Ðark Lady

Acerca de tødø y nada a la vez

Autoentrevista



Hace dos días atrás estaba hojeando un libro y vi la fotografía de un tipo arrodillado y exhausto 
Y dije “Lo entiendo” 
Porque últimamente he estado pensado en explotar como unas merecidas vacaciones 
De las responsibilidades del planeta Tierra, como la gravedad, la hipocresía y los peligros de estar en 3D Pero pensando de manera tan diferente

Como suele ocurrir con mi dispersa cabecita, me acordé de unas cosas que había escrito hace una porrada de años y que debían estar con telerañas en los archivos de mi correo no formal. Me puse a buscar en correos del año de pera y encontré lo que buscaba, además de tonteras como fotos ridículas, conversaciones pendejas y esta autoentrevista que tuvimos que hacer en segundo año de Periodismo. Y ya la había olvidado por completo. Me hizo gracia leerla y me pregunté por qué no la publiqué acá si esta cuestión era como mi diario de vida en esos años, así que ahora lo haré. 

Hay tantas cosas que han cambiado... Por ejemplo, amplié mi gama de colores de esmaltes de uñas al infinito y ya no sólo uso el color negro, lo que también aplica para la ropa. Las chapulinas fueron reemplazadas por chinitas, los anteojos por lentes de contacto, ya no fumo, pero sigo igual de chascona, pesada, con la cabeza llena de pajaritos y aún me importa un bledo lo que opinen de mí.

En fin... ¿Y canción para esto? “Pardon me” de Incubus. Totalmente ad-hoc para la inconformista que era y sigo siendo.


La singular historia de una futura periodista 
Cuando te pierdes y te vuelves a encontrar 
No todos pueden hablar de crisis existenciales y vocacionales - ya sea por miedo a quedar tildados de locos o extraños- pero ese no es el caso de Jennifer López, quien en esta ocasión devela detalles de cómo sobrevivió al peor momento de su corta vida

Camina con paso apurado, sin mirar a la gente que pasa a su alrededor, concentrada –al parecer- en la música que sale del pequeño mp3 que trae en su mano izquierda. Tiene el aspecto alternativo de cualquier veinteañera que se niega a seguir la moda. El cabello largo sin un corte definido, gafas ópticas de color burdeo que recuerdan a algún rockstar, jeans y camiseta de color negro y las infaltables chapulines desgastadas, conforman la apariencia de Jennifer López Ramos. Ella es una joven estudiante universitaria que llegó hace ya casi dos años a las aulas de la Escuela de Periodismo. Ni ella misma creyó posible llegar al mundo de las letras. Es por ello, que desde sus propias palabras ahondaremos en este hecho y en la particular forma de ver la vida que tiene esta joven promesa de las comunicaciones. 

En las afueras de la Escuela de Periodismo, con el busto de Andrés Sabella observando a los estudiantes, Jennifer se aproxima a las bancas. “Perdón por el atraso”, se excusa con una sonrisa mientras se desprende de los audífonos y toma asiento. 

-¿Siempre llegas tarde a tus citas? 
Claro que no. No a todas, a clases siempre llego a tiempo. Eso si debo admitir que a cualquier otro compromiso, me cuesta bastante llegar puntual. Siempre surge algo y terminó llegando 10 minutos tarde. Eso sí, tampoco soy tan desubicada como otra gente. Por lo menos no soy un caso extremo sino más bien normal, diría yo. 

- Con “otra gente” imagino que te refieres a tus compañeros 
Sí, no soporto estar en clases y que lleguen media hora después de lo que corresponde. Va a sonar muy ñoño, pero es una falta de respeto hacia el profe, porque lo interrumpen y a nosotros, porque nos desconcentramos, aunque sólo estemos dibujando en el cuaderno. Tal vez no soy muy tolerante o tiendo a exagerar, pero hay mucha gente que necesita de una buena dosis de “ubicatex”. 

Jennifer sostenía entre sus manos una mochila. La deja a un lado para estar más cómoda y notamos que lleva las uñas pintadas de negro. 

- Eres bastante dura con tus compañeros, ¿Siempre has sido así?
Sí, siempre he sido así. En la media, junto a mi amiga Yeny, podíamos sacarle el rollo a todo el curso y entre más descubríamos, más nos caían mal. Éramos muy agujas y observadoras. Sólo a unos pocos les dábamos el visto bueno. Ahora es lo mismo, creo. 

- ¿Te crees superior al resto? ¿Eso quieres decir? 
No, no es eso. A ver cómo te explico… 

La joven piensa unos instantes, jugueteando con sus pequeñas manos y mirando en dirección a Sabella y comienza a hablar nuevamente. 

En ese entonces, con mi amiga nos definíamos como inadaptadas sociales. Éramos iguales a Daría y Jane -no sé si recuerdas esa serie de MTV- quienes tenían una visión casi apocalíptica del mundo en general, sintiendo que nunca iban a encajar en el mundo Bilz y Pap de sus compañeros. Recuerdo perfectamente que mientras todos bailaban axé, nosotras nos quedábamos leyendo o hablando de fantasmas –qué profundo- y música. Nos interesaba todo lo que lo que al resto le era indiferente. Si todos iban a la derecha, nosotras íbamos hacia la izquierda. No nos importaba quedar como fenómenos o antisociales, porque pensábamos que los tontos eran ellos. 

-Dices que no te crees superior al resto, pero si hay cierta soberbia en lo que acabas de afirmar
Puede ser, pero piensa que tenía sólo 14 ó 15 años. A esa edad si piensas diferente al resto, puedes darte el lujo de ser un tanto arrogante. 

-¿Te consideras soberbia? 
(Sonríe) Mentiría si te dijera que no, pero no me creo superior al resto. Eso que quede claro. Es algo casi innato en mí, siempre ha sido una de mis características distintivas. No es muy buena, pero es lo que a primera vista se nota. Incluso el otro día, en una clase de Psicología Social, nos dieron un ejercicio para definir ciertos rasgos y en cuanto dijeron soberbia, mis amigos me miraron y dijeron “Ya Jenny, dinos”. En ese momento, me sorprendió pero luego me dijeron que cuando había llegado, era demasiado soberbia aunque ahora que me conocían, podían decir que no era tanto.

-¿Por qué crees que pasó eso cuando llegaste a tu nueva carrera?
Creo que por el hecho de ser mayor, de haber estado ya varios años en la universidad y porque igual sentía que sabía muchas cosas que el resto en su vida iban a ver. Tanto antes como en el hecho que planteas, creo que la soberbia me nace cuando creo ir un paso más adelante. Eso como dicen por ahí: “Cuando ustedes van, yo ya vengo de vuelta”. Lo bueno es que sé aterrizar y no me creo el cuento. Si alguien viniera y me dijera que escribo como los dioses, no le creería. En ese sentido, soy más humilde, más sopita de pan. (Risas) 

- ¿Qué tan difícil fue el cambio de una carrera científica a una humanista? 
El rostro de la joven se pone un poco más serio, sin dejar de mirar a los ojos del interlocutor y comienza a jugar con sus largos cabellos negros. No fue tan difícil, lo complejo fue todo el proceso previo. Eso sí fue duro, pero llegar aquí no me resultó complicado. A excepción de lo que te decía anteriormente, estaba encantada porque sentía que por primera vez en mi vida estaba en el lugar correcto, en el momento correcto. Además, por mis peculiares antecedentes académicos, sentía que los ojos estaban puestos en mí –aunque no sé si habrá sido así realmente- y eso lejos de amedrentarme, aumentaba mis ganas de hacer las cosas bien.

“Me gustan los desafíos”, expresa con una sonrisa en los labios mientras levanta una de sus cejas con picardía. 

-Antes estudiabas Licenciatura en Física, el cambio es impresionante y sin mucha lógica ¿Por qué lo hiciste?
Sé que no tiene lógica para el que lo escucha, me lo viven diciendo. Respecto a por qué lo hice, las razones son muchas y se remontan a muchos hechos. Si lo hice, es porque creía –y creo- haber encontrado la carrera perfecta para mí, una que mezcla todo lo que me gusta hacer y porque sentí que desde aquí puedo ser un aporte para el mundo, aunque sea para una mínima parte. 

- ¿A qué hechos te refieres puntualmente? 
Podría estar hasta mañana hablándote y aún así no terminaría. ¿Te molesta que fume? 

-No, para nada. No tenía en mis datos que fumaras… 
La futura periodista enciende un cigarrillo, aspira profundamente y continúa. No, no lo hacía. En muy contadas ocasiones fumaba para mitigar los nervios y ahora no sé realmente porque lo tomé como rutina. Imagino que es porque veo un tanto pesado este semestre y me estreso de solo pensarlo, pero dejemos mis nuevos vicios de lado y te contaré lo que sucedió 

-Ok. Continúa, por favor 
Como te decía al principio, siempre me creí distinta al resto aunque en realidad no fuera así, no lo sé. En la media, sin mucho esfuerzo me iba relativamente bien en todos los ramos, ninguno se me hacía muy complicado a excepción de Biología y Química. Aún así, tomando siempre todo como un gran desafío personal, entré al electivo biológico porque quería estudiar Medicina Veterinaria. Pasaron unos meses y me di cuenta de que eso no era lo mío y me dio con las matemáticas y física. A mis manos llegó un folleto de la universidad y sus carreras y de inmediato me llamó la atención Licenciatura en Física. Se veía tan difícil y llena de ramos que ni siquiera sabía qué eran, que sin pensarlo dos veces dije “Esto quiero estudiar”. Me preparé y logré entrar. En realidad, no sabía lo que quería pero era demasiado orgullosa como para admitirlo y demasiado caprichosa para no conseguir lo que me había propuesto.

-Eso quiere decir que siempre supiste que no era lo tuyo 
Así es, además de que era muy inmadura. No sabía lo que quería, ni donde estaba, ni quien era realmente. Por fortuna, me di cuenta rápidamente de que estaba haciendo las cosas mal, pero fue un proceso lento y es por eso que me demoré tanto tiempo en encontrar mi lugar en el mundo. 

-¿Cómo fueron esos años? 
Estuvieron llenos de confusión y crisis existenciales que no se las daría a nadie, pero como te dije me di cuenta a tiempo. En ese tiempo, recuerdo haber escuchado a alguien decir: “Lo que somos ahora –en la juventud- es lo que seremos siempre, si no cambias en este momento, no lo harás nunca”. Fue lo mejor que pude haber escuchado. Me hizo aterrizar y darme cuenta de que no quería seguir siendo la mocosa caprichosa y altanera que era capaz de mentirse a si misma con tal de negar la realidad. En vez de estudiar, me dedicaba a observar el comportamiento de la gente y de los que me rodeaban, decidí no ser como ellos. No quería llegar al punto de querer cambiar y no poder hacerlo por miedo. Me impuse como regla, no tener miedo a los cambios y a no perder jamás el contacto con mi yo interior. 

-¿Alguien te ayudó en esos momentos? 

El cigarrillo se acaba y enciende otro, mientras sus ojos parecen mirar los fantasmas del pasado. 

Sí, Paulo Coelho. En serio, suena estúpido pero es verdad. Yo creo que me faltó muy poco para matarme, pero leí “Verónika decide morir” y las ganas de irme al otro mundo se me pasaron. Me sentí muy identificada con el personaje de Verónika, sentía lo mismo que ella y decía “No quiero estar al borde de la muerte para recuperar las ganas de vivir”. Si lees ese libro, me podrás conocer un poco más. Ahora llevándolo al plano real, en el primer año de universidad tuve un compañero que había pasado por lo mismo que yo. Durante unos seis meses fuimos muy cercanos, si tenía una crisis iba donde él y me consolaba con sus palabras. Creo que nunca supo cuán importante fue en mi vida. Él fue una de esas personas que pasan por tu vida de manera breve y silenciosa, pero que dejan marcas imborrables. 

-Tú eres de Calama, estabas sola aquí ¿Qué sucedió con tus tías? ¿Ellas nunca se enteraron de esto? 
No, era algo que tenía que hacer sola. No fue falta de confianza, para nada, es sólo que debía hacerlo a mi manera. De lo único se enteraron fue de la crisis vocacional, pero tampoco podían hacer mucho. 

-¿En qué momento ocurrió? 
A finales del segundo año. No soportaba los ramos que tenía y prefería leer a Isabel Allende, antes que agarrar un libro de Cálculo. Sabía que no tenía que estar allí pero no sabía donde ir. No lo sabía y era desesperante. Terminé con depresión, insomnio y alergias y con una familia que no sabía qué hacer conmigo. Mis tías insistían en que hiciera la PSU pero no quise. Ni yo misma entendía lo que pasaba. Seguía prolongando todo y me di los ánimos suficientes para volver al otro año. Lo hice, pero cuando tuve que abandonar una clase de astrofísica porque casi me pongo a llorar de la impotencia de no saber qué hacía allí, decidí que había tocado fondo y que ya era hora de hacer algo. 

-¿Qué hiciste entonces? 
Pedí hora con la psicóloga y la orientadora. Tenía el orgullo por los suelos, ya que tuve que admitir que necesitaba ayuda y no bastaba con la mía o la de mis amigos y familia. La joven permanece en silencio y la sonrisa que acompañaba sus labios se borra al recordar esos años. 

- ¿Cómo llegaste a elegir periodismo? 
Por una pregunta muy simple que me hizo la orientadora: ¿Cómo te ves dentro de 10 años? Yo fiel a mi estilo, le dije que no me gustaban los planes y que era muy difícil responder eso. Insistió y se me vino a la cabeza “Como periodista”. El porqué lo dije, aún no lo sé bien. De hecho en ese momento fue bastante confuso. Era lo que había estado negando –una vez más- puesto que había visto la malla curricular y me habían gustado bastante los ramos, pero era demasiado el cambio. Incluso para mí.

-¿Qué hiciste cuando descubriste que querías ser periodista?
Buscar otras alternativas que no fueran tan radicales. Primero tuve que convencerme a mí misma y dejar de poner excusas. Eso por una parte y prepararme para que ardiera Troya, porque si bien mi familia estaba 100% conmigo, un cambio así descolocaría a cualquiera. 

-¿Qué pasó cuando les dijiste que el periodismo era lo tuyo? 
Mi tía Miriam –quien es la que manda por decirlo así- puso el grito en el cielo. Ella pensaba que si me cambiaba, iba a ser a una ingeniería o algo similar pero no a periodismo. Eran tres años perdidos totalmente. Lo que más le dolía era el dinero malgastado. Suena feo, pero la entendía. Ella ha hecho un esfuerzo sobrehumano con tal de tenerme aquí, por lo que su enojo me dolió pero lo entendí. 

-El apoyo familiar en estos casos resulta vital, ¿Cómo pudiste mantener tu decisión entonces? 
Si contaba con mi familia, es sólo que estaban demasiado choqueados. Era cuestión de tiempo. Mientras tanto todo esto lo mantenía en absoluto secreto. Nadie sabía de mis planes, a excepción de mi amiga y compañera de curso, Naty. Ella fue el mayor soporte que tuve en esos momentos, ambas estábamos viviendo un proceso por el que no todos pasaban y el apoyo mutuo era indispensable. Yo creo que si no hubiese tenido eso, nunca me hubiera animado a hacerlo. 

La sonrisa vuelve a los labios de Jennifer, quien toma su mochila y busca en el interior su teléfono celular para ver la hora. La Escuela de Periodismo comienza a llenarse de alumnos que salen de clases y otros que vienen a ellas. 

-¿Qué podrías decirle a las personas que quieran cambiar algo en su vida y no se atreven a hacerlo? 
Que no tengan miedo a cambiar ni a los cambios en su vida. Perderse para volver encontrarse, como dijo Fuguet por ahí. A todos les puede pasar, solo que no todos son capaces de volver a encontrarse. Hay que ser valientes y tomar las riendas de tu vida, porque nadie lo hará por ti. Por muy solos e incomprendidos que se sientan, siempre hay una mano que te afirma antes de caer al abismo. No hay que soltarla, si lo haces estás perdido. Y lo más importante: mantenerse fiel a lo que eres y si no sabes quien eres, descúbrelo. Nunca es tarde para hacerlo y puedes llevarte gratas sorpresas en el camino. 

“Debo ir a clases”, afirma Jennifer mientras se levanta. Dirige una sonrisa antes de despedirse y perderse entre los futuros periodistas. Se mezcla entre los estudiantes y nadie podría deducir la curiosa historia que hay detrás de ella.

Adiós amiga mía


Escucha niña pequeña 
Llegará un día en que serás capaz de decir 
No importa el dolor o los agravios 
Tú sabes que hay un mejor manera 
 Para que estemos tú y yo 
Busca el arcoiris en cada tormenta 
Vuela como el ángel que el cielo me envió 

 Adiós amiga mía 
Sé que te fuiste, dijiste que te fuiste, pero aún te siento aquí 
No es el final 
Tienes que ser fuerte antes de que el dolor se convierta en miedo 
Me alegra que lo hayamos logrado 
El tiempo nunca podrá cambiar eso 

 Solo una niña pequeña, gran imaginación 
Nunca deja que nadie se la quite 
Fue al mundo 
¡Qué revelación! 
Ella descubrió que hay una mejor manera 
Para que estemos tú y yo 
 Busca el arcoiris en cada tormenta 
Ten por seguro que el amor estará ahí para ti 
Tú siempre serás la nena de alguien 

 Adiós amiga mía 
Sé que te fuiste, dijiste que te fuiste, pero aún te siento aquí 
No es el final 
Tienes que ser fuerte antes de que el dolor se convierta en miedo 
Me alegra que lo hayamos logrado 
El tiempo nunca podrá cambiar eso 
Tú sabes que es hora de decir adiós 

 Las veces en que jugábamos 
La forma en que solíamos gritar y chillar 
Nunca soñamos que seguirías por tu propio dulce camino 
Busca el arcoiris en cada tormenta 
Ten por seguro que el amor estará ahí para ti 
Tú siempre serás la nena de alguien 

 Adiós amiga mía 
Sé que te fuiste, dijiste que te fuiste, pero aún te siento aquí 
No es el final 
Tienes que ser fuerte antes de que el dolor se convierta en miedo 
Me alegra que lo hayamos logrado 
El tiempo nunca podrá cambiar eso 

 Tú sabes que es hora de decir de adiós 
Y no olvides que puedes confiar 
Tú sabes que es hora de decir adiós 
Y no olvides que en mí puedes confiar 
Te ayudaré en tu camino 
Estaré contigo todos los días

Nunca he sido buena con las despedidas ni con la forma en que corto relaciones con una persona y es algo que definitivamente tengo que cambiar, porque suelo desaparecer sin dar explicaciones. Así de simple. Mi talibanesco modo de actuar se debe a que mi niveles de paciencia se van a pique de manera estrepitosa, lo que sumado al enojo y a la decepción hacen que diga “hasta aquí llegamos”. Y antes de decir cosas de las que después me puedo arrepentir, prefiero hacerme humo. 

Y en este caso en particular, creo que fue lo mejor. Esta vez cada una tenía un camino muy diferente por recorrer, pero debíamos hacerlo solas. En lo personal, yo no quería estar cuestionando tus decisiones una y otra vez y si no podía ser el apoyo que necesitabas, era mejor dar un paso al costado. Habría sido genial poder compartir nuestras nuevas vidas, pero ya sabes, no siempre se puede tener todo lo que uno quiere. Supongo que es lo que Dios/Buda/Satán querían para nosotras. 

No sé si alguna vez nos volveremos a encontrar o a hablar de nuevo, pero eso a estas alturas ya no importa. Sé que estás bien, yo estoy de pelos y eso es suficiente. La canción lo dice todo, pero hay algo que quiero destacar: no olvides que siempre podrás confiar en mí.

Adiós

Jen.-