Ðark Lady

Acerca de tødø y nada a la vez

The one who came from Saturn



Oh no, not again. Kill me, just kill me please. It's the best thing you can do for a wallflower like me. I can't handle it. Not him, no. I know I'm overreacting, but you don't get it. We speak the same language, if I'm from Jupiter, he's from Saturn. We're from the same neighborhood, so he knows what it feels like to be an alien in the Earth. I was so thrilled when I discovered it. 

Seriously, even with his inner darkness and confusion... he shines. It's not a joke, I really mean it. Watch him smiling and you'll be agree with me. Yeah, he doesn't smile too often, but trust me, you can see the sparkles from stellar dust around him. I'm being such a corny person right now but fuck it, who cares.

Like I said, I was thrilled but at the same time too scared to do something. I mean, I couldn't say a word in front of him, not only because of my ridiculous teenage behavoir, which i'm not even try to excuse, but he's the kind of guy that stares at you and it's impossible to lie or say something too polite. So, let's be honest, everyone knows that I screw it up when I say everything that I have in mind. 

If I couldn't speak, do you really think I had a chance? Of course not. This is probably the first time I'm not comfortable being invisible. I need to read a book called “speaking with humans for dummies” as soon as I can and maybe doing that I will stop hating myself. Jesus Christ! I found the one who came from Saturn and I didn't do anything! I deserve it, Lord, I deserve it. 

The one who came from Saturn, a weirdo just like anyone who doesn't belong to this world but he's not an outcast like the rest of us. Not at all. Everyone loves him because he's so trustworthy, kind and a very good listener. He probably knows more secrets and problems than a priest. I could go on and on foverer with the list of things that makes him different but it's a waste of time. I screw it up once again. I deserve this feeling of nothingness. So, can you kill me now? Please?

El túnel



¿Alguna vez terminará?
No sé cuánto tiempo ha pasado
Pero llevo una eternidad corriendo dentro del túnel
¿Alguna luz al final?
Quizás
Ya no distingo bien en la oscuridad
Pasará
Pasará
Pasará
Todos dicen que pasará
Ya sé que pasará
Solo quiero saber cuándo
¿Dios?
¿Buda?
¿Satán?
¿Acaso estoy pidiendo mucho?
Quizás sí
Quizás no
De vez en cuando aparecen espejos al costado del camino
Los evito
Siempre les tuve terror
De noche no distingues a la sombra que aparece reflejada en ellos
Se supone que eres tú o algo parecido
Y para qué mirarlos
Ni siquiera con la luz del día sabría decir quién está allí
Porque la persona que entró al túnel
No es
Ni será
La misma que saldrá
Si es que algún día sale de ahí

Jaded



- Hey! J-j-jaded 
- Miss Jaded al habla 
- ¿En qué estás? 
- Rascándome igual que perro con pulgas 
- Iuug! ¿Y eso? 
- Me volvieron las alergias nerviosas 
- Oh no 
- Oh sí. Del horror. Era tan feliz porque habían disminuido en un 3500% por no comer carne, pero me olvidé de mi estúpido sistema nervioso que canaliza como alergias el estrés/depresión/ansiedad/desequilibrios-varios 
- Pinta mandalas, quizás te sirva para relajarte. Todas las weonas locas que conozco pintan mandalas 
- Y por lo visto solo falto yo. Lamento decepcionarte, pero pinto como el orto. Me estresa, siempre cagaba mis lindos dibujos al pintarlos 
- Otra cosa entonces, no sé, tejer 
- ¿Acaso tengo 70 años? 
- Pero algo para distraerte weona pesada 
- Pero no con manualidades. Me quedan feas porque me aburren. Me dedico a esas mierdas y terminaré peor 
- Sigue con tus alergias entonces, no te quejes 
- No me quejo, solo lo comentaba
- Mmm 
- No será ni la primera ni la última vez que pierda un par de capas de piel 
- Sí, lo que digas... ¿Es por el bosque? 
- Sí, ni puta idea de dónde está y me presionan de todos lados. Como si no supiera que estoy en cualquier lado menos en el que “supuestamente” me corresponde 
- Pobre nena. La eterna desgracia de la reina del hielo 
- Claro, los malos también sufrimos 
- You're thinking so complicated... Ese es el problema. Steven lo sabe 
- Puede ser, no sé. La mentira más recurrente que digo últimamente es “sí, si lo voy a pensar”
- Y no lo haces 
- No. Quiero que me dejen tranquila. La gente no entiende a los espíritus roedores como uno 
- Niña, si vinieras con manual de instrucciones, de seguro sería más grande que la biblia. Imposible seguirte 
- Bueno, no sé. Soy un animal presa. No me pueden obligar a salir de mi refugio si no me siento segura 
- ¿Y si te dan una zanahoria para que salgas? 
- Ja ja. Con galletas quizás lo pensaría 
- No, pero en serio. Algún día tienes que dejar de esconderte 
- No quiero 
- Entonces vas a quedar sin piel 
- No sería la primera vez 
- ¿Por qué siempre tienes que ser tan extremista? 
- Porque me perdí las clases sobre cómo tomar decisiones sin dejar la cagada 
- Buen punto ¿Y entonces? 
- No sé, entre más expectativas me echan encima de los hombros, es peor. Hay seres sobrevalorados y yo 
- No entiendo cómo cresta te puede molestar que confíen en ti weona. Ojalá alguien diera un peso por mí. Snif! 
- Déjate. No sé, no me gusta 
- Igual es raro que el roedor no quiera salir de la madriguera para ir al bosque 
- ¿Y si sale, no sé, un águila o un tigre? Los roedores viejos ya no corren tan rápido 
- ¿Un tigre? Es un bosque, no la selva africana 
- Como sea, con mi suerte puede aparecer hasta Tutankamón en el camino 
- Qué mina más desesperante 
- Es parte de mi encanto ¿ya? 
- Como sea, entiendo el punto, pero tienes que dejar tu escondite 
- Me niego, me gusta ser invisible 
- Alguien que tiene un abrigo rosado barbie no es invisible precisamente 
- Nada que ver, eso es ser hueca no más 
- Sí, claro. Tienes que hacerle caso a Kim Tan 
- ¿The Heirs? Yo no soy heredera de nada, ahí te perdiste 
- Si sé que somos pobres, pero lo cito por eso que habla al final 
- Ay no sé, me cargó ese drama de mierda. Lo vi solo por el mijito rico de Lee Min Ho, nada más 
- “El que quiere llevar la corona, debe soportar su peso”. Una wea así 
- ¿Ya? 
- Tarde o temprano vas a tener que dejar de hacerle el quite a todo 
- Aaaagg! ¿Por qué? 
- Porque sí y punto 
- Van a tener que poner una galleta Toddy gigante al final del camino entonces 
- Si es necesario... 
- Maldición. Te odio a ti y a todo el mundo 
- I love you too, dear Jaded 
- Whatever

Rodentia / Lagomorpha




En las preguntas fundamentales que te pueden hacer en la vida está una que me parece muy relevante y es la siguiente: ¿Cuál sería la figura de tu Patronus? Una vez me lo consultaron muy seriamente, pero me hice un nudo porque me acordé de todo el reino animal (menos de las palomas) tratando de elegir al que se viera más bonito de color plateado. Muy profunda mi reflexión, como siempre. La cuestión es que ahora sí sé cuál sería mi Patronus y estoy segura de que es una cobaya haciendo popcorning de aquí al infinito.

Dicha sea la verdad es que amo a todas las especies de roedores y conejos del mundo. Como me enseñó María Alejandra hace siglos atrás, hay que hacer la distinción, no son lo mismo. Rodentia y lagomorpha, mis almas gemelas en versión orejudas, dientonas y asustadizas. Por mí yo tendría una casa llena de cobayos, conejos, chinchillas y hasta un capibara de tanto que me gustan. Como la vieja solterona de los gatos, pero en versión exótica.

En mi casa siempre hubo perros, los adoraba y me encantaba jugar con ellos desde pequeña aunque quedara llena de pelos y langüeteada entera, pero solo cuando adopté una coneja supe lo que era tener una mascota con tu mismo carácter. Los perros te miran con cara de amor eterno cuando saben que eres su dueño y no toma mucho tiempo que se acostumbren a ti, por lo que me llevé una gran sorpresa cuando la pequeña Clío María, de orejas grandes y suave pelaje gris, en vez de observarme con cara de “uyyy qué linda es mi nueva dueña” lo hacía con cara “ayyy dioh mío sácame de aquí”.

Por más que le hacía cariño no había forma de calmar sus nervios ni quitarle la mirada de espanto. Tomó varios días lograr que dejara de esconderse debajo de la cama y que se animara a caminar por la casa. De a poco y gracias a la ayuda de la comida, se fue ganando mi confianza hasta que finalmente decidió acostarse a mis pies y cuando ya se sintió a sus anchas, se apoderó de todas las habitaciones. Dormía donde quería y te empujaba con la cabeza si no deseaba compartir contigo la cama o el sillón. Si hablábamos mucho y ella estaba descansando, soltaba un bufido y se retiraba indignada a otro lugar más pacífico.

Eso sí, podía estar en el quinto sueño pero si sentía el olor de las frutas que más le gustaban, despertaba de un golpe y literalmente arrasaba con todo para llegar a tu lado y quitarte lo que fuera que estuvieras comiendo. Si tenía que quitártelo de la boca, lo hacía. Teléfonos y controles remotos cayeron una y otra vez por culpa de ello. Y si por esas cosas de la vida se me ocurría dejar cachureos encima de mi cama, Clío se encargaba de sacarlas del camino empujándolas con un ímpetu que no dejaba de sorprenderme. Al final terminaban en el suelo porque no paraba hasta que conseguía tirar todo lo que le molestara.

A esas alturas, quedaba claro que de animalito tierno y sumiso poco tenía. Era la diva Clío. Y de eso me culparon a mí. “Es que se parece a ti, qué más quieres”, me dijeron. No encontré argumentos para rebatir esa acusación. En esos años de universidad, tenía que ir y venir constantemente, lo que no era de su agrado. Apenas veía bolsos armados, gruñía y no había forma de que pudiera despedirme. O no se dejaba tomar o se escondía debajo de la cama. “¡Clío, despídete!”, así tenían que decirle en tono fuerte para que dejara de escaparse y poder darle un beso. Siempre hizo lo mismo, excepto una vez. Ya me estaba por ir cuando salió de la pieza y se quedó viéndome desde el pasillo sin hacer nada. Le tiré un par de besos y me fui. Ella murió a los pocos días y terminó de poner la guinda de la torta a un año de mierda.

Después de eso, quedé hecha polvo y en mi casa no querían otra mascota. Aunque era una pequeña tirana, mordía los cables y prácticamente había que hacer guardia frente al árbol de Navidad cada año para que no se lo comiera, era la regalona de la familia. El camello del pesebre quedó sin oreja por su culpa, pero aún así se extrañaba muchísimo su presencia. Por ese motivo, recibí instrucciones precisas de no llevar ningún animal más o me iba a ir cascando junto a él. Obedecí un par de años, hasta que no aguanté más. Necesitaba tener un roedor y los cobayos siempre me hicieron gracia de tan monos que se veían. De a poco dejé entrever mis intenciones, pero la respuesta seguía siendo la misma: “Te vas tú y el ratón”. Para mí fortuna, ahí apareció Paola alegando que no sabía qué diablos regalarme y algo recordaba de mi obsesión por los cuyos. Era perfecto, ir a Antofagasta a celebrar, volver con mascota y evitar el desalojo aludiendo a que los regalos no se pueden rechazar.

Tras días de inestabilidad climática por las lluvias estivales del desierto que casi arruinan el carrete del año, emprendí rumbo a Antofagasta para conocer a una cobaya diminuta de pelo liso tricolor que se dio unas tres mil vueltas en la caja antes de que pudiera tomarla y observarla con detalle. Yo estaba que moría de ternura y ella me miraba con los ojos como platos a punto de sufrir un ataque cardíaco. Mientras trataba de calmarla, Paola preguntó qué nombre le iba a poner. La miré una y otra vez, tiramos un par de nombres y entre joda y joda mi amiga sugirió “Gotita”, básicamente porque durante esos días había quedado la escoba por el agua que había caído en el pueblo y sus alrededores. A mí me brillaron los ojos, puse a la pobre cobaya en dos patas y parecía una gota debido a su incipiente pancita obesa. Era el nombre ideal y como la ridiculez es lo nuestro, le pusimos apellido: Gotita de lluvia altiplánica.

Como eran años de juventud, nos tomamos hasta las molestias y al otro día con suerte nos levantamos. Viajé de vuelta a Calama en un estado deplorable, tenía tanto sueño que a ratos me quedaba raja durmiendo. Aún me pregunto como es que no se me cayó la caja de zapatos en donde iba el cuy a lo polizonte, porque despertaba a saltos justo para evitar que la pobre criatura rodara por el suelo. Y después pregunto por qué me trata como si fuese su esclava, es su venganza, lo sé. En fin, llegamos a salvo y “qué traes ahí” fue lo primero que escuché cuando llegué a casa, para luego pasar a un “aaayyy! es un ratón / qué es un cobayo / ah, es un cuy / dónde lo vas a dejar / yo no lo voy a cuidar” y finalizar en un “esa carita... parece que todavía estás curada”.

En vista de que no nos echaron de la casa, le hice un hogar temporal a la espera de armar la casa que había visto en internet. Y como yo soy inútil de esencia, no tenía idea de cómo hacerla, así que abusé de la buena voluntad de mis compañeros de trabajo y en una tarde armaron una casa de tres niveles. Como Gotita era pequeña en ese entonces, la jaula parecía mansión. El problema es que intentar sacarla de allí era prácticamente misión imposible, porque se asustaba y corría disparada del tercer piso a esconderse en la esquina más lejana que pudiera encontrar. Yo tenía que sentarme frente a la jaula poco menos que a rogarle que se acercara y así lograr hacerle cariño a través de la reja. Una vez más estaba en misión “por favor quiéreme”, así que la sobornaba con comida para poder tomarla en brazos.

La cobaya asustadiza de a poco entró en confianza y fue mostrando la faceta que mejor se les da a estas criaturas: manipulación nivel experto. Pueden ser pequeños, rechonchos y pacíficos, pero escuchan algún ruido que asocien a comida y chillan como si los estuvieran matando. Antes de ir a trabajar, le dejaba su ración de verduras y en teoría debía bastarle para el día, porque también tenía pellet y pasto, pero cuando llegaba de vuelta encontraba que algún integrante de mi familia le había dejado algo en el plato. “Oye tu mono estaba llorando, así que le di manzana/lechuga/zanahoria/un-largo-etcétera y se quedó tranquila”, me decían y yo con cara de espanto. Al final estaba comiendo como 5 veces al día, porque todos creían que moría de inanición. Costó un mundo que entendieran que no era así y que solo lloraba por joder y que no había que hacerle caso. Igual siguieron dándole comida, pero para ese entonces me vine a Santiago así que no alcanzó a convertirse en una pelota.

Nuevamente viajó como polizonte y como acá no tenía a nadie más que a mí para manipular, refinó sus técnicas persuasivas. Yo las resumo así: Ante el ruido de bolsas o refrigerador, morder la jaula muy fuerte para que la humana se apure y crea que se me caerán los dientes. Gritar cuiiiiiii cuiiiiiiii cuiiiiiiiiiiiiiiii tan fuerte como se pueda para que sea más eficiente. Dejar en el medio de la jaula la casa o el saco para dormir si no es el que quiero y mirar feo si no lo cambia. Volver a dejarlo al medio si insiste en que duerma en algo que no me agrada. Morder y retorcerme como basilisco cuando toque corte de uñas. Cagar y mear en los lugares que la humana acaba de limpiar. Quedarme al lado del refrigerador cuando me saca a pasear para que note que tengo hambre y que sé muy bien de donde sale la comida.

En inglés les llaman guinea pigs y en las páginas gringas dicen que uno se convierte en un “piggy slave” porque son tan caprichosos y manipuladores que al final uno termina haciendo lo que quieren. Las últimas semanas solo he podido dormir hasta tarde los días domingo, pero me tengo que levantar como zombie a rellenar la henera ante el escándalo que hacen a las 8 de la mañana o antes. Y hablo en plural porque ahora son dos. Estrella de Mar es la nueva integrante de la familia y llegó en febrero para mi cumpleaños. Me odia con todo su ser, pero se lleva muy bien con Gotita que es lo importante.

Estrella es chascona como ella sola, de color negro con algunas motas de color blanco y castaño y reitero, muy chascona. Es la criatura más asustadiza que ha pasado por mis manos, le gana con creces a Gotita y Clío. Siente que se mueve una hoja y corre hasta su guarida o hacia la misma Gotita para esconderse detrás de ella. A mí me ve como un ogro horrendo que en cualquier momento la va a cazar cuando me acerco y corre por toda la jaula evitándome, lo que no me hace sentir muy bien que digamos, pero la entiendo. A sus ojos debo verme como la tremenda wna. Y como necesariamente debo agacharme para que no le dé un paro cardíaco mientras arreglo su jaula, tengo que andar a gatas y mis pobres rodillas ya están peladas y secas. Todo con el fin de que no me vea como un oso sino que solo como un capibara caminando en cuatro patas por el departamento.

En el único momento que me da tregua es para darle comida, porque ahí se olvida de todo y tiene hasta el descaro de llorar fuerte para que me apure. Puedo ser un ogro, pero un ogro que da comida y eso no es tan malo. Y claro, también para usarme como guatero industrial porque para quedarse dormida encima mío tampoco tiene problemas. Supongo que me tomara un poco más de tiempo lograr que se acostumbre a mí, pero mientras se entienda con su par cobaya, me quedo tranquila.

El otro día pasé a la tienda de exóticos a comprar chiches para las monas y habían hurones y chinchillas. Me dieron un hurón para que lo tomara, estuve con él unos 5 minutos y me agotó. Hermoso, pero era tan entusiasta y juguetón que no podía seguirle el ritmo. El crío tenía más energía de la que yo he tenido en toda mi vida. Al lado había una chinchilla que ni siquiera había notado, porque estaba muy escondida. Era muy linda, de ojos negros, orejitas muy redondas y un pelaje gris precioso que me hizo recordar el descriterio que significa cazarlas para hacer un abrigo. Me vio y se acercó muy tímida, me olfateó, dejó que la saludara y volvió a su guarida. Fueron un par de segundos, pero con eso me bastó para enamorarme de ella.

Cuando digo que estas criaturas son como almas gemelas para mí lo digo en serio. Roedores y conejos al ser animales presa no tienen muchas armas para defenderse, por lo que ante el peligro lo único que pueden hacer es huir y esconderse. Por eso mismo, son desconfiados y se mantienen en alerta constante. Como ya lo expuse anteriormente, se requiere de un tiempo antes de que puedan sentirse cómodos y mostrar su verdadera naturaleza. Son tranquilos, viven para comer, dormir, volver a comer y dormir otra vez. Yo hago todo lo que he nombrado, por lo que puedo decir que soy un rodentia/lagomorpha del alma.

Pd: La canción no tiene nada que ver con cobayas y conejos, sino que con una zorra de nueve colas, pero no viene al caso comentarlo. La elegí por el sonido mágico que tiene y la sensación de fragilidad que transmite. Y sabrá Dios/Buda/Satán que uno como rodentia/lagomorpha es más delicado de lo normal.

Paper girl


Ella dijo: No soporto este lugar, lo dejaré atrás 
Ella dijo: No soporto esta ciudad, te dejo esta noche 

En mis lecturas de verano, decidí darle una nueva oportunidad a John Green. Y eso es porque debo ser parte del 0,001% que leyó “Bajo la misma estrella” sin llorar ni moquear aunque sea un poquito. Nada de nada. No se me movió ni un pelo con la historia de Hazel y su novio (que ya ni recuerdo como se llama) y eso que yo lloro con todo. Me llamó más la atención la forma en que abordaba el tema del cáncer que el romance en sí. Bueno, quizás no me causó ninguna reacción porque para mi desgracia no tengo 15 años. La cuestión es que después de leer ese libro, mandé a Green a la porra por fome, pero ahora decidí darle una segunda oportunidad. En estos momentos estoy con “El teorema Katherine” y Colin se me hace insufrible, es lo único que puedo decir. Anteriormente leí “Ciudades de Papel” y ahí sí que me llevé una muy grata sorpresa. Lo amé de principio a fin. Aquí van mis spoilers.

La historia podría resumirse de la siguiente forma: Un ñoño corriendo detrás de un imposible. Quentin es el típico nerd enamorado desde siempre de su linda y popular vecina Margo que solo le dio bola cuando eran peques... hasta que un día de la nada se le aparece en frente para que la acompañe a hacer un montón de trastadas a sus ex amigos. Y luego de eso, simplemente desaparece. Ahí empieza la búsqueda de Quentin, quien se ve obligado a salir de su zona de confort para ir tras la pista de Margo y sumergirse en el siempre entretenido juego de expectativas versus realidad. El tema de la idealización del otro es súper potente en este libro y uno puede decir que es lógico tratándose de adolescentes, pero la verdad es que es algo que sigue presente con el correr de los años. Siempre esperas algo más o que cambie tal cosa de aquí y por allá para tratar de amoldar al otro sujeto de acuerdo a tus expectativas. Y viceversa.

Y mientras Quentin descubría a la verdadera Margo, se dio cuenta de que no era tan genial ni soñada sino que solo una chica. Una chica bastante confundida que no aguantó más y se largó lejos de todo, pero aún así era difícil precisar a quién iba a encontrar al final del camino. Lo genial es que intentando comprender a Margo, el nerd también logra conocerse un poco más.

Y por paralizantes y tristes que fueran todos aquellos «nunca más», me pareció perfecto marcharme así por última vez. Una marcha pura. La forma más depurada posible de liberación. Todo lo importante, menos una foto malísima, estaba en la basura, pero me sentía genial. Empecé a correr, porque quería poner todavía más distancia entre el instituto y yo. Marcharse es muy duro… hasta que te marchas. Entonces es lo más sencillo del mundo. 

Mientras corría, sentí que por primera vez me convertía en Margo. Lo sabía: «No está en Orlando. No está en Florida». Marcharse es fantástico en cuanto te has marchado. Si hubiera ido en coche, no a pie, seguramente también habría seguido adelante. Margo se había marchado y no iba a volver ni para la graduación ni para ninguna otra cosa. Estaba seguro. Me marcho, y marcharme es tan estimulante que sé que no puedo volver atrás. ¿Y entonces? ¿Me dedico a marcharme de sitios una y otra vez? ¿Emprendo un viaje eterno? 


Esa parte es notable, porque lo entiendo al 1000 %. Una vez que te vas, te vas para siempre. No me imagino volviendo a vivir en Antofagasta o Calama y el día que me aburra de Santiago, dudo que vuelva. A decir verdad, coincido bastante con Margo en su forma de ver la vida. Sí, es bastante bruta su forma de desaparecer, pero ¿realmente existe una manera de largarte sin que queden temas pendientes o que todos queden contentos? Yo creo que no. O lo haces de una o no te atreves nunca.

Yo siempre digo que no voy a Calama porque no tengo niñera para mi cobaya, pero la verdad es que no siento ganas de volver. Igual como le pasa a Margo. Es como si supieras que al volver te quedarás de nuevo estancada con la misma gente, las mismas situaciones, lo mismo de siempre, porque nada parece cambiar por mucho que pasen los años. Una vez que cortas los hilos ya no los puedes volver a juntar ¿o no? Tal vez soy muy extremista.

—¿Y por qué precisamente aquí? 
—Una ciudad de papel para una chica de papel —me contesta—. Leí lo de Agloe en un libro de «cosas sorprendentes» cuando tenía diez u once años. Y nunca me lo quité de la cabeza. La verdad es que cada vez que subía al SunTrust Building (incluida la última vez que fui contigo), lo que pensaba al mirar hacia abajo no era que todo era de papel. Miraba hacia abajo y pensaba que yo era de papel. Yo era la persona débil y plegable, no los demás. Y esa es la cuestión. A la gente le encanta la idea de una chica de papel. Siempre le ha encantado. Y lo peor es que a mí me encantaba también. Lo cultivaba, ¿sabes? »Porque es genial ser una idea que a todo el mundo le gusta. Pero no podía ser la idea de mí misma, no del todo. Y Agloe es un lugar en el que una creación de papel se convierte en real. Un punto en el mapa se convirtió en un lugar real, más real de lo que las personas que crearon ese punto habrían imaginado. Pensé que quizá aquí la silueta de papel de una chica podría empezar a convertirse en real. Y me parecía una manera de decirle a esa chica a la que le preocupaba la popularidad, la ropa y todo lo demás: “Irás a las ciudades de papel. Y nunca volverás”.

En esa parte morí y le mandé un poco de mi alma a John Green a lo lejos, porque creo que a eso me he dedicado en este tiempo, a ser más real, aunque nadie entienda qué diablos estoy haciendo con mi vida. Si siempre me han tratado como juguete de colección, admirable, intocable y genial es porque yo lo he permitido. No tengo derecho a reclamo si he cultivado esa pose de inalcanzable ¿cierto? Llevo media vida desperdiciada y recién me vengo a enterar. Con razón los ñoños que siempre me gustaron nunca me pescaron. Qué tragedia más grande por Dios/Buda/Satán. En fin, solo puedo decir que la historia es genial y el final puede que no sea ideal, pero es mucho mejor: es real.