Ðark Lady

Acerca de tødø y nada a la vez

La canción más hermosa de la vida



Todos tenemos una debilidad
Pero algunas son fáciles de identificar
Mírame a los ojos y pide perdón
Haremos un pacto para no decir esa palabra otra vez
Sí, eres mi amiga/o

Todos tenemos algo que nos molesta
Al menos nos entendemos el uno al otro
Así que cuando la debilidad eleve mi ego
Sé que confiarás en lo que fui ayer

Si me convierto en otro
Arranca lo que esté cubriendo
La mejor parte de mí
Canta esta canción
Recuérdame que siempre nos tendremos el uno al otro
Cuando todo lo demás haya desaparecido

Todos tenemos una enfermedad
Que de manera inteligente se queda y multiplica
Sin importar lo que hagamos

Todos tenemos a alguien que nos molesta
Al menos nos entendemos el uno al otro
Así que cuando la enfermedad eleve mi ego
Sé que actuarás como una hábil medicina

Si me convierto en otro
Arranca lo que esté cubriendo
La mejor parte de mí
Canta esta canción
Recuérdame que siempre nos tendremos el uno al otro
Cuando todo lo demás haya desaparecido

Para mí esta es la canción más hermosa que he escuchado en toda mi existencia y me parece tan perfecta que hasta llevarla al español se me hace un pecado, porque no hay traducción que refleje la belleza que tiene su letra en inglés. La palabra “dig” tiene un montón de significados dependiendo de su contexto, pero a pesar de ello uno puede ignorarla y con un inglés básico nivel indio puede darse cuenta del mensaje que quieren entregar Brandon y los boys. Y si eso no basta, pues ahí tienes el vídeo que lo explica con peras y manzanas.

Yo por fortuna, pude ver a Incubus en vivo tocando esta canción y fue tan genial como ver a Billie Joe cantando “She” y tan alucinante como escuchar a Dave Grohl cantando “Learn to Fly”. Creo que una de las cosas buenas de la vida, es poder ver a tus ídolos cantando aquellos temas que se han convertido en verdaderos himnos para ti.

Y entre temas y temas llegamos a “Dig”, la canción más hermosa del mundo. Y como la única cosa que hago en mi vida es pensar, pues pensé en los amigos que están contigo en las buenas y en las malas. En los que efectivamente lo hacen y en aquellos que no pasan del discurso. Eso fue como sumar dos más dos en realidad, porque ahora mismo estoy con la mierda hasta el cuello y sé con quiénes cuento de verdad.

Y como el ocio da para mucho, después pensé en mi parte favorita de esta canción que es el “Recuérdame que siempre nos tendremos el uno al otro, cuando todo lo demás haya desaparecido”. Ya sé que es cursi y que chorrea dulzura en exceso, pero en mi loca cabecita siempre ha rondado la idea de que es lo mejor que puedes decirle a alguien si te casas o te comprometes, porque como dice Shakira “si me quedas tú, me queda la vida”. Irónicamente me quedé sin postulantes para la dedicatoria, pero al menos tengo algo claro: si no está dispuesto a cumplir lo que dice la canción, entonces no vale la pena para mí.

Eso último no le importa a nadie, pero bueno, supongo que la falta de sueño hace que diga más incoherencias que en días normales.

PD: No puedo dejar de mencionar algo obvio y muy superficial, pero tengo que hacerlo. Brandon Boyd es una belleza de hombre, perfecto como un dios griego. Así de simple. Gracias.

El síndrome de los corazones inquietos


Tengo una enfermedad muy mala 
Me tiene rogando sobre mis manos y rodillas 
Así que llévame a emergencias 
Porque parece que algo está faltando 
Alguien que se lleve lejos el dolor 
Es como una úlcera sangrando en mi cerebro 
Así que mándame a la farmacia para que pueda perder mi memoria 

Estoy eufórico, medicado 
Dios sabe que intenté encontrar una manera de huir 

Creo que encontraron otra cura 
Para los corazones rotos y la sensación de inseguridad 
Te sorprendería lo que puedo soportar 
¿Qué te hace sentir tan seguro de ti mismo? 

Necesito encontrar un lugar para esconderme 
Nunca sabes lo que podría estar esperándote afuera 
Los accidentes que puedes encontrar 
Es como una especie de suicidio 

Así que lo que te aflige, es lo que te atraviesa 
Siento que he sido crucificado para estar satisfecho 

Soy una víctima de mi síntoma 
Soy mi peor enemigo 
Eres una víctima de tu síntoma 
Eres tu peor enemigo 
Conoce a tu enemigo

Esta debe ser una de mis canciones favoritas de Green Day, básicamente porque entiendo a Billie Joe cuando dice que “eres tu peor enemigo”. Yo le puedo caer mal a medio mundo, pero me importan un bledo y hasta me divierte ver cuánto te pueden llegar a odiar, por lo que para mí los “enemigos” son nada. Más de uno puede creer que eso es genial, pero no, porque con el único enemigo real que tengo que lidiar de vez en cuando, es conmigo misma. Y a tener conflictos internos que no entiendo, preferiría mil veces que una villana me hiciera la vida imposible, porque tarde o temprano te vas a deshacer de ella, pero yo no puedo sacarme el cerebro para limpiarlo. 

Y como en esto todo se reduce a esperar a que el tiempo haga lo suyo, me puse a leer a Marian Keyes. Ella escribe “cosas para niñas”, pero a mi me fascina desde que la descubrí hace varios años en una venta de libros que nadie quería. En esa ocasión me llevé dos, “Claire se queda sola” y “Lucy Sullivan se casa”. A Claire la deja el marido el día en que nace su hija y a Lucy le inventan que se va casar cuando ni siquiera tiene un perro que le ladre. Al leer las descripciones no pude más que pensar “mmm... sí, esas son cosas que me podrían pasar a mí” y me los llevé sin dudarlo. 

Lo que me gusta de ella es que sabe mezclar las tragedias/derrumbe de mundos/accidentes con las cosas superficiales de la vida, como hombres, comida, ropa, etcétera. Las historias de las hermanas Walsh son mis favoritas y el último libro de la colección “Helen no puede dormir”, a pesar de que lo acabo de leer, ya es mi predilecto, porque me sentí identificada casi en un 100% con Helen. 

“Helen Walsh, detective privada, está pasando una muy mala racha que le obliga a volver a instalarse en casa de sus padres. De repente recibe un nuevo encargo: encontrar al miembro de una banda musical que ha desaparecido justo antes de un concierto importante. 
Helen Walsh no cree en el miedo -es un invento de los hombres para conseguir los mejores puestos y más dinero-, pero lo que no puede negar es que el mundo se está desplomando a su alrededor. Es detective privado y tiene cada vez menos trabajo, la van a desahuciar de su piso y ahora vuelve a encontrarse con todos sus demonios. Y uno de ellos es Jay Parker, un ex novio encantador, aunque nada fiable, que le pide que localice a un cantante desaparecido. En cinco días, Wayne Diffney tiene que tocar en un concierto muy importante, pero se ha esfumado sin dejar rastro. La relación de Helen y Jay acabó tan mal que ella se pone enferma solo con oír su nombre. Además, ahora tiene un nuevo novio, Artie Devlin, muy considerado y muy sexy, y con quien se lleva de maravilla... Si no fuera por su ex mujer, que siempre está por casa, y por su hijo, que odia a Helen... Pero ella nunca obedece las reglas, ni siquiera las suyas propias, y su peor enemigo está en su propia cabeza” 

Helen es la menor de las Walsh y en los otros libros se le describía como la hermana más guapa, pero con un genio terrible, además de ser sarcástica y tan sincera que podía sonar cruel, pero eso le traía sin importancia. Resumiendo, podríamos decir que era insoportable y extrañamente adorable a la vez. Sin embargo, aquí uno descubre que su humor negro y apariencia ruda, a fin de cuentas no es más que una fachada para protegerse de su propia fragilidad que la hace caer en episodios depresivos. 

“He oído decir a gente que tener una depresión es como ser acechado por un gran perro negro. O como estar encerrado en un cubo de cristal. Para mí era otra cosa. Yo tenía la sensación de que había sido envenenada, de que mi cerebro estaba produciendo toxinas marrones que lo contaminaban todo, mi visión, mis papilas gustativas y, sobre todo, mis pensamientos”

Cuando leí eso casi lloré, porque así es como se siente cuando tu mundo se va a negro. Por lo que sé, Marian Keyes sufre de vez en cuando de depresión, así que la mujer sabe de lo que habla y creo que su descripción no pudo ser más acertada. 

En estos días me he preguntado por qué para algunas personas es tan fácil que se les escapen los enanitos para el bosque, por decirlo de alguna forma. ¿Será verdad eso de que las “mentes creativas” son más propensas al vaivén anímico? ¿O es lo que dice Billie Joe: el síndrome de los corazones inquietos? Eso de estar siempre preocupados por algo, intranquilos y ansiosos por cosas que para el resto resultan insignificantes. ¿Qué será? ¿Dios/Buda/Satán irán a responder algún día? 

PD: En el libro encontré estas frases que se ajustan muy bien a lo que soy. ¿Sabrá Marian Keyes que de verdad existe una tipa tan chalada como Helen? 

“Dice que tengo una tendencia anormal, casi psicótica, a llevar la contraria. Y lo cierto es que esa parece ser mi manera de funcionar”

“Tenía razón. Soy vaga e ilógica. Tengo poco don de gentes. Me aburro y me irrito con facilidad. Pero tengo momentos brillantes. Vienen y van y no puedo depender de ellos, pero ocurren” 

“Tengo por costumbre que las personas me caigan mal desde el primer instante. Simplemente porque eso me ahorra tiempo”

Sigue respirando

La tormenta ya viene, pero no me importa 
La gente está muriendo, cierro mis persianas 

Todo lo que sé es que estoy respirando ahora 

Quiero cambiar el mundo, y en vez de eso, duermo 
Quiero creer en algo más que tú y yo 

Pero todo lo que sé es que estoy respirando 
Todo lo que puedo hacer es seguir respirando 
Todo lo que podemos hacer es seguir respirando ahora 

En estos precisos momentos me siento en un estado catatónico similar al de la canción. Podría caer un meteorito en frente de mi edificio y me daría lo mismo. Podría empezar a caer nieve con sabor a chocolate y me daría lo mismo. Podría venir el hada de los zapatos y regalarme una docena de Manolo Blahnik y me daría lo mismo. Bueno, quizás haría un esfuerzo por esbozar una sonrisa a la mujercita alada, pero eso sería lo máximo que podría lograr. Y es que tengo de visita a los primos hermanos de Depresión: Desánimo y Apatía. ¿Y por qué están aquí? Porque en cierta forma así lo quise y dejé que mi parte más oscura y retorcida volviera en gloria y majestad. 

Sobra decir que soy bastante rara y contradictoria, porque así como soy de llorona y depresiva, también soy payasa y superficial y hace tiempo decidí que lo mejor era potenciar ese último lado y andar con un pony por la vida. Dejé de preocuparme tanto, de echar puteadas a Dios, Buda y Satán y comencé a ver el lado positivo de mis yetazos. 

Y con respecto a los pasteles, dije “no más”, ya sé cuál es mi patrón así que simplemente huyo de los que se aproximan a él. La última historia sin pies ni cabeza decidí cortarla y fui en contra de mi naturaleza, no volví a llamar ni a mandar ningún mensaje/whatsapp/line y me la saqué de la cabeza. Y juraba de guata que había funcionado. 

Mi existencia ha tenido múltiples cambios este año y eso también me está pasando la cuenta. Decidir ir por el camino desconocido guiada solo por mi instinto es emocionante, pero también muy frustrante. Estoy acostumbrada a que las cosas me cuesten el doble que el normal de la gente, así que no me quedó otra que armarme de paciencia. 

Tal vez me equivoqué y no me cuesten el doble, sino que el triple. 

O quizás cuatro veces más. 

Tal vez cinco... 

¿seis? 

Y así empecé a cuestionarme cuánto tiempo más podría aguantar sin venirme abajo. Pero no, había que mantener el optimismo a toda prueba, porque conocía las bravuconadas de Dios, Buda y Satán que nunca dejaban que me saliera con la mía tan rápido. Y vaya éxito que estaban teniendo en eso, pero no me quejé ni los culpé, porque asumo que cumplen con su papel de divinidades caprichosas no más. 

Mientras tanto mi viejo amigo Insomnio comenzó a visitarme, pero lo ignoré en mi afán de seguir manteniendo el control de la situación. Aunque a esas alturas ya estaba frita, porque si no duermo, me pongo a pensar, a pensar y a pensar y de esta forma, los pajaritos pequeños y adorables que habitan en mi cabeza se empiezan a transformar en horrendos buitres. 

Sumado a eso vino la presión del “¿y ahora qué? ¿qué vas a hacer?”. ¡Demonios! Creo que esas malditas preguntas me van a perseguir eternamente, al igual que mi respuesta: No sé. Y así empecé a ceder a la inseguridad y a preguntarme muy en serio, si de verdad es tan malo ser como esas personas simplonas que se conforman con tener un trabajo aburrido que les dé estabilidad por los siguientes 30 años. Tal vez no sea tan terrible intentar ser normal, pero dicha sea la verdad, no creo que aguante traicionarme a mí misma. O quizás sí, no lo sé. 

Y para colmo de males mi sexto sentido se activó durante lo poco y nada que lograba dormir en las últimas semanas y comenzó a mostrarme en sueños lo que me negaba a admitir: la historia sin pies ni cabeza me seguía importando, por mucho que lo negara. 

Esa fue la gota que rebalsó el vaso. 

Si mi propia cabeza me estaba traicionando, pues entonces era hora de tirar la esponja y mandar a mi pony de vacaciones. Y lo hice. 

Y aquí estoy ahora, con ánimo solo para poder seguir respirando mientras pasa la nube negra. Es cosa de tiempo nada más. Siempre es así. 

Y como a mí siempre me pasan cosas raras, me disponía a bajar un archivo y el captcha que debía escribir era el siguiente: 

“It will pass”. 

Pasará. 

Ya lo sé. 

PD: Dios, Buda y Satán son muy ingeniosos y modernos para dar sus mensajes.

En sus zapatos...

Te hablo como a una amiga 
Espero que en eso te hayas convertido 
Se siente como si hubiéramos hecho las paces 
Como si hubiéramos encontrado un modo de hacerlo 

Fuiste tú quien recogió los pedazos 
Cuando era un alma rota 
Y luego me reconstruiste 
Me devolviste lo que otros robaron 

No quiero herirte 
No quiero hacerte dudar 
Como sé que lo he hecho antes 
No lo haré más 
Siempre he sido un soñador 
Tenía mi cabeza entre las nubes 
Ahora que estoy descendiendo 
¿No quieres ser mi tierra firme? 

Te miro y veo una amiga 
Espero que quieras ser eso 
¿Estamos regresando ahora donde todo empezó? 
¿Me has perdonado finalmente? 

Reuniste mis sueños 
Cuando todos se habían ido lejos 
Y luego los engañaste para que volvieran a mí 
Me salvaste cuando estaba casi muerto 

No quiero herirte 
No quiero hacerte dudar 
Como sé que lo he hecho antes 
No lo haré más 
Siempre he sido un soñador 
Tenía mi cabeza entre las nubes 
Ahora que estoy descendiendo 
¿No quieres ser mi tierra firme?

No quiero herirte 
Como sé que lo he hecho antes 
No lo haré más 

Este ha sido un año extraño. No sé si es porque he tenido demasiado tiempo para pensar o porque estoy en una especie de transición en mi vida, pero he ido entendiendo varias cosas que pasaron hace años atrás. Y no es que haya estado buscando esas respuestas, sino que más bien me llegaron de casualidad. Tal como esta canción, por ejemplo. Es de una de mis bandas favoritas, la tengo en mi celular y me encanta, pero nunca le presté mayor atención a la letra. En una de mis tantas noches de insomnio la escuché atentamente y me cayó la teja: ¿Acaso soy la niña de la canción? ¿Esto fue lo que le pasó a Michael?. Quedé casi en shock, porque a pesar de que la empatía es casi como una filosofía de vida para mí, creo que nunca me puse en sus zapatos ni me pregunté qué sentía realmente. Todo siempre giró en torno a lo que le pasaba a la pobre princesa en desgracia que por primera vez no podía tener lo que quería. Egoísta y caprichosa, como siempre. 

Y ante mi repentina inquietud, tuve que preguntarle al susodicho si efectivamente esta era “su” canción. Una vez más tuve que ponerlo entre la espada y la pared, pero después de tantos años, creo que ya está acostumbrado a mis arrebatos inentendibles. La respuesta fue un sí. Para mí eso es muy ¡wooow!, tan así que ni siquiera sé cómo explicarlo. Sólo sé que es agradable saber que soy así de importante en la vida de alguien. De una u otra forma siempre me lo hiciste saber, pero nunca te creí y recién ahora me doy cuenta de que efectivamente era así. En fin, más vale tarde que nunca. Ah! Y perdón por desordenarte la cabeza, pero tal parece que ese es el efecto que causo en todas las personas que conozco, aunque ese ya es otro tema.

Autoentrevista



Hace dos días atrás estaba hojeando un libro y vi la fotografía de un tipo arrodillado y exhausto 
Y dije “Lo entiendo” 
Porque últimamente he estado pensado en explotar como unas merecidas vacaciones 
De las responsibilidades del planeta Tierra, como la gravedad, la hipocresía y los peligros de estar en 3D Pero pensando de manera tan diferente

Como suele ocurrir con mi dispersa cabecita, me acordé de unas cosas que había escrito hace una porrada de años y que debían estar con telerañas en los archivos de mi correo no formal. Me puse a buscar en correos del año de pera y encontré lo que buscaba, además de tonteras como fotos ridículas, conversaciones pendejas y esta autoentrevista que tuvimos que hacer en segundo año de Periodismo. Y ya la había olvidado por completo. Me hizo gracia leerla y me pregunté por qué no la publiqué acá si esta cuestión era como mi diario de vida en esos años, así que ahora lo haré. 

Hay tantas cosas que han cambiado... Por ejemplo, amplié mi gama de colores de esmaltes de uñas al infinito y ya no sólo uso el color negro, lo que también aplica para la ropa. Las chapulinas fueron reemplazadas por chinitas, los anteojos por lentes de contacto, ya no fumo, pero sigo igual de chascona, pesada, con la cabeza llena de pajaritos y aún me importa un bledo lo que opinen de mí.

En fin... ¿Y canción para esto? “Pardon me” de Incubus. Totalmente ad-hoc para la inconformista que era y sigo siendo.


La singular historia de una futura periodista 
Cuando te pierdes y te vuelves a encontrar 
No todos pueden hablar de crisis existenciales y vocacionales - ya sea por miedo a quedar tildados de locos o extraños- pero ese no es el caso de Jennifer López, quien en esta ocasión devela detalles de cómo sobrevivió al peor momento de su corta vida

Camina con paso apurado, sin mirar a la gente que pasa a su alrededor, concentrada –al parecer- en la música que sale del pequeño mp3 que trae en su mano izquierda. Tiene el aspecto alternativo de cualquier veinteañera que se niega a seguir la moda. El cabello largo sin un corte definido, gafas ópticas de color burdeo que recuerdan a algún rockstar, jeans y camiseta de color negro y las infaltables chapulines desgastadas, conforman la apariencia de Jennifer López Ramos. Ella es una joven estudiante universitaria que llegó hace ya casi dos años a las aulas de la Escuela de Periodismo. Ni ella misma creyó posible llegar al mundo de las letras. Es por ello, que desde sus propias palabras ahondaremos en este hecho y en la particular forma de ver la vida que tiene esta joven promesa de las comunicaciones. 

En las afueras de la Escuela de Periodismo, con el busto de Andrés Sabella observando a los estudiantes, Jennifer se aproxima a las bancas. “Perdón por el atraso”, se excusa con una sonrisa mientras se desprende de los audífonos y toma asiento. 

-¿Siempre llegas tarde a tus citas? 
Claro que no. No a todas, a clases siempre llego a tiempo. Eso si debo admitir que a cualquier otro compromiso, me cuesta bastante llegar puntual. Siempre surge algo y terminó llegando 10 minutos tarde. Eso sí, tampoco soy tan desubicada como otra gente. Por lo menos no soy un caso extremo sino más bien normal, diría yo. 

- Con “otra gente” imagino que te refieres a tus compañeros 
Sí, no soporto estar en clases y que lleguen media hora después de lo que corresponde. Va a sonar muy ñoño, pero es una falta de respeto hacia el profe, porque lo interrumpen y a nosotros, porque nos desconcentramos, aunque sólo estemos dibujando en el cuaderno. Tal vez no soy muy tolerante o tiendo a exagerar, pero hay mucha gente que necesita de una buena dosis de “ubicatex”. 

Jennifer sostenía entre sus manos una mochila. La deja a un lado para estar más cómoda y notamos que lleva las uñas pintadas de negro. 

- Eres bastante dura con tus compañeros, ¿Siempre has sido así?
Sí, siempre he sido así. En la media, junto a mi amiga Yeny, podíamos sacarle el rollo a todo el curso y entre más descubríamos, más nos caían mal. Éramos muy agujas y observadoras. Sólo a unos pocos les dábamos el visto bueno. Ahora es lo mismo, creo. 

- ¿Te crees superior al resto? ¿Eso quieres decir? 
No, no es eso. A ver cómo te explico… 

La joven piensa unos instantes, jugueteando con sus pequeñas manos y mirando en dirección a Sabella y comienza a hablar nuevamente. 

En ese entonces, con mi amiga nos definíamos como inadaptadas sociales. Éramos iguales a Daría y Jane -no sé si recuerdas esa serie de MTV- quienes tenían una visión casi apocalíptica del mundo en general, sintiendo que nunca iban a encajar en el mundo Bilz y Pap de sus compañeros. Recuerdo perfectamente que mientras todos bailaban axé, nosotras nos quedábamos leyendo o hablando de fantasmas –qué profundo- y música. Nos interesaba todo lo que lo que al resto le era indiferente. Si todos iban a la derecha, nosotras íbamos hacia la izquierda. No nos importaba quedar como fenómenos o antisociales, porque pensábamos que los tontos eran ellos. 

-Dices que no te crees superior al resto, pero si hay cierta soberbia en lo que acabas de afirmar
Puede ser, pero piensa que tenía sólo 14 ó 15 años. A esa edad si piensas diferente al resto, puedes darte el lujo de ser un tanto arrogante. 

-¿Te consideras soberbia? 
(Sonríe) Mentiría si te dijera que no, pero no me creo superior al resto. Eso que quede claro. Es algo casi innato en mí, siempre ha sido una de mis características distintivas. No es muy buena, pero es lo que a primera vista se nota. Incluso el otro día, en una clase de Psicología Social, nos dieron un ejercicio para definir ciertos rasgos y en cuanto dijeron soberbia, mis amigos me miraron y dijeron “Ya Jenny, dinos”. En ese momento, me sorprendió pero luego me dijeron que cuando había llegado, era demasiado soberbia aunque ahora que me conocían, podían decir que no era tanto.

-¿Por qué crees que pasó eso cuando llegaste a tu nueva carrera?
Creo que por el hecho de ser mayor, de haber estado ya varios años en la universidad y porque igual sentía que sabía muchas cosas que el resto en su vida iban a ver. Tanto antes como en el hecho que planteas, creo que la soberbia me nace cuando creo ir un paso más adelante. Eso como dicen por ahí: “Cuando ustedes van, yo ya vengo de vuelta”. Lo bueno es que sé aterrizar y no me creo el cuento. Si alguien viniera y me dijera que escribo como los dioses, no le creería. En ese sentido, soy más humilde, más sopita de pan. (Risas) 

- ¿Qué tan difícil fue el cambio de una carrera científica a una humanista? 
El rostro de la joven se pone un poco más serio, sin dejar de mirar a los ojos del interlocutor y comienza a jugar con sus largos cabellos negros. No fue tan difícil, lo complejo fue todo el proceso previo. Eso sí fue duro, pero llegar aquí no me resultó complicado. A excepción de lo que te decía anteriormente, estaba encantada porque sentía que por primera vez en mi vida estaba en el lugar correcto, en el momento correcto. Además, por mis peculiares antecedentes académicos, sentía que los ojos estaban puestos en mí –aunque no sé si habrá sido así realmente- y eso lejos de amedrentarme, aumentaba mis ganas de hacer las cosas bien.

“Me gustan los desafíos”, expresa con una sonrisa en los labios mientras levanta una de sus cejas con picardía. 

-Antes estudiabas Licenciatura en Física, el cambio es impresionante y sin mucha lógica ¿Por qué lo hiciste?
Sé que no tiene lógica para el que lo escucha, me lo viven diciendo. Respecto a por qué lo hice, las razones son muchas y se remontan a muchos hechos. Si lo hice, es porque creía –y creo- haber encontrado la carrera perfecta para mí, una que mezcla todo lo que me gusta hacer y porque sentí que desde aquí puedo ser un aporte para el mundo, aunque sea para una mínima parte. 

- ¿A qué hechos te refieres puntualmente? 
Podría estar hasta mañana hablándote y aún así no terminaría. ¿Te molesta que fume? 

-No, para nada. No tenía en mis datos que fumaras… 
La futura periodista enciende un cigarrillo, aspira profundamente y continúa. No, no lo hacía. En muy contadas ocasiones fumaba para mitigar los nervios y ahora no sé realmente porque lo tomé como rutina. Imagino que es porque veo un tanto pesado este semestre y me estreso de solo pensarlo, pero dejemos mis nuevos vicios de lado y te contaré lo que sucedió 

-Ok. Continúa, por favor 
Como te decía al principio, siempre me creí distinta al resto aunque en realidad no fuera así, no lo sé. En la media, sin mucho esfuerzo me iba relativamente bien en todos los ramos, ninguno se me hacía muy complicado a excepción de Biología y Química. Aún así, tomando siempre todo como un gran desafío personal, entré al electivo biológico porque quería estudiar Medicina Veterinaria. Pasaron unos meses y me di cuenta de que eso no era lo mío y me dio con las matemáticas y física. A mis manos llegó un folleto de la universidad y sus carreras y de inmediato me llamó la atención Licenciatura en Física. Se veía tan difícil y llena de ramos que ni siquiera sabía qué eran, que sin pensarlo dos veces dije “Esto quiero estudiar”. Me preparé y logré entrar. En realidad, no sabía lo que quería pero era demasiado orgullosa como para admitirlo y demasiado caprichosa para no conseguir lo que me había propuesto.

-Eso quiere decir que siempre supiste que no era lo tuyo 
Así es, además de que era muy inmadura. No sabía lo que quería, ni donde estaba, ni quien era realmente. Por fortuna, me di cuenta rápidamente de que estaba haciendo las cosas mal, pero fue un proceso lento y es por eso que me demoré tanto tiempo en encontrar mi lugar en el mundo. 

-¿Cómo fueron esos años? 
Estuvieron llenos de confusión y crisis existenciales que no se las daría a nadie, pero como te dije me di cuenta a tiempo. En ese tiempo, recuerdo haber escuchado a alguien decir: “Lo que somos ahora –en la juventud- es lo que seremos siempre, si no cambias en este momento, no lo harás nunca”. Fue lo mejor que pude haber escuchado. Me hizo aterrizar y darme cuenta de que no quería seguir siendo la mocosa caprichosa y altanera que era capaz de mentirse a si misma con tal de negar la realidad. En vez de estudiar, me dedicaba a observar el comportamiento de la gente y de los que me rodeaban, decidí no ser como ellos. No quería llegar al punto de querer cambiar y no poder hacerlo por miedo. Me impuse como regla, no tener miedo a los cambios y a no perder jamás el contacto con mi yo interior. 

-¿Alguien te ayudó en esos momentos? 

El cigarrillo se acaba y enciende otro, mientras sus ojos parecen mirar los fantasmas del pasado. 

Sí, Paulo Coelho. En serio, suena estúpido pero es verdad. Yo creo que me faltó muy poco para matarme, pero leí “Verónika decide morir” y las ganas de irme al otro mundo se me pasaron. Me sentí muy identificada con el personaje de Verónika, sentía lo mismo que ella y decía “No quiero estar al borde de la muerte para recuperar las ganas de vivir”. Si lees ese libro, me podrás conocer un poco más. Ahora llevándolo al plano real, en el primer año de universidad tuve un compañero que había pasado por lo mismo que yo. Durante unos seis meses fuimos muy cercanos, si tenía una crisis iba donde él y me consolaba con sus palabras. Creo que nunca supo cuán importante fue en mi vida. Él fue una de esas personas que pasan por tu vida de manera breve y silenciosa, pero que dejan marcas imborrables. 

-Tú eres de Calama, estabas sola aquí ¿Qué sucedió con tus tías? ¿Ellas nunca se enteraron de esto? 
No, era algo que tenía que hacer sola. No fue falta de confianza, para nada, es sólo que debía hacerlo a mi manera. De lo único se enteraron fue de la crisis vocacional, pero tampoco podían hacer mucho. 

-¿En qué momento ocurrió? 
A finales del segundo año. No soportaba los ramos que tenía y prefería leer a Isabel Allende, antes que agarrar un libro de Cálculo. Sabía que no tenía que estar allí pero no sabía donde ir. No lo sabía y era desesperante. Terminé con depresión, insomnio y alergias y con una familia que no sabía qué hacer conmigo. Mis tías insistían en que hiciera la PSU pero no quise. Ni yo misma entendía lo que pasaba. Seguía prolongando todo y me di los ánimos suficientes para volver al otro año. Lo hice, pero cuando tuve que abandonar una clase de astrofísica porque casi me pongo a llorar de la impotencia de no saber qué hacía allí, decidí que había tocado fondo y que ya era hora de hacer algo. 

-¿Qué hiciste entonces? 
Pedí hora con la psicóloga y la orientadora. Tenía el orgullo por los suelos, ya que tuve que admitir que necesitaba ayuda y no bastaba con la mía o la de mis amigos y familia. La joven permanece en silencio y la sonrisa que acompañaba sus labios se borra al recordar esos años. 

- ¿Cómo llegaste a elegir periodismo? 
Por una pregunta muy simple que me hizo la orientadora: ¿Cómo te ves dentro de 10 años? Yo fiel a mi estilo, le dije que no me gustaban los planes y que era muy difícil responder eso. Insistió y se me vino a la cabeza “Como periodista”. El porqué lo dije, aún no lo sé bien. De hecho en ese momento fue bastante confuso. Era lo que había estado negando –una vez más- puesto que había visto la malla curricular y me habían gustado bastante los ramos, pero era demasiado el cambio. Incluso para mí.

-¿Qué hiciste cuando descubriste que querías ser periodista?
Buscar otras alternativas que no fueran tan radicales. Primero tuve que convencerme a mí misma y dejar de poner excusas. Eso por una parte y prepararme para que ardiera Troya, porque si bien mi familia estaba 100% conmigo, un cambio así descolocaría a cualquiera. 

-¿Qué pasó cuando les dijiste que el periodismo era lo tuyo? 
Mi tía Miriam –quien es la que manda por decirlo así- puso el grito en el cielo. Ella pensaba que si me cambiaba, iba a ser a una ingeniería o algo similar pero no a periodismo. Eran tres años perdidos totalmente. Lo que más le dolía era el dinero malgastado. Suena feo, pero la entendía. Ella ha hecho un esfuerzo sobrehumano con tal de tenerme aquí, por lo que su enojo me dolió pero lo entendí. 

-El apoyo familiar en estos casos resulta vital, ¿Cómo pudiste mantener tu decisión entonces? 
Si contaba con mi familia, es sólo que estaban demasiado choqueados. Era cuestión de tiempo. Mientras tanto todo esto lo mantenía en absoluto secreto. Nadie sabía de mis planes, a excepción de mi amiga y compañera de curso, Naty. Ella fue el mayor soporte que tuve en esos momentos, ambas estábamos viviendo un proceso por el que no todos pasaban y el apoyo mutuo era indispensable. Yo creo que si no hubiese tenido eso, nunca me hubiera animado a hacerlo. 

La sonrisa vuelve a los labios de Jennifer, quien toma su mochila y busca en el interior su teléfono celular para ver la hora. La Escuela de Periodismo comienza a llenarse de alumnos que salen de clases y otros que vienen a ellas. 

-¿Qué podrías decirle a las personas que quieran cambiar algo en su vida y no se atreven a hacerlo? 
Que no tengan miedo a cambiar ni a los cambios en su vida. Perderse para volver encontrarse, como dijo Fuguet por ahí. A todos les puede pasar, solo que no todos son capaces de volver a encontrarse. Hay que ser valientes y tomar las riendas de tu vida, porque nadie lo hará por ti. Por muy solos e incomprendidos que se sientan, siempre hay una mano que te afirma antes de caer al abismo. No hay que soltarla, si lo haces estás perdido. Y lo más importante: mantenerse fiel a lo que eres y si no sabes quien eres, descúbrelo. Nunca es tarde para hacerlo y puedes llevarte gratas sorpresas en el camino. 

“Debo ir a clases”, afirma Jennifer mientras se levanta. Dirige una sonrisa antes de despedirse y perderse entre los futuros periodistas. Se mezcla entre los estudiantes y nadie podría deducir la curiosa historia que hay detrás de ella.

Adiós amiga mía


Escucha niña pequeña 
Llegará un día en que serás capaz de decir 
No importa el dolor o los agravios 
Tú sabes que hay un mejor manera 
 Para que estemos tú y yo 
Busca el arcoiris en cada tormenta 
Vuela como el ángel que el cielo me envió 

 Adiós amiga mía 
Sé que te fuiste, dijiste que te fuiste, pero aún te siento aquí 
No es el final 
Tienes que ser fuerte antes de que el dolor se convierta en miedo 
Me alegra que lo hayamos logrado 
El tiempo nunca podrá cambiar eso 

 Solo una niña pequeña, gran imaginación 
Nunca deja que nadie se la quite 
Fue al mundo 
¡Qué revelación! 
Ella descubrió que hay una mejor manera 
Para que estemos tú y yo 
 Busca el arcoiris en cada tormenta 
Ten por seguro que el amor estará ahí para ti 
Tú siempre serás la nena de alguien 

 Adiós amiga mía 
Sé que te fuiste, dijiste que te fuiste, pero aún te siento aquí 
No es el final 
Tienes que ser fuerte antes de que el dolor se convierta en miedo 
Me alegra que lo hayamos logrado 
El tiempo nunca podrá cambiar eso 
Tú sabes que es hora de decir adiós 

 Las veces en que jugábamos 
La forma en que solíamos gritar y chillar 
Nunca soñamos que seguirías por tu propio dulce camino 
Busca el arcoiris en cada tormenta 
Ten por seguro que el amor estará ahí para ti 
Tú siempre serás la nena de alguien 

 Adiós amiga mía 
Sé que te fuiste, dijiste que te fuiste, pero aún te siento aquí 
No es el final 
Tienes que ser fuerte antes de que el dolor se convierta en miedo 
Me alegra que lo hayamos logrado 
El tiempo nunca podrá cambiar eso 

 Tú sabes que es hora de decir de adiós 
Y no olvides que puedes confiar 
Tú sabes que es hora de decir adiós 
Y no olvides que en mí puedes confiar 
Te ayudaré en tu camino 
Estaré contigo todos los días

Nunca he sido buena con las despedidas ni con la forma en que corto relaciones con una persona y es algo que definitivamente tengo que cambiar, porque suelo desaparecer sin dar explicaciones. Así de simple. Mi talibanesco modo de actuar se debe a que mi niveles de paciencia se van a pique de manera estrepitosa, lo que sumado al enojo y a la decepción hacen que diga “hasta aquí llegamos”. Y antes de decir cosas de las que después me puedo arrepentir, prefiero hacerme humo. 

Y en este caso en particular, creo que fue lo mejor. Esta vez cada una tenía un camino muy diferente por recorrer, pero debíamos hacerlo solas. En lo personal, yo no quería estar cuestionando tus decisiones una y otra vez y si no podía ser el apoyo que necesitabas, era mejor dar un paso al costado. Habría sido genial poder compartir nuestras nuevas vidas, pero ya sabes, no siempre se puede tener todo lo que uno quiere. Supongo que es lo que Dios/Buda/Satán querían para nosotras. 

No sé si alguna vez nos volveremos a encontrar o a hablar de nuevo, pero eso a estas alturas ya no importa. Sé que estás bien, yo estoy de pelos y eso es suficiente. La canción lo dice todo, pero hay algo que quiero destacar: no olvides que siempre podrás confiar en mí.

Adiós

Jen.-

Sink or swim?

Quién iba a pensar que un simple “click” pudiera ser tan importante. El primer paso hacia una nueva vida. El término de una etapa. Una nueva oportunidad. Etcétera. Presionar el botón “enviar” nunca causó tanto miedo como hasta ahora. ¿Será que nos estamos haciendo demasiado viejas? Aún no llegamos a los 30 y ya nos está dando una crisis de pánico por la hoja en blanco que es nuestro futuro.
Admito que pensar en lo que se viene me provoca ganas de vomitar y salir corriendo como loca por todo el pueblo, pero no lo hago. Intento respirar... respirar profundo. Deberías intentarlo, funciona la mayoría de las veces. Y en un caso extremo uno siempre puede recurrir a la bolsa de papel y listo.
Se nos cumplió el plazo de los dos años de experiencia laboral en el currículum. El tiempo pasó volando y aquí estamos. O seguimos disfrutando de nuestra cómoda pero rutinaria vida o nos vamos en búsqueda de ese algo que no sabemos qué es, pero que reconoceremos cuando lo tengamos.
A fin de cuentas, ¿qué es lo más terrible que podría pasar? ¿Qué no resulte? Hemos pasado por cosas peores y seguimos con una gran sonrisa en la cara. Somos sobrevivientes, no lo olvides. Sea cuál sea el rumbo que tomemos, que la decisión salga del corazón. Total, en 20 años más nos vamos a estar riendo de todo esto.



Atrapado en medio del fuego cruzado
Perdí mi equilibrio en la cuerda floja
Tratando de averiguar qué hacer
Presionado hasta el límite
Todo a mi alrededor es traición
No quiero hacerte eso a ti

Aviones kamikaze en el cielo
¿Vamos a caer o vamos a volar?
Esto podría ser un naufragio en la costa
O podríamos navegar por siempre
Esta vez es hundirse o nadar

Escuchando una canción en tu risa
Una melodía que voy persiguiendo
Nadie más ha causado esto en mí

Aviones kamikaze en el cielo
¿Vamos a caer o vamos a volar?
Esto podría ser un naufragio en la costa
O podríamos navegar por siempre
Esta vez es hundirse o nadar

Respira profundo
No queda más tiempo
Esto es lo que pensé que quería
¿Por qué tengo miedo?