elegancia y una esencia cosmopolita, porque al final y al cabo ella viaja por distintos países del mundo por su trabajo. Como Wonder Woman en tanto, la idea era convertirla en una guerrera y por eso mismo, le quitaron la tiara -por ser muy de princesa- y lo reemplazaron por esa especie de cintillo o tocado, mientras que para el traje optaron por algo que tuviese una apariencia de armadura antigua griega o romana.

No sé si será la impronta de Zack Snyder o de los que están detrás de la franquicia DC cinematográfica, pero Wonder Woman no es el único personaje femenino con carácter, también está Lois Lane. Mientras el resto pelea, ella es el cerebro detrás de todo, la que va uniendo los cabos para descubrir qué diablos está pasando y quién lo está causando. Si algo bueno han hecho con Lois, es no dejarla como idiota por el hecho de no saber la identidad secreta de Superman. En ningún universo es creíble que te describan como una periodista sagaz si eres incapaz de reconocer a un superhéroe solo porque usa lentes de nerd y camisas horrendas. 

“No soy una dama, soy una periodista”, es una de la frases épicas que se manda Lois con un entrevistado y casi me hace aplaudirla en medio del cine, porque es el claro ejemplo del trato desigual que reciben las mujeres a diario. Ser feminista no significa que nuestro género sea mejor que el masculino, para nada, solo se trata de equilibrar la balanza y que se trate a ambos por igual. Si en vez de Lois hubiese sido Clark, el fulano no habría hecho notar que era un hombre quien lo iba a entrevistar. Son esas distinciones odiosas las que hay que ir eliminando de una vez por todas. 

Cuando Gal Gadot fue presentada como Wonder Woman, lo que más leí fueron críticas por su físico, que no parecía amazona y que estaba demasiado delgada y le faltaban tetas. En resumen, una desilusión por no lucir como la muñeca perfecta de los cómics. No creo haber leído alguna referencia a si tenía o no talento para actuar, porque por lo visto no era importante. Con Ben Affleck como Batman también quedó la escoba, claro que a él sí lo cuestionaron por sus trabajos anteriores, porque aunque tenga dos premios Oscar en su casa, el tipo genera anticuerpos. Si le faltaban músculos, estatura o si no tenía cara de Bruce Wayne a nadie le importó en este caso. 

¿Resultado? Los dos hicieron un trabajo espectacular. Gal Gadot demostró que la estructura física es irrelevante para verse como una poderosa amazona y Ben Affleck para mí revivió del suicidio social que fue su participación en “Jenny from the block” hace años atrás. 

Como dije, ya es tiempo de terminar con las diferencias entre géneros y de asociar todo lo femenino a ser débil. Es el colmo que Jennifer Aniston tenga que escribir un ensayo para que los medios dejen de especular si tendrá hijos o no algún día. No veo a los tabloides hacer el mismo festín con George Clooney que tampoco tiene críos con su esposa. A una mujer es fácil juzgarla por decidir no querer ser madre, pero si un hombre opta por no dejar descendencia no es importante. Según yo, en ninguno de los dos casos debería ser relevante, al fin y al cabo son decisiones personales, pero lamentablemente en esta sociedad no es así. 

Todavía hay que pensar dos veces qué ropa nos vamos a poner al día siguiente, porque si eliges algo muy revelador te van a molestar en la calle. Todavía hay que esforzarse para que te respeten a nivel profesional. Todavía hay que aguantar que llamen maricas a los hombres que lloran. Todavía hay que soportar publicidad sexista de todo tipo. 

Desde lo masivo, personajes como Diana Prince/Wonder Woman son importantes para ir normalizando ciertas conductas. A nadie le tiene que sorprender que una mujer pueda ser linda e inteligente o que trabaje en igualdad de condiciones con sus pares masculinos. Cuando Patty Jenkins, la directora de “Wonder Woman”, dice que Diana no deja de ser poderosa por ser amable y buena persona, da en el punto clave de todo esto: Cada quien tiene derecho a ser lo que desee sin ir en desmedro de sus aptitudes.

Podrá parecer una tontera, pero nadie anda leyendo papers para aplicarlos en la realidad. Como dicen Sharon den Adel y Tarja Turunen, no será lo ideal pero es lo que tenemos ahora y de alguna forma hay que saber construir un mundo mejor. Aunque sea con un personaje sacado de la pantalla grande.

Confiamos en ti Wonder Woman.

The one who came from Saturn



Oh no, not again. Kill me, just kill me please. It's the best thing you can do for a wallflower like me. I can't handle it. Not him, no. I know I'm overreacting, but you don't get it. We speak the same language, if I'm from Jupiter, he's from Saturn. We're from the same neighborhood, so he knows what it feels like to be an alien in the Earth. I was so thrilled when I discovered it. 

Seriously, even with his inner darkness and confusion... he shines. It's not a joke, I really mean it. Watch him smiling and you'll be agree with me. Yeah, he doesn't smile too often, but trust me, you can see the sparkles from stellar dust around him. I'm being such a corny person right now but fuck it, who cares.

Like I said, I was thrilled but at the same time too scared to do something. I mean, I couldn't say a word in front of him, not only because of my ridiculous teenage behavoir, which i'm not even try to excuse, but he's the kind of guy that stares at you and it's impossible to lie or say something too polite. So, let's be honest, everyone knows that I screw it up when I say everything that I have in mind. 

If I couldn't speak, do you really think I had a chance? Of course not. This is probably the first time I'm not comfortable being invisible. I need to read a book called “speaking with humans for dummies” as soon as I can and maybe doing that I will stop hating myself. Jesus Christ! I found the one who came from Saturn and I didn't do anything! I deserve it, Lord, I deserve it. 

The one who came from Saturn, a weirdo just like anyone who doesn't belong to this world but he's not an outcast like the rest of us. Not at all. Everyone loves him because he's so trustworthy, kind and a very good listener. He probably knows more secrets and problems than a priest. I could go on and on foverer with the list of things that makes him different but it's a waste of time. I screw it up once again. I deserve this feeling of nothingness. So, can you kill me now? Please?

El túnel



¿Alguna vez terminará?
No sé cuánto tiempo ha pasado
Pero llevo una eternidad corriendo dentro del túnel
¿Alguna luz al final?
Quizás
Ya no distingo bien en la oscuridad
Pasará
Pasará
Pasará
Todos dicen que pasará
Ya sé que pasará
Solo quiero saber cuándo
¿Dios?
¿Buda?
¿Satán?
¿Acaso estoy pidiendo mucho?
Quizás sí
Quizás no
De vez en cuando aparecen espejos al costado del camino
Los evito
Siempre les tuve terror
De noche no distingues a la sombra que aparece reflejada en ellos
Se supone que eres tú o algo parecido
Y para qué mirarlos
Ni siquiera con la luz del día sabría decir quién está allí
Porque la persona que entró al túnel
No es
Ni será
La misma que saldrá
Si es que algún día sale de ahí

Jaded



- Hey! J-j-jaded 
- Miss Jaded al habla 
- ¿En qué estás? 
- Rascándome igual que perro con pulgas 
- Iuug! ¿Y eso? 
- Me volvieron las alergias nerviosas 
- Oh no 
- Oh sí. Del horror. Era tan feliz porque habían disminuido en un 3500% por no comer carne, pero me olvidé de mi estúpido sistema nervioso que canaliza como alergias el estrés/depresión/ansiedad/desequilibrios-varios 
- Pinta mandalas, quizás te sirva para relajarte. Todas las weonas locas que conozco pintan mandalas 
- Y por lo visto solo falto yo. Lamento decepcionarte, pero pinto como el orto. Me estresa, siempre cagaba mis lindos dibujos al pintarlos 
- Otra cosa entonces, no sé, tejer 
- ¿Acaso tengo 70 años? 
- Pero algo para distraerte weona pesada 
- Pero no con manualidades. Me quedan feas porque me aburren. Me dedico a esas mierdas y terminaré peor 
- Sigue con tus alergias entonces, no te quejes 
- No me quejo, solo lo comentaba
- Mmm 
- No será ni la primera ni la última vez que pierda un par de capas de piel 
- Sí, lo que digas... ¿Es por el bosque? 
- Sí, ni puta idea de dónde está y me presionan de todos lados. Como si no supiera que estoy en cualquier lado menos en el que “supuestamente” me corresponde 
- Pobre nena. La eterna desgracia de la reina del hielo 
- Claro, los malos también sufrimos 
- You're thinking so complicated... Ese es el problema. Steven lo sabe 
- Puede ser, no sé. La mentira más recurrente que digo últimamente es “sí, si lo voy a pensar”
- Y no lo haces 
- No. Quiero que me dejen tranquila. La gente no entiende a los espíritus roedores como uno 
- Niña, si vinieras con manual de instrucciones, de seguro sería más grande que la biblia. Imposible seguirte 
- Bueno, no sé. Soy un animal presa. No me pueden obligar a salir de mi refugio si no me siento segura 
- ¿Y si te dan una zanahoria para que salgas? 
- Ja ja. Con galletas quizás lo pensaría 
- No, pero en serio. Algún día tienes que dejar de esconderte 
- No quiero 
- Entonces vas a quedar sin piel 
- No sería la primera vez 
- ¿Por qué siempre tienes que ser tan extremista? 
- Porque me perdí las clases sobre cómo tomar decisiones sin dejar la cagada 
- Buen punto ¿Y entonces? 
- No sé, entre más expectativas me echan encima de los hombros, es peor. Hay seres sobrevalorados y yo 
- No entiendo cómo cresta te puede molestar que confíen en ti weona. Ojalá alguien diera un peso por mí. Snif! 
- Déjate. No sé, no me gusta 
- Igual es raro que el roedor no quiera salir de la madriguera para ir al bosque 
- ¿Y si sale, no sé, un águila o un tigre? Los roedores viejos ya no corren tan rápido 
- ¿Un tigre? Es un bosque, no la selva africana 
- Como sea, con mi suerte puede aparecer hasta Tutankamón en el camino 
- Qué mina más desesperante 
- Es parte de mi encanto ¿ya? 
- Como sea, entiendo el punto, pero tienes que dejar tu escondite 
- Me niego, me gusta ser invisible 
- Alguien que tiene un abrigo rosado barbie no es invisible precisamente 
- Nada que ver, eso es ser hueca no más 
- Sí, claro. Tienes que hacerle caso a Kim Tan 
- ¿The Heirs? Yo no soy heredera de nada, ahí te perdiste 
- Si sé que somos pobres, pero lo cito por eso que habla al final 
- Ay no sé, me cargó ese drama de mierda. Lo vi solo por el mijito rico de Lee Min Ho, nada más 
- “El que quiere llevar la corona, debe soportar su peso”. Una wea así 
- ¿Ya? 
- Tarde o temprano vas a tener que dejar de hacerle el quite a todo 
- Aaaagg! ¿Por qué? 
- Porque sí y punto 
- Van a tener que poner una galleta Toddy gigante al final del camino entonces 
- Si es necesario... 
- Maldición. Te odio a ti y a todo el mundo 
- I love you too, dear Jaded 
- Whatever

Rodentia / Lagomorpha




En las preguntas fundamentales que te pueden hacer en la vida está una que me parece muy relevante y es la siguiente: ¿Cuál sería la figura de tu Patronus? Una vez me lo consultaron muy seriamente, pero me hice un nudo porque me acordé de todo el reino animal (menos de las palomas) tratando de elegir al que se viera más bonito de color plateado. Muy profunda mi reflexión, como siempre. La cuestión es que ahora sí sé cuál sería mi Patronus y estoy segura de que es una cobaya haciendo popcorning de aquí al infinito.

Dicha sea la verdad es que amo a todas las especies de roedores y conejos del mundo. Como me enseñó María Alejandra hace siglos atrás, hay que hacer la distinción, no son lo mismo. Rodentia y lagomorpha, mis almas gemelas en versión orejudas, dientonas y asustadizas. Por mí yo tendría una casa llena de cobayos, conejos, chinchillas y hasta un capibara de tanto que me gustan. Como la vieja solterona de los gatos, pero en versión exótica.

En mi casa siempre hubo perros, los adoraba y me encantaba jugar con ellos desde pequeña aunque quedara llena de pelos y langüeteada entera, pero solo cuando adopté una coneja supe lo que era tener una mascota con tu mismo carácter. Los perros te miran con cara de amor eterno cuando saben que eres su dueño y no toma mucho tiempo que se acostumbren a ti, por lo que me llevé una gran sorpresa cuando la pequeña Clío María, de orejas grandes y suave pelaje gris, en vez de observarme con cara de “uyyy qué linda es mi nueva dueña” lo hacía con cara “ayyy dioh mío sácame de aquí”.

Por más que le hacía cariño no había forma de calmar sus nervios ni quitarle la mirada de espanto. Tomó varios días lograr que dejara de esconderse debajo de la cama y que se animara a caminar por la casa. De a poco y gracias a la ayuda de la comida, se fue ganando mi confianza hasta que finalmente decidió acostarse a mis pies y cuando ya se sintió a sus anchas, se apoderó de todas las habitaciones. Dormía donde quería y te empujaba con la cabeza si no deseaba compartir contigo la cama o el sillón. Si hablábamos mucho y ella estaba descansando, soltaba un bufido y se retiraba indignada a otro lugar más pacífico.

Eso sí, podía estar en el quinto sueño pero si sentía el olor de las frutas que más le gustaban, despertaba de un golpe y literalmente arrasaba con todo para llegar a tu lado y quitarte lo que fuera que estuvieras comiendo. Si tenía que quitártelo de la boca, lo hacía. Teléfonos y controles remotos cayeron una y otra vez por culpa de ello. Y si por esas cosas de la vida se me ocurría dejar cachureos encima de mi cama, Clío se encargaba de sacarlas del camino empujándolas con un ímpetu que no dejaba de sorprenderme. Al final terminaban en el suelo porque no paraba hasta que conseguía tirar todo lo que le molestara.

A esas alturas, quedaba claro que de animalito tierno y sumiso poco tenía. Era la diva Clío. Y de eso me culparon a mí. “Es que se parece a ti, qué más quieres”, me dijeron. No encontré argumentos para rebatir esa acusación. En esos años de universidad, tenía que ir y venir constantemente, lo que no era de su agrado. Apenas veía bolsos armados, gruñía y no había forma de que pudiera despedirme. O no se dejaba tomar o se escondía debajo de la cama. “¡Clío, despídete!”, así tenían que decirle en tono fuerte para que dejara de escaparse y poder darle un beso. Siempre hizo lo mismo, excepto una vez. Ya me estaba por ir cuando salió de la pieza y se quedó viéndome desde el pasillo sin hacer nada. Le tiré un par de besos y me fui. Ella murió a los pocos días y terminó de poner la guinda de la torta a un año de mierda.

Después de eso, quedé hecha polvo y en mi casa no querían otra mascota. Aunque era una pequeña tirana, mordía los cables y prácticamente había que hacer guardia frente al árbol de Navidad cada año para que no se lo comiera, era la regalona de la familia. El camello del pesebre quedó sin oreja por su culpa, pero aún así se extrañaba muchísimo su presencia. Por ese motivo, recibí instrucciones precisas de no llevar ningún animal más o me iba a ir cascando junto a él. Obedecí un par de años, hasta que no aguanté más. Necesitaba tener un roedor y los cobayos siempre me hicieron gracia de tan monos que se veían. De a poco dejé entrever mis intenciones, pero la respuesta seguía siendo la misma: “Te vas tú y el ratón”. Para mí fortuna, ahí apareció Paola alegando que no sabía qué diablos regalarme y algo recordaba de mi obsesión por los cuyos. Era perfecto, ir a Antofagasta a celebrar, volver con mascota y evitar el desalojo aludiendo a que los regalos no se pueden rechazar.

Tras días de inestabilidad climática por las lluvias estivales del desierto que casi arruinan el carrete del año, emprendí rumbo a Antofagasta para conocer a una cobaya diminuta de pelo liso tricolor que se dio unas tres mil vueltas en la caja antes de que pudiera tomarla y observarla con detalle. Yo estaba que moría de ternura y ella me miraba con los ojos como platos a punto de sufrir un ataque cardíaco. Mientras trataba de calmarla, Paola preguntó qué nombre le iba a poner. La miré una y otra vez, tiramos un par de nombres y entre joda y joda mi amiga sugirió “Gotita”, básicamente porque durante esos días había quedado la escoba por el agua que había caído en el pueblo y sus alrededores. A mí me brillaron los ojos, puse a la pobre cobaya en dos patas y parecía una gota debido a su incipiente pancita obesa. Era el nombre ideal y como la ridiculez es lo nuestro, le pusimos apellido: Gotita de lluvia altiplánica.

Como eran años de juventud, nos tomamos hasta las molestias y al otro día con suerte nos levantamos. Viajé de vuelta a Calama en un estado deplorable, tenía tanto sueño que a ratos me quedaba raja durmiendo. Aún me pregunto como es que no se me cayó la caja de zapatos en donde iba el cuy a lo polizonte, porque despertaba a saltos justo para evitar que la pobre criatura rodara por el suelo. Y después pregunto por qué me trata como si fuese su esclava, es su venganza, lo sé. En fin, llegamos a salvo y “qué traes ahí” fue lo primero que escuché cuando llegué a casa, para luego pasar a un “aaayyy! es un ratón / qué es un cobayo / ah, es un cuy / dónde lo vas a dejar / yo no lo voy a cuidar” y finalizar en un “esa carita... parece que todavía estás curada”.

En vista de que no nos echaron de la casa, le hice un hogar temporal a la espera de armar la casa que había visto en internet. Y como yo soy inútil de esencia, no tenía idea de cómo hacerla, así que abusé de la buena voluntad de mis compañeros de trabajo y en una tarde armaron una casa de tres niveles. Como Gotita era pequeña en ese entonces, la jaula parecía mansión. El problema es que intentar sacarla de allí era prácticamente misión imposible, porque se asustaba y corría disparada del tercer piso a esconderse en la esquina más lejana que pudiera encontrar. Yo tenía que sentarme frente a la jaula poco menos que a rogarle que se acercara y así lograr hacerle cariño a través de la reja. Una vez más estaba en misión “por favor quiéreme”, así que la sobornaba con comida para poder tomarla en brazos.

La cobaya asustadiza de a poco entró en confianza y fue mostrando la faceta que mejor se les da a estas criaturas: manipulación nivel experto. Pueden ser pequeños, rechonchos y pacíficos, pero escuchan algún ruido que asocien a comida y chillan como si los estuvieran matando. Antes de ir a trabajar, le dejaba su ración de verduras y en teoría debía bastarle para el día, porque también tenía pellet y pasto, pero cuando llegaba de vuelta encontraba que algún integrante de mi familia le había dejado algo en el plato. “Oye tu mono estaba llorando, así que le di manzana/lechuga/zanahoria/un-largo-etcétera y se quedó tranquila”, me decían y yo con cara de espanto. Al final estaba comiendo como 5 veces al día, porque todos creían que moría de inanición. Costó un mundo que entendieran que no era así y que solo lloraba por joder y que no había que hacerle caso. Igual siguieron dándole comida, pero para ese entonces me vine a Santiago así que no alcanzó a convertirse en una pelota.

Nuevamente viajó como polizonte y como acá no tenía a nadie más que a mí para manipular, refinó sus técnicas persuasivas. Yo las resumo así: Ante el ruido de bolsas o refrigerador, morder la jaula muy fuerte para que la humana se apure y crea que se me caerán los dientes. Gritar cuiiiiiii cuiiiiiiii cuiiiiiiiiiiiiiiii tan fuerte como se pueda para que sea más eficiente. Dejar en el medio de la jaula la casa o el saco para dormir si no es el que quiero y mirar feo si no lo cambia. Volver a dejarlo al medio si insiste en que duerma en algo que no me agrada. Morder y retorcerme como basilisco cuando toque corte de uñas. Cagar y mear en los lugares que la humana acaba de limpiar. Quedarme al lado del refrigerador cuando me saca a pasear para que note que tengo hambre y que sé muy bien de donde sale la comida.

En inglés les llaman guinea pigs y en las páginas gringas dicen que uno se convierte en un “piggy slave” porque son tan caprichosos y manipuladores que al final uno termina haciendo lo que quieren. Las últimas semanas solo he podido dormir hasta tarde los días domingo, pero me tengo que levantar como zombie a rellenar la henera ante el escándalo que hacen a las 8 de la mañana o antes. Y hablo en plural porque ahora son dos. Estrella de Mar es la nueva integrante de la familia y llegó en febrero para mi cumpleaños. Me odia con todo su ser, pero se lleva muy bien con Gotita que es lo importante.

Estrella es chascona como ella sola, de color negro con algunas motas de color blanco y castaño y reitero, muy chascona. Es la criatura más asustadiza que ha pasado por mis manos, le gana con creces a Gotita y Clío. Siente que se mueve una hoja y corre hasta su guarida o hacia la misma Gotita para esconderse detrás de ella. A mí me ve como un ogro horrendo que en cualquier momento la va a cazar cuando me acerco y corre por toda la jaula evitándome, lo que no me hace sentir muy bien que digamos, pero la entiendo. A sus ojos debo verme como la tremenda wna. Y como necesariamente debo agacharme para que no le dé un paro cardíaco mientras arreglo su jaula, tengo que andar a gatas y mis pobres rodillas ya están peladas y secas. Todo con el fin de que no me vea como un oso sino que solo como un capibara caminando en cuatro patas por el departamento.

En el único momento que me da tregua es para darle comida, porque ahí se olvida de todo y tiene hasta el descaro de llorar fuerte para que me apure. Puedo ser un ogro, pero un ogro que da comida y eso no es tan malo. Y claro, también para usarme como guatero industrial porque para quedarse dormida encima mío tampoco tiene problemas. Supongo que me tomara un poco más de tiempo lograr que se acostumbre a mí, pero mientras se entienda con su par cobaya, me quedo tranquila.

El otro día pasé a la tienda de exóticos a comprar chiches para las monas y habían hurones y chinchillas. Me dieron un hurón para que lo tomara, estuve con él unos 5 minutos y me agotó. Hermoso, pero era tan entusiasta y juguetón que no podía seguirle el ritmo. El crío tenía más energía de la que yo he tenido en toda mi vida. Al lado había una chinchilla que ni siquiera había notado, porque estaba muy escondida. Era muy linda, de ojos negros, orejitas muy redondas y un pelaje gris precioso que me hizo recordar el descriterio que significa cazarlas para hacer un abrigo. Me vio y se acercó muy tímida, me olfateó, dejó que la saludara y volvió a su guarida. Fueron un par de segundos, pero con eso me bastó para enamorarme de ella.

Cuando digo que estas criaturas son como almas gemelas para mí lo digo en serio. Roedores y conejos al ser animales presa no tienen muchas armas para defenderse, por lo que ante el peligro lo único que pueden hacer es huir y esconderse. Por eso mismo, son desconfiados y se mantienen en alerta constante. Como ya lo expuse anteriormente, se requiere de un tiempo antes de que puedan sentirse cómodos y mostrar su verdadera naturaleza. Son tranquilos, viven para comer, dormir, volver a comer y dormir otra vez. Yo hago todo lo que he nombrado, por lo que puedo decir que soy un rodentia/lagomorpha del alma.

Pd: La canción no tiene nada que ver con cobayas y conejos, sino que con una zorra de nueve colas, pero no viene al caso comentarlo. La elegí por el sonido mágico que tiene y la sensación de fragilidad que transmite. Y sabrá Dios/Buda/Satán que uno como rodentia/lagomorpha es más delicado de lo normal.

Paper girl

Ella dijo: No soporto este lugar, lo dejaré atrás 
Ella dijo: No soporto esta ciudad, te dejo esta noche 

En mis lecturas de verano, decidí darle una nueva oportunidad a John Green. Y eso es porque debo ser parte del 0,001% que leyó “Bajo la misma estrella” sin llorar ni moquear aunque sea un poquito. Nada de nada. No se me movió ni un pelo con la historia de Hazel y su novio (que ya ni recuerdo como se llama) y eso que yo lloro con todo. Me llamó más la atención la forma en que abordaba el tema del cáncer que el romance en sí. Bueno, quizás no me causó ninguna reacción porque para mi desgracia no tengo 15 años. La cuestión es que después de leer ese libro, mandé a Green a la porra por fome, pero ahora decidí darle una segunda oportunidad. En estos momentos estoy con “El teorema Katherine” y Colin se me hace insufrible, es lo único que puedo decir. Anteriormente leí “Ciudades de Papel” y ahí sí que me llevé una muy grata sorpresa. Lo amé de principio a fin. Aquí van mis spoilers.

La historia podría resumirse de la siguiente forma: Un ñoño corriendo detrás de un imposible. Quentin es el típico nerd enamorado desde siempre de su linda y popular vecina Margo que solo le dio bola cuando eran peques... hasta que un día de la nada se le aparece en frente para que la acompañe a hacer un montón de trastadas a sus ex amigos. Y luego de eso, simplemente desaparece. Ahí empieza la búsqueda de Quentin, quien se ve obligado a salir de su zona de confort para ir tras la pista de Margo y sumergirse en el siempre entretenido juego de expectativas versus realidad. El tema de la idealización del otro es súper potente en este libro y uno puede decir que es lógico tratándose de adolescentes, pero la verdad es que es algo que sigue presente con el correr de los años. Siempre esperas algo más o que cambie tal cosa de aquí y por allá para tratar de amoldar al otro sujeto de acuerdo a tus expectativas. Y viceversa.

Y mientras Quentin descubría a la verdadera Margo, se dio cuenta de que no era tan genial ni soñada sino que solo una chica. Una chica bastante confundida que no aguantó más y se largó lejos de todo, pero aún así era difícil precisar a quién iba a encontrar al final del camino. Lo genial es que intentando comprender a Margo, el nerd también logra conocerse un poco más.

Y por paralizantes y tristes que fueran todos aquellos «nunca más», me pareció perfecto marcharme así por última vez. Una marcha pura. La forma más depurada posible de liberación. Todo lo importante, menos una foto malísima, estaba en la basura, pero me sentía genial. Empecé a correr, porque quería poner todavía más distancia entre el instituto y yo. Marcharse es muy duro… hasta que te marchas. Entonces es lo más sencillo del mundo. 

Mientras corría, sentí que por primera vez me convertía en Margo. Lo sabía: «No está en Orlando. No está en Florida». Marcharse es fantástico en cuanto te has marchado. Si hubiera ido en coche, no a pie, seguramente también habría seguido adelante. Margo se había marchado y no iba a volver ni para la graduación ni para ninguna otra cosa. Estaba seguro. Me marcho, y marcharme es tan estimulante que sé que no puedo volver atrás. ¿Y entonces? ¿Me dedico a marcharme de sitios una y otra vez? ¿Emprendo un viaje eterno? 


Esa parte es notable, porque lo entiendo al 1000 %. Una vez que te vas, te vas para siempre. No me imagino volviendo a vivir en Antofagasta o Calama y el día que me aburra de Santiago, dudo que vuelva. A decir verdad, coincido bastante con Margo en su forma de ver la vida. Sí, es bastante bruta su forma de desaparecer, pero ¿realmente existe una manera de largarte sin que queden temas pendientes o que todos queden contentos? Yo creo que no. O lo haces de una o no te atreves nunca.

Yo siempre digo que no voy a Calama porque no tengo niñera para mi cobaya, pero la verdad es que no siento ganas de volver. Igual como le pasa a Margo. Es como si supieras que al volver te quedarás de nuevo estancada con la misma gente, las mismas situaciones, lo mismo de siempre, porque nada parece cambiar por mucho que pasen los años. Una vez que cortas los hilos ya no los puedes volver a juntar ¿o no? Tal vez soy muy extremista.

—¿Y por qué precisamente aquí? 
—Una ciudad de papel para una chica de papel —me contesta—. Leí lo de Agloe en un libro de «cosas sorprendentes» cuando tenía diez u once años. Y nunca me lo quité de la cabeza. La verdad es que cada vez que subía al SunTrust Building (incluida la última vez que fui contigo), lo que pensaba al mirar hacia abajo no era que todo era de papel. Miraba hacia abajo y pensaba que yo era de papel. Yo era la persona débil y plegable, no los demás. Y esa es la cuestión. A la gente le encanta la idea de una chica de papel. Siempre le ha encantado. Y lo peor es que a mí me encantaba también. Lo cultivaba, ¿sabes? »Porque es genial ser una idea que a todo el mundo le gusta. Pero no podía ser la idea de mí misma, no del todo. Y Agloe es un lugar en el que una creación de papel se convierte en real. Un punto en el mapa se convirtió en un lugar real, más real de lo que las personas que crearon ese punto habrían imaginado. Pensé que quizá aquí la silueta de papel de una chica podría empezar a convertirse en real. Y me parecía una manera de decirle a esa chica a la que le preocupaba la popularidad, la ropa y todo lo demás: “Irás a las ciudades de papel. Y nunca volverás”.

En esa parte morí y le mandé un poco de mi alma a John Green a lo lejos, porque creo que a eso me he dedicado en este tiempo, a ser más real, aunque nadie entienda qué diablos estoy haciendo con mi vida. Si siempre me han tratado como juguete de colección, admirable, intocable y genial es porque yo lo he permitido. No tengo derecho a reclamo si he cultivado esa pose de inalcanzable ¿cierto? Llevo media vida desperdiciada y recién me vengo a enterar. Con razón los ñoños que siempre me gustaron nunca me pescaron. Qué tragedia más grande por Dios/Buda/Satán. En fin, solo puedo decir que la historia es genial y el final puede que no sea ideal, pero es mucho mejor: es real.

Popurrí de lagartija estelar



El verano al fin llegó y yo soy el ser más feliz de la vida al tener un sol radiante todos los días. Odio el invierno y este año lo detesté aún más, porque se hizo eterno. Eso es tema de discusión con algunos amigos que no entienden cómo mierda puedo preferir estar bajo unos achicharrantes 34 grados de calor a simplemente aguantar el frío abrigada como oso polar. La verdad es que no tengo tolerancia con las bajas temperaturas, porque soy una lagartija del desierto con sangre fría que necesita del sol para sobrevivir. Pasar meses con las manos heladas todo el día y una nariz congelada para mí es horrible, por eso soy tan feliz con la llegada de un sol tan brillante.

Y para que mi pony sea aún más feliz, se suma el hecho de que con los cielos despejados se pueden ver un par de estrellas en la noche. Casi me dio un mini infarto cuando vi más de tres puntos brillantes en el cielo y en estas últimas noches, por poco y lloro de la emoción al ver desde mi balcón una luna tan hermosa y más estrellas de lo normal. Lo mejor de todo es que las reconozco, son las mismas de siempre. No se han ido, siguen allí.

Eso me hace recordar que debo terminar el diseño de mi futuro tatuaje que sigue en espera. La inspiración divina por el momento solo me ha servido para definir formas, pero no para los colores ni detalles específicos. Y sabrá Dios/Buda/Satán que no puedo dejar nada al azar considerando mis caprichosos cambios de gustos. Ahora tengo todo el tiempo del mundo, así que no tengo excusas para no avanzar en él.

Eso me lleva al hecho de que no sé qué haré el próximo año, si no uso las neuronas se me van a oxidar. Quizás podría tomar algún curso para perfeccionar el inglés porque mi pronunciación es asquerosa por falta de práctica, aunque para ser honesta no hay idioma que quede bonito con mi voz. Eso me lo han dejado más que claro en estos últimos meses. Se me ocurrió buscar algo relacionado con teoría feminista, en vista de que di botes con ese tema en mi tesina, pero lo descarté de inmediato considerando que si llego a una clase con una Cosmopolitan en la cartera, lo más seguro es que me saquen a patadas de allí.

Bueno, creo que lo mejor será apuntar a los idiomas, porque tengo que asumir que las traducciones del coreano y japonés están correctas y no tengo ni puta idea de si realmente es así. Como con esta canción que es hermosa, no solo porque está en la voz de Jung Yong Hwa (a quien adoro, obvio) sino porque es linda desde el título hasta como suena. El vídeo, el vocalista y sus luces me dejaron babeando. Leí la traducción y terminé de morir con esta frase: Hasta que el resplandor borre la soledad. Eso lo dice todo. Añadida de inmediato a la lista de canciones de la banda sonora de mi vida.

It's all gone


Me siento mucho mejor ahora que te has ido para siempre
Me digo a mí mismo que no te extraño para nada
No estoy mintiendo, negando que me siento mucho mejor
Ahora que te has ido para siempre


Eso de generar lazos afectivos con las cosas materiales, nunca ha sido lo mío. Como soy descuidada y caprichosa, no consigo encariñarme demasiado ni con los regalos que me hacen ni con las cosas que yo misma compro. Si se rompe, se bota. Si se pierde, se pierde no más. Ni siquiera hago un esfuerzo en repararlo o en intentar encontrarlo, solo me limito a quejarme un rato y al otro día ya se me olvida. Y no es que no aprecie a la persona que me lo dio o la inversión que haya hecho, pero prefiero no calentarme la cabeza. Es tan extremo ese asunto que incluso se me puede echar a perder el pc (ya me ha pasado)/pendrive/disco duro y perder todo lo que tenga y yo ni me inmuto. Ese es mi nivel de desprendimiento, por llamarlo de alguna manera.

Sin embargo, algo extraño me pasó el otro día. Así de la nada, se desarmó un collar que me regalaron hace un tiempo atrás. La cadena se cortó y la parte que la unía al colgante también se rompió. Mis manos de hacha no tuvieron nada que ver en eso, lo juro, simplemente se deshizo y no estaba preparada psicológicamente para aquello. Sobrevivió a mis cambios de gustos a lo largo del período que lo tuve y sin quererlo adquirió un significado emocional tan importante que ya casi lo veía como una especie de talismán protector, porque era lo único que me quedaba de la persona que me lo dio.

Y como yo razono de manera complicada, veo muchos doramas y soy discípula de Coelho, me asusté y pensé que quizás sería una señal divina de que algo andaba mal con ese ser humano, porque era muy raro que se desarmara así de la nada el maldito collar. Mi cabeza ilógica era incapaz de admitir que solo cedió ante el tiempo y el uso diario. No, tenía que buscarle la novena pata al gato y desplegar mis contactos para saber si el susodicho en cuestión estaba bien, porque yo no puedo preguntarle de manera directa y mucho menos romper el hielo por una imbecilidad como esta. No sé si por orgullo o por qué realmente no sabría cómo hacerlo. En fin, hechas las averiguaciones respectivas, nada malo pasaba y quedó en evidencia -una vez más- que debo abandonar esa mala costumbre de buscar siempre la respuesta más improbable de todas.

Lo que seguía era lo obvio, tirar el collar a la basura como siempre lo hago, pero estaba tan desconcertada por su “muerte súbita” que no pude hacerlo de inmediato. Pensé que quizás podría guardarlo, pero lo descarté. “No lo necesito. Lo terminaré olvidando de todos modos”, fue mi respuesta interna. Aun así, no tenía corazón para botarlo en un tacho de basura roñoso. Mi lado Coelho habló y dijo que debía hacer algo un poco más simbólico con un dejo de toque terapéutico. Lo mejor que se me ocurrió fue ir al parque, llevarlo en mi mano y soltarlo cuando fuera capaz de hacerlo. No quería escucharlo caer, por lo que elegí caminar por el lado que tenía más pasto. Uno, dos, tres. Respira. Uno, dos, tres. Respira. Uno, dos, tres. Respira. Uno, dos... lo solté. Se fue. En mi pequeña mano sentía el vacío. Desapareció. Ahora sí que ya no me queda nada. Seguí adelante y apuré mis pasos sin volver la vista atrás. Ya no está.


Las baladas de Juana al son coreano


Será culpa de que me llega poco oxígeno al cerebro o por la fiebre que me tiene con los cachetes como Heidi, pero ando haciendo mezclas no convencionales. Como leer a la siempre intensa Juana de Ibarbourou mientras escucho canciones de doramas. Este tema de Master's Sun lo encuentro tan hermoso, que aunque hablara de calcetines y paraguas igual lo sentiría especial. Por fortuna, la letra no habla sobre incoherencias sino de cosas que se me hacen -para mí desgracia- algo conocidas. 

En mi estado febril, la escuché leyendo la “Balada del amor ignorado” y casi morí, porque a fin de cuentas, todo se reduce a guardar distancia como método de control de daños. Eso suena horrible, pero como dice el tema “está bien, incluso si...”. Resignación me da palmaditas en la espalda.

Paso al siguiente poema: “Balada del amor triste”, con ese nombre no debería ni leerlo, pero lo hago. Total, un poco de masoquismo no le hace mal a nadie. Y sí, Juana de Ibarbourou acertó con el título, es triste. Resignación me hace cariño en la cabeza como si fuera un cachorro desamparado. Cero respeto. Creo que es mejor ir a dormir de una buena vez, Resignación no es una buena compañía. 

Balada del amor ignorado

Aquel que esperaba
sin saber su cara, 
pasó hoy a mi lado 
y llevóse mi alma. 

La trova que en ese 
momento cantaba, 
se quebró en mis labios 
y tornéme pálida. 

Alguien me lo dijo 
sin voz ni palabra: 
—¡Levanta los ojos, 
que pasa el que aguardas! 

 Me puse a seguirlo 
como una sonámbula, 
con las manos trémulas 
y la cara pálida. 

Mas él, sin mirarme, 
se adentró a su casa, 
sin saber que a rastras 
se llevaba un alma.  

Me volví tan triste 
que lloré hasta el alba, 
¡le daría la vida 
y él no sabe nada! 

Balada del amor triste

Viento que te vas 
a donde no puedo 
yo ir, 
¿no me llevarás? 

Si tuviera alas, 
alas como tú, 
¡ay, contigo iría 
por el cielo azul! 

Porque estoy tan triste 
que deseara huir. 
Llévame, ¡oh pampero 
muy lejos de aquí! 

Haréme liviana, 
más de lo que soy, 
para pesar menos 
he llorado hoy. 

Para pesar menos, 
si preciso es, 
mi trenza sombría, 
¡ay!, me cortaré. 

Para pesar menos
ni he de sonreír 
cuando al fin me lleves 
muy lejos de aquí. 

Lo único, viento, 
que no puede ser, 
es que yo a aquel hombre 
deje de querer. 

Aunque pese mucho 
ese amor irá 
a donde yo vaya. 
¿Me podrás llevar?

You'll see us someday



-¿En qué estás? 
-En nada especial 
-¿Y eso qué es? 
-Un intento de diseño 
-¿Ya? 
-Nah, estoy probando imágenes y colores para ver lo que podría ser un tatuaje 
-¿Eso va en serio? 
-Supongo que sí 
-Pensé que era un capricho del momento no más 
-Yo también, pero creo que es una forma simbólica de hacerme cargo de... no sé, todo 
-¿Cómo así? 
-El colapso interno empezó cuando me di cuenta que extrañaba personas, conversaciones, lugares... e inevitablemente me pregunté si en verdad todo esto valía la pena. Y ahí me fui a la cresta
-¿Y vale la pena? 
-Supongo que sí 
-¿Supones? 
-Sí, si al final estando acá o allá o en la China, las cosas iban a cambiar igual. Siempre es así, la vida es así 
-Pero creíste que sería distinto 
-Absolutamente 
-¿Y elegiste estrellas? 
-Mis estrellas favoritas, obvio 
-Tanto que webeas con las famosas estrellas 
-Lo sé, pero tengo que verlas en algún lugar 
-Me cuesta entender por qué te importan tanto 
-Si sé, pero es que representan muchas cosas... Las asocio al lugar en el que crecí, a la tranquilidad de la noche y al hecho de saber que no importa lo que pase aquí, si lo comparo con el Universo, todo se vuelve pequeño e insignificante 
-Mmm... 
-Además, de que siempre estuvieron tan cerca que nunca pensé que algún día no iban a estar allí 
-¿Hablas de las estrellas o de personas? 
-Ambas 
-Me perdí 
-Todos nosotros somos las estrellas, nos estamos desvaneciendo. Intenta no preocuparte, nos verás algún día. Solo toma lo que necesites y sigue tu camino y deja de llorar tanto... 
-¿Oasis? 
-Ajá 
-Entiendo... 
-¿Viste que no siempre soy tan hueca? 
-Si sé, ya no te voy a webear más... ¿Qué harás ahora? 
-Terminar de leer Altazor 
-Otra razón más para dejar de decirte hueca 
-Vicente Huidobro es mi terapeuta en estos momentos ¿ok? 
-Si tú lo dices, habrá que creerte... 
-Obvio 
-Y trata de hacerle caso a Liam y Noel ¿vale? 
-Lo intentaré 
-Me parece

Pasando las noches con Teillier, Huidobro, Neruda y Laswell


 
En mi proceso de evasión de realidad, me he pasado las últimas noches leyendo poesía. Eso suena tan dije y glamoroso, pero en realidad no lo es. Solo soy yo en pijama, chascona, con el maquillaje corrido, una taza de café y el computador, porque me dio una paja enorme ir a la biblioteca a sacar los libros como la gente decente. Y ando en estas porque mientras miraba las telarañas del techo tratando de alcanzar la iluminación divina para decidir qué cresta hacer por la vida, me aburrí y quise borrarme un rato. Como no le hago a las drogas, no soy tan ebria como para alcoholizarme sola y si fumo se me baja la presión cuático (eso es de muy vieja de mierda, I know), pues no tenía muchas opciones que digamos. Y me acordé de Jorge Teillier, porque alguien andaba con un libro de él hace un par de días y quedé en que tenía que volver a leerlo, pero a lo Dory, olvidé ese compromiso a los tres segundos de haberlo adquirido en mi fuero interno.

Así que ahí empecé mi búsqueda y a leer, pero no podía hacerlo escuchando cualquier cosa, así que puse a mi adorado Greg Laswell y empecé a borrarme. Y cuando leí todo lo que pillé en internet, seguí con Vicente Huidobro que me dejó en las nubes. El siguiente nombre en la lista era casi obvio, pero tenía mis reparos porque cuando era chica su voz pajera me traumó y nunca me gustó realmente. Sin embargo, decidí darle una oportunidad a Pablo Neruda y me sorprendió la belleza de varios versos ultra conocidos que de tan manoseados e impuestos a la fuerza, pierden un poco de brillo.

Y es que dicha sea la verdad, a ninguno de los tres los he pescado demasiado en mi vida, solo lo justo y necesario. Si lo pienso detenidamente, creo que parte de ese desinterés es porque -ya sea en cursos de básica o media- no hubo ningún profesor capaz de hacer de la poesía algo interesante. Clases soporíferas y libros del Ministerio de Educación con poemas mal escogidos, una combinación no muy buena. De hecho, yo nunca quise leer nada de poesía porque me encontraba demasiado aweonada como para entenderla, que el estilo, las rimas, la técnica y toda esa mierda que a nadie le importa me confundía. Nunca nadie me dijo que solo debía leer y disfrutar del sonido de las palabras, aunque no entendiera un carajo. Eso lo supe un siglo después con Alfonsina Storni y Mario Benedetti, pero aún así siento que el sistema educacional chileno me quitó años de disfrute de poesía.

Afortunadamente hoy en día, las cosas no son tan malas. La editorial Amanuta tiene una colección preciosa de poesía ilustrada de autores chilenos. Nicanor Parra, Gonzalo Rojas, Gabriela Mistral y los caballeros que nombro aquí están en esos libros. Quizás alguien puede pensar que es un despropósito que un mocoso de 8 años ande leyendo poemas de Teillier, pero no creo que sea así. Los mocosos son más inteligentes de lo que parecen, no hay que subestimarlos. Quizás no entiendan el significado de todas las palabras, pero hay algunas que tienen un sonido hermoso y eso les atrae. Y los libros tienen dibujos, yo habría sido feliz de tener uno de esos. De haber sido así, tal vez no estaría redescubriendo sus versos de manera tan tardía. 

En fin, dejaré acá un poema de cada uno... los que más me llegan en estos momentos, que vienen y van en oleadas como dice Greg Laswell. Juro por Dios/Buda/Satán que leyéndolos se me olvida hasta la hora qué es y dónde estoy. Me tienen en las nubes, lo reconozco.

Blue (Jorge Teillier) 

Veré nuevos rostros 
Veré nuevos días 
Seré olvidado 
Tendré recuerdos 
Veré salir el sol cuando sale el sol 
Veré caer la lluvia cuando llueve 
Me pasearé sin asunto 
De un lado a otro 
Aburriré a medio mundo 
Contando la misma historia 
Me sentaré a escribir una carta 
Que no me interesa enviar 
O a mirar a los niños 
En los parques de juego. 

Siempre llegaré al mismo puente 
A mirar el mismo río 
Iré a ver películas tontas 
Abriré los brazos para abrazar el vacío 
Tomaré vino sí me ofrecen vino 
Tomaré agua si me ofrecen agua 
Y me engañaré diciendo: 
"Vendrán nuevos rostros 
Vendrán nuevos días" 

La poesía es un atentado celeste (Vicente Huidobro)

Yo estoy ausente pero en el fondo de esta ausencia 
Hay la espera de mí mismo 
Y esta espera es otro modo de presencia 
La espera de mi retorno 
Yo estoy en otros objetos 
Ando en viaje dando un poco de mi vida 
A ciertos árboles y a ciertas piedras 
Que me han esperado muchos años 
Se cansaron de esperarme y se sentaron 

Yo no estoy y estoy 
Estoy ausente y estoy presente en estado de espera 
Ellos querrían mi lenguaje para expresarse 
Y yo querría el de ellos para expresarlos 
He aquí el equívoco el atroz equívoco

Angustioso lamentable 
Me voy adentrando en estas plantas 
Voy dejando mis ropas 
Se me van cayendo las carnes 
Y mi esqueleto se va revistiendo de cortezas 
Me estoy haciendo árbol 
Cuántas cosas me he ido convirtiendo en 
[otras cosas... 
Es doloroso y lleno de ternura 

Podría dar un grito pero se espantaría la transubstanciación 
Hay que guardar silencio Esperar en silencio

Muchos somos (Pablo Neruda) 

De tantos hombres que soy, que somos, 
no puedo encontrar a ninguno: 
se me pierden bajo la ropa, 
se fueron a otra ciudad. 

Cuando todo está preparado 
para mostrarme inteligente 
el tonto que llevo escondido 
se toma la palabra en mi boca. 

Otras veces me duermo en medio 
de la sociedad distinguida 
y cuando busco en mí al valiente, 
un cobarde que no conozco 
corre a tomar con mi esqueleto 
mil deliciosas precauciones. 

Cuando arde una casa estimada 
en vez del bombero que llamo 
se precipita el incendiario 
y ése soy yo. No tengo arreglo. 
Qué debo hacer para escogerme?

Cómo puedo rehabilitarme? 
Todos los libros que leo
celebran héroes refulgentes 
siempre seguros de sí mismos: 
me muero de envidia por ellos, 
en los filmes de vientos y balas 
me quedo envidiando al jinete, 
me quedo admirando al caballo. 

Pero cuando pido al intrépido 
me sale el viejo perezoso, 
y así yo no sé quién soy, 
no sé cuántos soy o seremos. 
Me gustaría tocar un timbre 
y sacar el mí verdadero 
porque si yo me necesito 
no debo desaparecerme. 

Mientras escribo estoy ausente 
y cuando vuelvo ya he partido: 
voy a ver si a las otras gentes
les pasa lo que a mí me pasa, 
si son tantos como soy yo, 
si se parecen a sí mismos 
y cuando lo haya averiguado 
voy a aprender tan bien las cosas 
que para explicar mis problemas 
les hablaré de geografía.

The end is coming



Debes sangrar y ver el fin
Todo vuelve a empezar...

Hay cosas que nunca cambiarán, supongo. Mañana es el plazo límite de entrega del proyecto de tesina y yo acá, vaciando mi cerebro de pensamientos inútiles. Antes me funcionaba, veremos si ahora también lo hace y sale una maravilla de proyecto. Aunque como siempre, con que salga algo decente me conformo. Vale, con que salga algo es suficiente. Y eso es porque dejé la seguridad de estudiar algo de Fuguet por ir tras una NN que hizo que el estómago se me revolviera con la historia de una mina cuica con mil problemas y traumas que arrastra por años y que se solucionan mágicamente con la llegada de un príncipe azul desde Francia. Para llorar y por lo mismo, digno de estudiar según yo. En pleno año 2015 y aún se perpetua la maldita idea de que el punto culmine de realización para una mujer es tener mocosos y un hombre al lado. Insisto, es para llorar.

Anyway, lo bueno es que no soy la única que piensa así y eso lo sé porque el curso entero del diplomado vomitaba bilis con el tema. Y que sean treinta personas en el mundo ya es algo. Me deja con la grata sensación de que no estoy tan equivocada y que solo pienso distinto. Lo mismo pasa con las “porquerías comerciales” que acostumbro a leer, porque en realidad no lo son. Recién ahora -con bases teóricas de por medio- puedo decir que hay un mundo increíble en la Literatura Infantil y Juvenil y que ni siquiera sabía que andaba pululando por allí desde hace un buen tiempo.

Ahora, la gran pregunta del siglo es “¿y qué harás con todo lo que ya sabes?” y para variar aún no tengo respuesta. Soy el ser más mañoso del mundo y si considero que no tengo todo lo que necesito, no puedo hacer nada. Por eso siempre me demoraba más en escribir o hacer un trabajo, porque tenía que procesar toda la información posible para hacer algo decente. Y en estos momentos siento que falta solo una pieza más para tener el panorama completo. Sé que el final se aproxima, no sé si será algo voluntario u obligado, pero está cerca y lo puedo sentir. Si eso es bueno o malo, no lo sé.

El otro día ante la pregunta ¿Hasta cuándo piensas aguantar? me sorprendí diciendo “Hasta que termine la tesina... o sea hasta diciembre, no más allá”, porque no me había puesto ningún plazo de manera consciente, sin embargo, la respuesta me salió del alma. Nunca he sido buena para pedir ayuda, pero creo que esa pieza que falta no la podré encontrar sola. Creo que tendré que hacer lo mismo que hice cuando no sabía qué mierda estudiar: pedir hora a la psicóloga. La diferencia está en que ahora las sesiones no me saldrán a costo cero y tener que gastar plata en terapia, me hace dudar. Quizás si me esfuerzo encontraré el camino sola. Quizás sí, quizás no. La cuestión es que siento el reloj correr y me asusta un poco. Lo único que tengo claro es que de que está cerca el fin, lo está.

Lo que no termino de entender



- ¿Qué haces?
- Nada. Nunca hago nada
- Sí, claro
- ¿Y qué quieres que diga?
- Lo que piensas
- Y si ya lo sabes, para qué preguntas
- Por el factor sorpresa, cómo sabes si algún día hablas sin necesidad de que te presionen
- Será una larga espera entonces
- No me molesta
- ...
- ¿Y?
- Pensaba en el día en que finalmente llegue el anuncio del gran evento
- ¿Y eso?
- Lo veo venir y no sé cómo voy a reaccionar
- Con la madurez que te caracteriza, por supuesto
- Eso no es muy esperanzador que digamos
- Lo sé, ¿le has dicho algo?
- No
- ¿Pretendes hacerlo?
- No, no tiene sentido
- ¿Por qué?
- Asumo mi condición de objeto-valioso-que-dejas-en-el-altar-y-que-nunca-tocarás-por-miedo-a-echarlo-a-perder
- ¿Sigue con esa estupidez en la cabeza?
- Sí, supongo que lo lleva en su adn. No puedo hacer nada
- ¿Y qué pasó para que estés dándole vuelta a ese tema?
- Nada en especial, solo ando más sensible de lo normal
- ¿Ya?
- Ya sabes, el desorden mental, mis irresponsabilidades, la rutina, las putas estrellas que no aparecen... y Piero
- ¿Piero?
- Casi lloré cuando escuché esta canción de mierda en vivo y al wn diciendo que era la canción para la persona que siempre está ahí y que era tan para ti...
- ¡Ufff!
- Una veintena de wnes yéndose a la cresta y más allá
- Pero...
- Pero nada, no le daré más vueltas al asunto
- Ya lo estás haciendo
- Y no pasará más allá de esto, ya te dije, solo ando más sensible de lo normal
- ¿Segura?
- Sí, es un momento de debilidad, no más que eso
- ¿Segura?
- Sí, si ya sabes que nada cambiará... mi única opción sería que inventaran una máquina del tiempo que me devuelva a los 17, pero no lo veo factible
- Estás cagada
- Totalmente
- ¿Tequila?
- A la vena si es posible

Debe haberse perdido con las estrellas...



Oh bola de cristal, escucha mi canción
Estoy desvaneciéndome
Todo lo que sé está mal
Así que déjame donde pertenezco

Y sabrá Dios/Buda/Satán dónde está ese lugar, que es como el santo grial de mi vida: algo que puede o no existir, pero que busco de todos modos. Así que ahí estamos, con el insomnio y el cansancio mental de vuelta. No he hecho absolutamente nada en todo el fin de semana, pero siento como si me hubiesen agarrado a palos. Me duele todo, quizás algún bicho insurrecto se metió en mi organismo, no lo sé. Tal vez solo es un síntoma del colapso que tarde o temprano iba a llegar, porque siendo quien soy, era imposible que no ocurriera algo así.

Mis quejas siempre son tan ridículas, pero bueno mi problema (que no es problema, obvio) actual es que no sé cómo vivir en el mundo ordinario como una simple mortal sin beneficios. Sí, yo sé que suena muy wtf? pero es lo que me pasa. Lo dije en otra ocasión, una de las grandes lecciones que he aprendido en este tiempo, es darme cuenta de lo que increíblemente afortunada que ha sido mi existencia, porque nunca me he tenido que esforzar realmente para obtener algo. Lo que no conseguían mis neuronas, lo lograba mi sonrisa manipuladora y así evitaba hacer lo que me desagradaba. Además de que siempre había alguien cuidándome como el gato de chalet que soy. 

Toda una vida funcionando de esa manera, era lo normal para mí y ahora de eso, no queda nada. Mentiría si dijera que no echo de menos esa existencia, pero no podría volver atrás. Sé que tomé la decisión correcta, pero es rara la sensación de convertirte en un número más. Eso de que se preocupen por ti solo porque si estás de malas echas a perder las estadísticas del día, es casi un insulto para mí. Pensé que iba a ser más fácil, pero no lo es. Esto de tener que trabajar para sobrevivir está haciendo que desaparezca el poco espíritu que me queda. En serio, no sé como la gente puede tener la misma pega insulsa por tantos años. Los admiro, porque está claro que yo no aguantaré mucho. O encuentro mi santo grial o lo construyo con mis propias manos, pero no me queda otra si quiero volver a respirar tranquila.

Lo último que puedo agregar es que la canción de Keane es tan perfecta para lo que siento en este rato, solo le cambiaría la parte donde dice “Perdí mi corazón, lo enterré en lo profundo del mar de hierro”. Yo creo que el mío lo perdí junto con las estrellas, porque así como no logro recordar la última vez que hice algo con empeño y pasión, tampoco sé cuándo fue la última vez que vi un cielo claro y lleno de pequeños puntos brillando a lo lejos. Puede que hasta mi estrella favorita haya desaparecido. Quien sabe, quizás algún día la encuentre de nuevo junto a mi corazón.

¿Y eso sirve de consuelo?


No espero ni amor ni odio, ya tengo bastante con mi dolor 
Maldigo el episodio, lo peor es que yo fui quien lo escribió 
Me esperan los demonios que deja tu olvido, que juegan conmigo 
Ya sé que es cobarde pedirte en una canción... perdón 

Por algún motivo/razón/circunstancia difícil de comprender no he podido dejar de escuchar esta canción. Es terrible. Lo entendería si estuviera pasando por algún período sensible/llorón en el que voluntariamente me expongo a temas de Alejandro Sanz, Ricky Martin, Franco de Vita y un gran etcétera, pero no es así. No ando en plan de darme latigazos emocionales, pero aún así se me pegó la muy maldita y es como inevitable no analizarla, ya que anda rondando por ahí.

La verdad es que no recuerdo bien dónde la escuché, pero lo primero que me llamó la atención fue esa parte de “Maldigo el episodio, lo peor es que yo fui quien lo escribió”, porque no es habitual que en estas canciones mamonas alguien asuma la culpa del cagazo que se mandó con tanta honestidad. Generalmente todo va en plan de “Ay! Me dejaste, sufro tanto/ No sé cómo respirar sin ti / Vuelve my darling” y todo ese rollo con el que uno se corta las venas llorando a moco tendido, pero este tema no, logra salir del rol de la víctima y muestra el lado de la persona que dejó la escoba.

De hecho, en estos días estuve tratando de recordar alguna canción similar y no encontré ninguna. La pelusa del desierto rueda y rueda en mi cabeza y por más que pienso y pienso, el resultado de la búsqueda sigue arrojando cero. Ahí mis pensamientos se van al tema de lo mucho que complica asumir los errores y pedir perdón, en especial cuando sabes que no te quieren ver ni en pintura. Quizás es por eso que el mea culpa que hace el tipo, yo lo encuentro notable.

Dejando de lado cualquier prejuicio que uno pueda tener ante este tipo de música y si nos vamos solo al contenido de la letra, me parece que expresa muy bien la visión del que deja la cagada, pero sin pegarse con una piedra en los dientes ni exagerando. El testimonio de arrepentimiento de quien ya no tiene nada que perder porque ya se encargó de mandar todo a la cresta.

Si bien desde el otro lado de la vereda, uno ve a ese individuo como el o la csm más grande entre todas las criaturas muertas, vivas y por vivir del Universo, en muchas ocasiones no es tan así. Quizás solo tuviste la mala suerte de encontrarte al PTW (Pobre Triste Weón/a, como decía Natalia) justo cuando estaba en su fase de confusión máxima y no sabía distinguir entre su pie derecho y el izquierdo. También puede haberse dado el caso de que simplemente se asustó y huyó como caballo desbocado por el bosque y punto. Pueden haber mil motivos, la cuestión es que no siempre se trata de una mala persona, insisto, tal vez solo lo pillaste en una muy mala etapa con el inconveniente de que por desgracia, te tocó pagar sus platos rotos.

¿Y eso sirve de consuelo? Probablemente no, pero al menos sabes que en algún momento va a tomar conciencia de sus errores y mientras tú ya vienes de vuelta, él/ella tendrá que lidiar con los demonios del olvido. Y esos sí que son terroríficos.

Si es cobarde o no pedir perdón en una canción, pues yo creo que sí, pero algo es algo. Quizás no cambie las cosas, pero sirve para ambas partes. Para uno está la explicación a la interrogante del por qué no funcionó y para el otro está la posibilidad de hacer algo bien, aunque sea por única y última vez.

El carrusel nunca deja de girar

“¿Por qué le pasan cosas malas a la gente buena? Nos preguntamos eso tan seguido, que se convierte en un cliché, pero es porque sí le pasan cosas malas a la gente buena, constantemente. Solo tienes que esperar a que cuando sea tu turno, sabrás qué hacer, cómo sobrellevarlo, cómo perseverar. Pero la verdad es que no sabes cómo reaccionarás a tu peor escenario. Ninguno de nosotros lo sabe. No hasta que sucede”
[One flight down 11x20]


Estoy de rodillas
Solo recuerdos me quedan para aferrarme
No sé cómo pero lo superaré
Lentamente me recompondré

El día en que con mi amiga Vero y yo nos enteramos de que Derek Sheperd pasaba a mejor vida nos dio depresión instantánea, tanto así que de seguro batimos el récord de mandar un millón de emoticones llorando en tan solo un par de minutos. Depresión moderna y online ¿ok? Y como las drama queen que somos, sabíamos que iba a ser imposible ver el capítulo nuevo sin tener al lado una caja de pañuelos y un litro de agüita con azúcar. Y una vez que vimos el episodio del terror, yo no sé cómo aguantaron nuestros pobres celulares con tanta lágrima que le caía encima mientras íbamos comentando lo traumático que era ver morir a Mc Dreamy.

Cualquier persona sensata se preguntará por qué tanta alharaca por una simple serie y para eso hay dos respuestas: La primera es que somos un par de ridículas sin vida que no tienen nada mejor de qué preocuparse, lo que es bastante razonable y certero. La segunda tiene que ver más con nuestro eterno yetismo que nos llevó a pensar que con nuestra suerte, en el supuesto caso de que encontremos un tipo decente, pues lo más seguro es que termine dentro de un nicho.

En lo personal, yo me llevé un chasco tremendo por el mensaje de mierda que transmiten a través de la muerte de Derek: No puedes tenerlo todo. Era como ver mi peor trauma/miedo en pantalla. La cara de Meredith viendo por la ventana a los policías que llegaban a su casa mientras esperaba noticias de Derek, hizo que se me retorcieran las tripas, porque es la cara que uno pone cuando sabe que algo muy malo pasó y que de alguna forma tienes que prepararte para escuchar lo que te van decir.

Díganme paranoica, pero a mí me da un mini paro cardíaco cada vez que recibo una llamada a un horario no habitual o si tocan el timbre y no espero a nadie. Pongo la misma cara de espanto de un roedor corriendo a su guarida cuando siente una amenaza. Quizás es ser fatalista, pero para mí es inevitable, siempre que todo va bien, queda alguna cagada. Me acuerdo que en la U evitábamos decir “las cosas no pueden ser peor ¿cierto?”, porque siempre que lo decíamos pasaba algo más, como si estuviésemos tentando a Dios/Buda/Satán a respondernos con un sí rotundo. Así que al final optábamos por omitir comentarios y simplemente aguantar. Aplico lo mismo cuando se trata de rachas buenas, de no presumir y dar las gracias calladita porque si alardeas, te cae el balde de agua fría para que aterrices.

Como Meredith que se regocijaba de lo linda y feliz que era su vida con sus hijos, su esposo, su trabajo y su casa, todo de ensueño... y al otro día se queda viuda. Una absoluta mierda. Ella y todos nosotros sufriendo. Años dando jugo con el fulano, que sí, que no, para que cuando al fin te estabilizas y comienzas a disfrutar de una vida normal, todo se va a la cresta. Si no digo yo que la señora Shonda Rhimes es tan siniestra como Dios/Buda/Satán para escribir sus guiones.

En medio del llanterío colectivo, varios se quejaban de que Meredith no llorara a mares por Derek. Me dieron ganas de pegarles por idiotas, como si uno pudiera hacerlo en la vida real con todo el desagradable papeleo que hay que hacer cuando muere alguien y peor en su caso con dos cabros chicos al lado. Por desgracia en esos momentos hay que mantener la cabeza fría, después verás como lidias con el duelo, si te ahogas en lágrimas o si rompes una pared de la rabia. Y Grey hizo lo mismo que haría yo ante una tragedia tan grande: Irse lejos de todo y todos hasta sentirse lista para enfrentar su nueva realidad. Desaparecer, recoger los pedacitos de a poco y empezar de nuevo. Como decía Ellis Grey, el carrusel nunca deja de girar, la vida sigue con lo bueno y lo malo. No se detiene.

“Tengo que creer que hay un modo. Tiene que haber un modo de bajar del carrusel. Empezar de nuevo, empezar de cero. Tiene que haber un modo de dejar todos mis fantasmas atrás. Es una decisión. Es una decisión que estoy tomando. De avanzar, de seguir adelante. Puedo hacer esto. Puedo hacer esto. Todo lo que tengo que hacer es empezar”
[She's leaving home 11x22]

PD: Yo creo que Shonda siempre tuvo previsto matar a Mc Dreamy. La icónica canción “Grace” es sobre duelo, Meredith lo soñaba muerto y decía que los cuentos de hadas no se hacen realidad, Cristina le hizo abrir los ojos para que dejara de depender tanto de él... A modo de masoquismo, dejo la propuesta de matrimonio donde queda claro que la única manera de que se separaran era con la muerte de por medio. Lloremos por ingenuos ahora :(