Ðark Lady

Acerca de tødø y nada a la vez

Popurrí de lagartija estelar



El verano al fin llegó y yo soy el ser más feliz de la vida al tener un sol radiante todos los días. Odio el invierno y este año lo detesté aún más, porque se hizo eterno. Eso es tema de discusión con algunos amigos que no entienden cómo mierda puedo preferir estar bajo unos achicharrantes 34 grados de calor a simplemente aguantar el frío abrigada como oso polar. La verdad es que no tengo tolerancia con las bajas temperaturas, porque soy una lagartija del desierto con sangre fría que necesita del sol para sobrevivir. Pasar meses con las manos heladas todo el día y una nariz congelada para mí es horrible, por eso soy tan feliz con la llegada de un sol tan brillante.

Y para que mi pony sea aún más feliz, se suma el hecho de que con los cielos despejados se pueden ver un par de estrellas en la noche. Casi me dio un mini infarto cuando vi más de tres puntos brillantes en el cielo y en estas últimas noches, por poco y lloro de la emoción al ver desde mi balcón una luna tan hermosa y más estrellas de lo normal. Lo mejor de todo es que las reconozco, son las mismas de siempre. No se han ido, siguen allí.

Eso me hace recordar que debo terminar el diseño de mi futuro tatuaje que sigue en espera. La inspiración divina por el momento solo me ha servido para definir formas, pero no para los colores ni detalles específicos. Y sabrá Dios/Buda/Satán que no puedo dejar nada al azar considerando mis caprichosos cambios de gustos. Ahora tengo todo el tiempo del mundo, así que no tengo excusas para no avanzar en él.

Eso me lleva al hecho de que no sé qué haré el próximo año, si no uso las neuronas se me van a oxidar. Quizás podría tomar algún curso para perfeccionar el inglés porque mi pronunciación es asquerosa por falta de práctica, aunque para ser honesta no hay idioma que quede bonito con mi voz. Eso me lo han dejado más que claro en estos últimos meses. Se me ocurrió buscar algo relacionado con teoría feminista, en vista de que di botes con ese tema en mi tesina, pero lo descarté de inmediato considerando que si llego a una clase con una Cosmopolitan en la cartera, lo más seguro es que me saquen a patadas de allí.

Bueno, creo que lo mejor será apuntar a los idiomas, porque tengo que asumir que las traducciones del coreano y japonés están correctas y no tengo ni puta idea de si realmente es así. Como con esta canción que es hermosa, no solo porque está en la voz de Jung Yong Hwa (a quien adoro, obvio) sino porque es linda desde el título hasta como suena. El vídeo, el vocalista y sus luces me dejaron babeando. Leí la traducción y terminé de morir con esta frase: Hasta que el resplandor borre la soledad. Eso lo dice todo. Añadida de inmediato a la lista de canciones de la banda sonora de mi vida.

It's all gone


Me siento mucho mejor ahora que te has ido para siempre
Me digo a mí mismo que no te extraño para nada
No estoy mintiendo, negando que me siento mucho mejor
Ahora que te has ido para siempre


Eso de generar lazos afectivos con las cosas materiales, nunca ha sido lo mío. Como soy descuidada y caprichosa, no consigo encariñarme demasiado ni con los regalos que me hacen ni con las cosas que yo misma compro. Si se rompe, se bota. Si se pierde, se pierde no más. Ni siquiera hago un esfuerzo en repararlo o en intentar encontrarlo, solo me limito a quejarme un rato y al otro día ya se me olvida. Y no es que no aprecie a la persona que me lo dio o la inversión que haya hecho, pero prefiero no calentarme la cabeza. Es tan extremo ese asunto que incluso se me puede echar a perder el pc (ya me ha pasado)/pendrive/disco duro y perder todo lo que tenga y yo ni me inmuto. Ese es mi nivel de desprendimiento, por llamarlo de alguna manera.

Sin embargo, algo extraño me pasó el otro día. Así de la nada, se desarmó un collar que me regalaron hace un tiempo atrás. La cadena se cortó y la parte que la unía al colgante también se rompió. Mis manos de hacha no tuvieron nada que ver en eso, lo juro, simplemente se deshizo y no estaba preparada psicológicamente para aquello. Sobrevivió a mis cambios de gustos a lo largo del período que lo tuve y sin quererlo adquirió un significado emocional tan importante que ya casi lo veía como una especie de talismán protector, porque era lo único que me quedaba de la persona que me lo dio.

Y como yo razono de manera complicada, veo muchos doramas y soy discípula de Coelho, me asusté y pensé que quizás sería una señal divina de que algo andaba mal con ese ser humano, porque era muy raro que se desarmara así de la nada el maldito collar. Mi cabeza ilógica era incapaz de admitir que solo cedió ante el tiempo y el uso diario. No, tenía que buscarle la novena pata al gato y desplegar mis contactos para saber si el susodicho en cuestión estaba bien, porque yo no puedo preguntarle de manera directa y mucho menos romper el hielo por una imbecilidad como esta. No sé si por orgullo o por qué realmente no sabría cómo hacerlo. En fin, hechas las averiguaciones respectivas, nada malo pasaba y quedó en evidencia -una vez más- que debo abandonar esa mala costumbre de buscar siempre la respuesta más improbable de todas.

Lo que seguía era lo obvio, tirar el collar a la basura como siempre lo hago, pero estaba tan desconcertada por su “muerte súbita” que no pude hacerlo de inmediato. Pensé que quizás podría guardarlo, pero lo descarté. “No lo necesito. Lo terminaré olvidando de todos modos”, fue mi respuesta interna. Aun así, no tenía corazón para botarlo en un tacho de basura roñoso. Mi lado Coelho habló y dijo que debía hacer algo un poco más simbólico con un dejo de toque terapéutico. Lo mejor que se me ocurrió fue ir al parque, llevarlo en mi mano y soltarlo cuando fuera capaz de hacerlo. No quería escucharlo caer, por lo que elegí caminar por el lado que tenía más pasto. Uno, dos, tres. Respira. Uno, dos, tres. Respira. Uno, dos, tres. Respira. Uno, dos... lo solté. Se fue. En mi pequeña mano sentía el vacío. Desapareció. Ahora sí que ya no me queda nada. Seguí adelante y apuré mis pasos sin volver la vista atrás. Ya no está.


Las baladas de Juana al son coreano


Será culpa de que me llega poco oxígeno al cerebro o por la fiebre que me tiene con los cachetes como Heidi, pero ando haciendo mezclas no convencionales. Como leer a la siempre intensa Juana de Ibarbourou mientras escucho canciones de doramas. Este tema de Master's Sun lo encuentro tan hermoso, que aunque hablara de calcetines y paraguas igual lo sentiría especial. Por fortuna, la letra no habla sobre incoherencias sino de cosas que se me hacen -para mí desgracia- algo conocidas. 

En mi estado febril, la escuché leyendo la “Balada del amor ignorado” y casi morí, porque a fin de cuentas, todo se reduce a guardar distancia como método de control de daños. Eso suena horrible, pero como dice el tema “está bien, incluso si...”. Resignación me da palmaditas en la espalda.

Paso al siguiente poema: “Balada del amor triste”, con ese nombre no debería ni leerlo, pero lo hago. Total, un poco de masoquismo no le hace mal a nadie. Y sí, Juana de Ibarbourou acertó con el título, es triste. Resignación me hace cariño en la cabeza como si fuera un cachorro desamparado. Cero respeto. Creo que es mejor ir a dormir de una buena vez, Resignación no es una buena compañía. 

Balada del amor ignorado

Aquel que esperaba
sin saber su cara, 
pasó hoy a mi lado 
y llevóse mi alma. 

La trova que en ese 
momento cantaba, 
se quebró en mis labios 
y tornéme pálida. 

Alguien me lo dijo 
sin voz ni palabra: 
—¡Levanta los ojos, 
que pasa el que aguardas! 

 Me puse a seguirlo 
como una sonámbula, 
con las manos trémulas 
y la cara pálida. 

Mas él, sin mirarme, 
se adentró a su casa, 
sin saber que a rastras 
se llevaba un alma.  

Me volví tan triste 
que lloré hasta el alba, 
¡le daría la vida 
y él no sabe nada! 

Balada del amor triste

Viento que te vas 
a donde no puedo 
yo ir, 
¿no me llevarás? 

Si tuviera alas, 
alas como tú, 
¡ay, contigo iría 
por el cielo azul! 

Porque estoy tan triste 
que deseara huir. 
Llévame, ¡oh pampero 
muy lejos de aquí! 

Haréme liviana, 
más de lo que soy, 
para pesar menos 
he llorado hoy. 

Para pesar menos, 
si preciso es, 
mi trenza sombría, 
¡ay!, me cortaré. 

Para pesar menos
ni he de sonreír 
cuando al fin me lleves 
muy lejos de aquí. 

Lo único, viento, 
que no puede ser, 
es que yo a aquel hombre 
deje de querer. 

Aunque pese mucho 
ese amor irá 
a donde yo vaya. 
¿Me podrás llevar?

You'll see us someday


-¿En qué estás? 
-En nada especial 
-¿Y eso qué es? 
-Un intento de diseño 
-¿Ya? 
-Nah, estoy probando imágenes y colores para ver lo que podría ser un tatuaje 
-¿Eso va en serio? 
-Supongo que sí 
-Pensé que era un capricho del momento no más 
-Yo también, pero creo que es una forma simbólica de hacerme cargo de... no sé, todo 
-¿Cómo así? 
-El colapso interno empezó cuando me di cuenta que extrañaba personas, conversaciones, lugares... e inevitablemente me pregunté si en verdad todo esto valía la pena. Y ahí me fui a la cresta
-¿Y vale la pena? 
-Supongo que sí 
-¿Supones? 
-Sí, si al final estando acá o allá o en la China, las cosas iban a cambiar igual. Siempre es así, la vida es así 
-Pero creíste que sería distinto 
-Absolutamente 
-¿Y elegiste estrellas? 
-Mis estrellas favoritas, obvio 
-Tanto que webeas con las famosas estrellas 
-Lo sé, pero tengo que verlas en algún lugar 
-Me cuesta entender por qué te importan tanto 
-Si sé, pero es que representan muchas cosas... Las asocio al lugar en el que crecí, a la tranquilidad de la noche y al hecho de saber que no importa lo que pase aquí, si lo comparo con el Universo, todo se vuelve pequeño e insignificante 
-Mmm... 
-Además, de que siempre estuvieron tan cerca que nunca pensé que algún día no iban a estar allí 
-¿Hablas de las estrellas o de personas? 
-Ambas 
-Me perdí 
-Todos nosotros somos las estrellas, nos estamos desvaneciendo. Intenta no preocuparte, nos verás algún día. Solo toma lo que necesites y sigue tu camino y deja de llorar tanto... 
-¿Oasis? 
-Ajá 
-Entiendo... 
-¿Viste que no siempre soy tan hueca? 
-Si sé, ya no te voy a webear más... ¿Qué harás ahora? 
-Terminar de leer Altazor 
-Otra razón más para dejar de decirte hueca 
-Vicente Huidobro es mi terapeuta en estos momentos ¿ok? 
-Si tú lo dices, habrá que creerte... 
-Obvio 
-Y trata de hacerle caso a Liam y Noel ¿vale? 
-Lo intentaré 
-Me parece

Pasando las noches con Teillier, Huidobro, Neruda y Laswell


 
En mi proceso de evasión de realidad, me he pasado las últimas noches leyendo poesía. Eso suena tan dije y glamoroso, pero en realidad no lo es. Solo soy yo en pijama, chascona, con el maquillaje corrido, una taza de café y el computador, porque me dio una paja enorme ir a la biblioteca a sacar los libros como la gente decente. Y ando en estas porque mientras miraba las telarañas del techo tratando de alcanzar la iluminación divina para decidir qué cresta hacer por la vida, me aburrí y quise borrarme un rato. Como no le hago a las drogas, no soy tan ebria como para alcoholizarme sola y si fumo se me baja la presión cuático (eso es de muy vieja de mierda, I know), pues no tenía muchas opciones que digamos. Y me acordé de Jorge Teillier, porque alguien andaba con un libro de él hace un par de días y quedé en que tenía que volver a leerlo, pero a lo Dory, olvidé ese compromiso a los tres segundos de haberlo adquirido en mi fuero interno.

Así que ahí empecé mi búsqueda y a leer, pero no podía hacerlo escuchando cualquier cosa, así que puse a mi adorado Greg Laswell y empecé a borrarme. Y cuando leí todo lo que pillé en internet, seguí con Vicente Huidobro que me dejó en las nubes. El siguiente nombre en la lista era casi obvio, pero tenía mis reparos porque cuando era chica su voz pajera me traumó y nunca me gustó realmente. Sin embargo, decidí darle una oportunidad a Pablo Neruda y me sorprendió la belleza de varios versos ultra conocidos que de tan manoseados e impuestos a la fuerza, pierden un poco de brillo.

Y es que dicha sea la verdad, a ninguno de los tres los he pescado demasiado en mi vida, solo lo justo y necesario. Si lo pienso detenidamente, creo que parte de ese desinterés es porque -ya sea en cursos de básica o media- no hubo ningún profesor capaz de hacer de la poesía algo interesante. Clases soporíferas y libros del Ministerio de Educación con poemas mal escogidos, una combinación no muy buena. De hecho, yo nunca quise leer nada de poesía porque me encontraba demasiado aweonada como para entenderla, que el estilo, las rimas, la técnica y toda esa mierda que a nadie le importa me confundía. Nunca nadie me dijo que solo debía leer y disfrutar del sonido de las palabras, aunque no entendiera un carajo. Eso lo supe un siglo después con Alfonsina Storni y Mario Benedetti, pero aún así siento que el sistema educacional chileno me quitó años de disfrute de poesía.

Afortunadamente hoy en día, las cosas no son tan malas. La editorial Amanuta tiene una colección preciosa de poesía ilustrada de autores chilenos. Nicanor Parra, Gonzalo Rojas, Gabriela Mistral y los caballeros que nombro aquí están en esos libros. Quizás alguien puede pensar que es un despropósito que un mocoso de 8 años ande leyendo poemas de Teillier, pero no creo que sea así. Los mocosos son más inteligentes de lo que parecen, no hay que subestimarlos. Quizás no entiendan el significado de todas las palabras, pero hay algunas que tienen un sonido hermoso y eso les atrae. Y los libros tienen dibujos, yo habría sido feliz de tener uno de esos. De haber sido así, tal vez no estaría redescubriendo sus versos de manera tan tardía. 

En fin, dejaré acá un poema de cada uno... los que más me llegan en estos momentos, que vienen y van en oleadas como dice Greg Laswell. Juro por Dios/Buda/Satán que leyéndolos se me olvida hasta la hora qué es y dónde estoy. Me tienen en las nubes, lo reconozco.

Blue (Jorge Teillier) 

Veré nuevos rostros 
Veré nuevos días 
Seré olvidado 
Tendré recuerdos 
Veré salir el sol cuando sale el sol 
Veré caer la lluvia cuando llueve 
Me pasearé sin asunto 
De un lado a otro 
Aburriré a medio mundo 
Contando la misma historia 
Me sentaré a escribir una carta 
Que no me interesa enviar 
O a mirar a los niños 
En los parques de juego. 

Siempre llegaré al mismo puente 
A mirar el mismo río 
Iré a ver películas tontas 
Abriré los brazos para abrazar el vacío 
Tomaré vino sí me ofrecen vino 
Tomaré agua si me ofrecen agua 
Y me engañaré diciendo: 
"Vendrán nuevos rostros 
Vendrán nuevos días" 

La poesía es un atentado celeste (Vicente Huidobro)

Yo estoy ausente pero en el fondo de esta ausencia 
Hay la espera de mí mismo 
Y esta espera es otro modo de presencia 
La espera de mi retorno 
Yo estoy en otros objetos 
Ando en viaje dando un poco de mi vida 
A ciertos árboles y a ciertas piedras 
Que me han esperado muchos años 
Se cansaron de esperarme y se sentaron 

Yo no estoy y estoy 
Estoy ausente y estoy presente en estado de espera 
Ellos querrían mi lenguaje para expresarse 
Y yo querría el de ellos para expresarlos 
He aquí el equívoco el atroz equívoco

Angustioso lamentable 
Me voy adentrando en estas plantas 
Voy dejando mis ropas 
Se me van cayendo las carnes 
Y mi esqueleto se va revistiendo de cortezas 
Me estoy haciendo árbol 
Cuántas cosas me he ido convirtiendo en 
[otras cosas... 
Es doloroso y lleno de ternura 

Podría dar un grito pero se espantaría la transubstanciación 
Hay que guardar silencio Esperar en silencio

Muchos somos (Pablo Neruda) 

De tantos hombres que soy, que somos, 
no puedo encontrar a ninguno: 
se me pierden bajo la ropa, 
se fueron a otra ciudad. 

Cuando todo está preparado 
para mostrarme inteligente 
el tonto que llevo escondido 
se toma la palabra en mi boca. 

Otras veces me duermo en medio 
de la sociedad distinguida 
y cuando busco en mí al valiente, 
un cobarde que no conozco 
corre a tomar con mi esqueleto 
mil deliciosas precauciones. 

Cuando arde una casa estimada 
en vez del bombero que llamo 
se precipita el incendiario 
y ése soy yo. No tengo arreglo. 
Qué debo hacer para escogerme?

Cómo puedo rehabilitarme? 
Todos los libros que leo
celebran héroes refulgentes 
siempre seguros de sí mismos: 
me muero de envidia por ellos, 
en los filmes de vientos y balas 
me quedo envidiando al jinete, 
me quedo admirando al caballo. 

Pero cuando pido al intrépido 
me sale el viejo perezoso, 
y así yo no sé quién soy, 
no sé cuántos soy o seremos. 
Me gustaría tocar un timbre 
y sacar el mí verdadero 
porque si yo me necesito 
no debo desaparecerme. 

Mientras escribo estoy ausente 
y cuando vuelvo ya he partido: 
voy a ver si a las otras gentes
les pasa lo que a mí me pasa, 
si son tantos como soy yo, 
si se parecen a sí mismos 
y cuando lo haya averiguado 
voy a aprender tan bien las cosas 
que para explicar mis problemas 
les hablaré de geografía.

The end is coming



Debes sangrar y ver el fin
Todo vuelve a empezar...

Hay cosas que nunca cambiarán, supongo. Mañana es el plazo límite de entrega del proyecto de tesina y yo acá, vaciando mi cerebro de pensamientos inútiles. Antes me funcionaba, veremos si ahora también lo hace y sale una maravilla de proyecto. Aunque como siempre, con que salga algo decente me conformo. Vale, con que salga algo es suficiente. Y eso es porque dejé la seguridad de estudiar algo de Fuguet por ir tras una NN que hizo que el estómago se me revolviera con la historia de una mina cuica con mil problemas y traumas que arrastra por años y que se solucionan mágicamente con la llegada de un príncipe azul desde Francia. Para llorar y por lo mismo, digno de estudiar según yo. En pleno año 2015 y aún se perpetua la maldita idea de que el punto culmine de realización para una mujer es tener mocosos y un hombre al lado. Insisto, es para llorar.

Anyway, lo bueno es que no soy la única que piensa así y eso lo sé porque el curso entero del diplomado vomitaba bilis con el tema. Y que sean treinta personas en el mundo ya es algo. Me deja con la grata sensación de que no estoy tan equivocada y que solo pienso distinto. Lo mismo pasa con las “porquerías comerciales” que acostumbro a leer, porque en realidad no lo son. Recién ahora -con bases teóricas de por medio- puedo decir que hay un mundo increíble en la Literatura Infantil y Juvenil y que ni siquiera sabía que andaba pululando por allí desde hace un buen tiempo.

Ahora, la gran pregunta del siglo es “¿y qué harás con todo lo que ya sabes?” y para variar aún no tengo respuesta. Soy el ser más mañoso del mundo y si considero que no tengo todo lo que necesito, no puedo hacer nada. Por eso siempre me demoraba más en escribir o hacer un trabajo, porque tenía que procesar toda la información posible para hacer algo decente. Y en estos momentos siento que falta solo una pieza más para tener el panorama completo. Sé que el final se aproxima, no sé si será algo voluntario u obligado, pero está cerca y lo puedo sentir. Si eso es bueno o malo, no lo sé.

El otro día ante la pregunta ¿Hasta cuándo piensas aguantar? me sorprendí diciendo “Hasta que termine la tesina... o sea hasta diciembre, no más allá”, porque no me había puesto ningún plazo de manera consciente, sin embargo, la respuesta me salió del alma. Nunca he sido buena para pedir ayuda, pero creo que esa pieza que falta no la podré encontrar sola. Creo que tendré que hacer lo mismo que hice cuando no sabía qué mierda estudiar: pedir hora a la psicóloga. La diferencia está en que ahora las sesiones no me saldrán a costo cero y tener que gastar plata en terapia, me hace dudar. Quizás si me esfuerzo encontraré el camino sola. Quizás sí, quizás no. La cuestión es que siento el reloj correr y me asusta un poco. Lo único que tengo claro es que de que está cerca el fin, lo está.

Lo que no termino de entender



- ¿Qué haces?
- Nada. Nunca hago nada
- Sí, claro
- ¿Y qué quieres que diga?
- Lo que piensas
- Y si ya lo sabes, para qué preguntas
- Por el factor sorpresa, cómo sabes si algún día hablas sin necesidad de que te presionen
- Será una larga espera entonces
- No me molesta
- ...
- ¿Y?
- Pensaba en el día en que finalmente llegue el anuncio del gran evento
- ¿Y eso?
- Lo veo venir y no sé cómo voy a reaccionar
- Con la madurez que te caracteriza, por supuesto
- Eso no es muy esperanzador que digamos
- Lo sé, ¿le has dicho algo?
- No
- ¿Pretendes hacerlo?
- No, no tiene sentido
- ¿Por qué?
- Asumo mi condición de objeto-valioso-que-dejas-en-el-altar-y-que-nunca-tocarás-por-miedo-a-echarlo-a-perder
- ¿Sigue con esa estupidez en la cabeza?
- Sí, supongo que lo lleva en su adn. No puedo hacer nada
- ¿Y qué pasó para que estés dándole vuelta a ese tema?
- Nada en especial, solo ando más sensible de lo normal
- ¿Ya?
- Ya sabes, el desorden mental, mis irresponsabilidades, la rutina, las putas estrellas que no aparecen... y Piero
- ¿Piero?
- Casi lloré cuando escuché esta canción de mierda en vivo y al wn diciendo que era la canción para la persona que siempre está ahí y que era tan para ti...
- ¡Ufff!
- Una veintena de wnes yéndose a la cresta y más allá
- Pero...
- Pero nada, no le daré más vueltas al asunto
- Ya lo estás haciendo
- Y no pasará más allá de esto, ya te dije, solo ando más sensible de lo normal
- ¿Segura?
- Sí, es un momento de debilidad, no más que eso
- ¿Segura?
- Sí, si ya sabes que nada cambiará... mi única opción sería que inventaran una máquina del tiempo que me devuelva a los 17, pero no lo veo factible
- Estás cagada
- Totalmente
- ¿Tequila?
- A la vena si es posible

Debe haberse perdido con las estrellas...



Oh bola de cristal, escucha mi canción
Estoy desvaneciéndome
Todo lo que sé está mal
Así que déjame donde pertenezco

Y sabrá Dios/Buda/Satán dónde está ese lugar, que es como el santo grial de mi vida: algo que puede o no existir, pero que busco de todos modos. Así que ahí estamos, con el insomnio y el cansancio mental de vuelta. No he hecho absolutamente nada en todo el fin de semana, pero siento como si me hubiesen agarrado a palos. Me duele todo, quizás algún bicho insurrecto se metió en mi organismo, no lo sé. Tal vez solo es un síntoma del colapso que tarde o temprano iba a llegar, porque siendo quien soy, era imposible que no ocurriera algo así.

Mis quejas siempre son tan ridículas, pero bueno mi problema (que no es problema, obvio) actual es que no sé cómo vivir en el mundo ordinario como una simple mortal sin beneficios. Sí, yo sé que suena muy wtf? pero es lo que me pasa. Lo dije en otra ocasión, una de las grandes lecciones que he aprendido en este tiempo, es darme cuenta de lo que increíblemente afortunada que ha sido mi existencia, porque nunca me he tenido que esforzar realmente para obtener algo. Lo que no conseguían mis neuronas, lo lograba mi sonrisa manipuladora y así evitaba hacer lo que me desagradaba. Además de que siempre había alguien cuidándome como el gato de chalet que soy. 

Toda una vida funcionando de esa manera, era lo normal para mí y ahora de eso, no queda nada. Mentiría si dijera que no echo de menos esa existencia, pero no podría volver atrás. Sé que tomé la decisión correcta, pero es rara la sensación de convertirte en un número más. Eso de que se preocupen por ti solo porque si estás de malas echas a perder las estadísticas del día, es casi un insulto para mí. Pensé que iba a ser más fácil, pero no lo es. Esto de tener que trabajar para sobrevivir está haciendo que desaparezca el poco espíritu que me queda. En serio, no sé como la gente puede tener la misma pega insulsa por tantos años. Los admiro, porque está claro que yo no aguantaré mucho. O encuentro mi santo grial o lo construyo con mis propias manos, pero no me queda otra si quiero volver a respirar tranquila.

Lo último que puedo agregar es que la canción de Keane es tan perfecta para lo que siento en este rato, solo le cambiaría la parte donde dice “Perdí mi corazón, lo enterré en lo profundo del mar de hierro”. Yo creo que el mío lo perdí junto con las estrellas, porque así como no logro recordar la última vez que hice algo con empeño y pasión, tampoco sé cuándo fue la última vez que vi un cielo claro y lleno de pequeños puntos brillando a lo lejos. Puede que hasta mi estrella favorita haya desaparecido. Quien sabe, quizás algún día la encuentre de nuevo junto a mi corazón.

¿Y eso sirve de consuelo?


No espero ni amor ni odio, ya tengo bastante con mi dolor 
Maldigo el episodio, lo peor es que yo fui quien lo escribió 
Me esperan los demonios que deja tu olvido, que juegan conmigo 
Ya sé que es cobarde pedirte en una canción... perdón 

Por algún motivo/razón/circunstancia difícil de comprender no he podido dejar de escuchar esta canción. Es terrible. Lo entendería si estuviera pasando por algún período sensible/llorón en el que voluntariamente me expongo a temas de Alejandro Sanz, Ricky Martin, Franco de Vita y un gran etcétera, pero no es así. No ando en plan de darme latigazos emocionales, pero aún así se me pegó la muy maldita y es como inevitable no analizarla, ya que anda rondando por ahí.

La verdad es que no recuerdo bien dónde la escuché, pero lo primero que me llamó la atención fue esa parte de “Maldigo el episodio, lo peor es que yo fui quien lo escribió”, porque no es habitual que en estas canciones mamonas alguien asuma la culpa del cagazo que se mandó con tanta honestidad. Generalmente todo va en plan de “Ay! Me dejaste, sufro tanto/ No sé cómo respirar sin ti / Vuelve my darling” y todo ese rollo con el que uno se corta las venas llorando a moco tendido, pero este tema no, logra salir del rol de la víctima y muestra el lado de la persona que dejó la escoba.

De hecho, en estos días estuve tratando de recordar alguna canción similar y no encontré ninguna. La pelusa del desierto rueda y rueda en mi cabeza y por más que pienso y pienso, el resultado de la búsqueda sigue arrojando cero. Ahí mis pensamientos se van al tema de lo mucho que complica asumir los errores y pedir perdón, en especial cuando sabes que no te quieren ver ni en pintura. Quizás es por eso que el mea culpa que hace el tipo, yo lo encuentro notable.

Dejando de lado cualquier prejuicio que uno pueda tener ante este tipo de música y si nos vamos solo al contenido de la letra, me parece que expresa muy bien la visión del que deja la cagada, pero sin pegarse con una piedra en los dientes ni exagerando. El testimonio de arrepentimiento de quien ya no tiene nada que perder porque ya se encargó de mandar todo a la cresta.

Si bien desde el otro lado de la vereda, uno ve a ese individuo como el o la csm más grande entre todas las criaturas muertas, vivas y por vivir del Universo, en muchas ocasiones no es tan así. Quizás solo tuviste la mala suerte de encontrarte al PTW (Pobre Triste Weón/a, como decía Natalia) justo cuando estaba en su fase de confusión máxima y no sabía distinguir entre su pie derecho y el izquierdo. También puede haberse dado el caso de que simplemente se asustó y huyó como caballo desbocado por el bosque y punto. Pueden haber mil motivos, la cuestión es que no siempre se trata de una mala persona, insisto, tal vez solo lo pillaste en una muy mala etapa con el inconveniente de que por desgracia, te tocó pagar sus platos rotos.

¿Y eso sirve de consuelo? Probablemente no, pero al menos sabes que en algún momento va a tomar conciencia de sus errores y mientras tú ya vienes de vuelta, él/ella tendrá que lidiar con los demonios del olvido. Y esos sí que son terroríficos.

Si es cobarde o no pedir perdón en una canción, pues yo creo que sí, pero algo es algo. Quizás no cambie las cosas, pero sirve para ambas partes. Para uno está la explicación a la interrogante del por qué no funcionó y para el otro está la posibilidad de hacer algo bien, aunque sea por única y última vez.

El carrusel nunca deja de girar

“¿Por qué le pasan cosas malas a la gente buena? Nos preguntamos eso tan seguido, que se convierte en un cliché, pero es porque sí le pasan cosas malas a la gente buena, constantemente. Solo tienes que esperar a que cuando sea tu turno, sabrás qué hacer, cómo sobrellevarlo, cómo perseverar. Pero la verdad es que no sabes cómo reaccionarás a tu peor escenario. Ninguno de nosotros lo sabe. No hasta que sucede”
[One flight down 11x20]


Estoy de rodillas
Solo recuerdos me quedan para aferrarme
No sé cómo pero lo superaré
Lentamente me recompondré

El día en que con mi amiga Vero y yo nos enteramos de que Derek Sheperd pasaba a mejor vida nos dio depresión instantánea, tanto así que de seguro batimos el récord de mandar un millón de emoticones llorando en tan solo un par de minutos. Depresión moderna y online ¿ok? Y como las drama queen que somos, sabíamos que iba a ser imposible ver el capítulo nuevo sin tener al lado una caja de pañuelos y un litro de agüita con azúcar. Y una vez que vimos el episodio del terror, yo no sé cómo aguantaron nuestros pobres celulares con tanta lágrima que le caía encima mientras íbamos comentando lo traumático que era ver morir a Mc Dreamy.

Cualquier persona sensata se preguntará por qué tanta alharaca por una simple serie y para eso hay dos respuestas: La primera es que somos un par de ridículas sin vida que no tienen nada mejor de qué preocuparse, lo que es bastante razonable y certero. La segunda tiene que ver más con nuestro eterno yetismo que nos llevó a pensar que con nuestra suerte, en el supuesto caso de que encontremos un tipo decente, pues lo más seguro es que termine dentro de un nicho.

En lo personal, yo me llevé un chasco tremendo por el mensaje de mierda que transmiten a través de la muerte de Derek: No puedes tenerlo todo. Era como ver mi peor trauma/miedo en pantalla. La cara de Meredith viendo por la ventana a los policías que llegaban a su casa mientras esperaba noticias de Derek, hizo que se me retorcieran las tripas, porque es la cara que uno pone cuando sabe que algo muy malo pasó y que de alguna forma tienes que prepararte para escuchar lo que te van decir.

Díganme paranoica, pero a mí me da un mini paro cardíaco cada vez que recibo una llamada a un horario no habitual o si tocan el timbre y no espero a nadie. Pongo la misma cara de espanto de un roedor corriendo a su guarida cuando siente una amenaza. Quizás es ser fatalista, pero para mí es inevitable, siempre que todo va bien, queda alguna cagada. Me acuerdo que en la U evitábamos decir “las cosas no pueden ser peor ¿cierto?”, porque siempre que lo decíamos pasaba algo más, como si estuviésemos tentando a Dios/Buda/Satán a respondernos con un sí rotundo. Así que al final optábamos por omitir comentarios y simplemente aguantar. Aplico lo mismo cuando se trata de rachas buenas, de no presumir y dar las gracias calladita porque si alardeas, te cae el balde de agua fría para que aterrices.

Como Meredith que se regocijaba de lo linda y feliz que era su vida con sus hijos, su esposo, su trabajo y su casa, todo de ensueño... y al otro día se queda viuda. Una absoluta mierda. Ella y todos nosotros sufriendo. Años dando jugo con el fulano, que sí, que no, para que cuando al fin te estabilizas y comienzas a disfrutar de una vida normal, todo se va a la cresta. Si no digo yo que la señora Shonda Rhimes es tan siniestra como Dios/Buda/Satán para escribir sus guiones.

En medio del llanterío colectivo, varios se quejaban de que Meredith no llorara a mares por Derek. Me dieron ganas de pegarles por idiotas, como si uno pudiera hacerlo en la vida real con todo el desagradable papeleo que hay que hacer cuando muere alguien y peor en su caso con dos cabros chicos al lado. Por desgracia en esos momentos hay que mantener la cabeza fría, después verás como lidias con el duelo, si te ahogas en lágrimas o si rompes una pared de la rabia. Y Grey hizo lo mismo que haría yo ante una tragedia tan grande: Irse lejos de todo y todos hasta sentirse lista para enfrentar su nueva realidad. Desaparecer, recoger los pedacitos de a poco y empezar de nuevo. Como decía Ellis Grey, el carrusel nunca deja de girar, la vida sigue con lo bueno y lo malo. No se detiene.

“Tengo que creer que hay un modo. Tiene que haber un modo de bajar del carrusel. Empezar de nuevo, empezar de cero. Tiene que haber un modo de dejar todos mis fantasmas atrás. Es una decisión. Es una decisión que estoy tomando. De avanzar, de seguir adelante. Puedo hacer esto. Puedo hacer esto. Todo lo que tengo que hacer es empezar”
[She's leaving home 11x22]

PD: Yo creo que Shonda siempre tuvo previsto matar a Mc Dreamy. La icónica canción “Grace” es sobre duelo, Meredith lo soñaba muerto y decía que los cuentos de hadas no se hacen realidad, Cristina le hizo abrir los ojos para que dejara de depender tanto de él... A modo de masoquismo, dejo la propuesta de matrimonio donde queda claro que la única manera de que se separaran era con la muerte de por medio. Lloremos por ingenuos ahora :( 


El irlandés y el poeta


Cualquier forma de distraerse y sedarse 
Añadiendo sombras a las paredes de la cueva... 

Hace un millón de años atrás, estaba aburrida en plan Jaded haciendo zapping y como no encontré nada especial, dejé puesto el canal de música para gente vieja como uno: VH1. Y ahí quedó prendida la tele, con música añeja de aquellos años de juventud y de repente suena una voz que no conocía, pero típico, no pesqué mucho a la primera. Ni siquiera me digné a mirar, pero la voz profunda del tipo me terminó por vencer. Le puse atención al vídeo y quedé como:

WTF? 

¡No le peguen! 

¡Se lo van a echar! 

¡Corre a salvarlo wn! 

¡Oh no! 

¡Lo mataron csm!

Trauma nivel Dios. 

Y con un vídeo así, me puse a buscar las canciones del fulano Hozier que figuraba en los créditos. Y me enamoré de sus letras raras y del sonido de su guitarra. Me enteré de que era irlandés, doble enamoramiento. Vi que era un chascón alto, barbudo y de pinta indecente, enamoramiento de aquí al infinito. 

Así que ahí estoy, pegadísima con la música de Hozier, que como diría Mugatu “está tan cotizado”, pero por muy niño-bonito-alternativo que sea, el tipo es de otro nivel. Este tema – que es mi favorito en estos días- debe ser la canción de drogadictos más elegante que he escuchado. Y aún cuando entiendo de qué se trata, traducirla al español hace que pierda gracia en mi humilde opinión.

En “Take me to the church” el juego de palabras que utiliza me dejó babeando, mi frase predilecta: “Te adoraré como un perro en el santuario de tus mentiras”. Uhhh! Supongo que lo que más me gusta de este tipo, es que tiene ese toque medio oscuro, incluso en canciones más suaves como “Like real people do” o “From Eden” y para qué decir de “Cherry Wine” que podría pasar como el tema más dulce de la vida, si no fuera por el hecho de que habla de una relación disfuncional con golpes de por medio. 

En resumen, lo adoro. Tanto como adoro a Mario Benedetti. Y sí, el irlandés y el uruguayo no tienen mucho que ver el uno con el otro, pero de ambos me gusta la forma en que abordan esa decadencia del ser humano, con letras enredadas a ratos, pero que te dejan pensando. Como estas reflexiones que leí hace una porrada de tiempo en "Vivir Adrede" y que me tuvieron marcando ocupado, al igual que Hozier ahora y que me veo en la obligación de dejarlas por aquí. 

Miedo 
No se juega con el miedo porque el miedo puede ser un arma de defensa propia, una forma inocente o culpable de coraje. El miedo nos abre los ojos y nos cierra los puños y nos mete en el riesgo desaprensivamente. Andamos por el mundo con el miedo a cuestas como si fuera un pudor obligatorio o en su defecto una variante del fracaso. Tal vez sea el mandamiento o quizás el mandamiedos de alguna desconocida ley, de un dios cualquiera. Por las dudas, una buena fórmula contra el miedo puede ser la que dejó escrita el bueno de Pessoa: «Espera lo mejor y prepárate para lo peor». 

Utopías 
Lo imposible es una burla de los dioses. Fue por eso que éstos desaparecieron. No fueron capaces de nadar en ese río, nadar en la nada. Todos venimos al mundo con la obsesión de un imposible. Y cuando tomamos conciencia de que el imposible es eso: un imposible, ya es tarde para refugiarnos en la sensatez. 

Todos queremos lo que no se puede, somos fanáticos de lo prohibido. Algunos lo llaman utopía, pero la utopía es más seductora. No tiene puertas cerradas como lo imposible. No nos desprecia como lo prohibido. La utopía tiene la gracia de los mitos, la maravilla de las quimeras. Si tenemos ánimo, paciencia y un poco de ilusión, podemos navegar en la barcaza de la utopía, pero no en el acorazado de lo imposible. 

Lo prohibido es un desafío que casi siempre nos derrota. La única posibilidad de vencerlo es llevarle la contra a los pontífices, que siempre han sido los jefes de lo prohibido. También lo son los dictadores, pero los pontífices al menos no torturan. 

A veces lo imposible lo llevamos en el ánimo, y éste no es capaz de dar el salto sobre lo prohibido. Y si como excepción alguien se anima a dar el salto, se encontrará con que lo prohibido es un abismo. Y entonces chau. 

Monotonía 
Otra vez los misiles rasgan el espacio. En Londres, en Bagdad, estallan los silencios y las bombas. Qué monotonía. 

En Colombia los marines fortalecen su mercado de drogas, la pasta base mata en apenas seis meses. Por algo enloquecemos de a poco en la inocencia. Qué monotonía. 

Todo es adrede, todo hace trizas el alma. El pobre tiempo ocurre con sus buitres, sus incendios. Qué monotonía. 

Después de todo Dios, si es que hay alguno, se dedicó a crear abismos y cenizas, simulacros de azar. Qué monotonía. 

El mundo asume el color de la tristeza y nace y muere sin excusas. Todo se carga, todo se repite en sueños y vigilias. Qué monotonía. Sólo una diana rompe lo monótono y es el abrazo de la muertecita.

Música 
¿Quién habrá inventado la música? ¿El viento? ¿El mar? ¿La lluvia? ¿Cuándo habrá nacido la armonía? ¿Qué habrá sonado primero? ¿E1 lenguaje de la brisa o el canto del ruiseñor? 

Desde una a otra orilla y viceversa, la música cruza el puente y la recibimos con los brazos y oídos abiertos. A veces ella calma y a veces enardece. Acaricia a los niños y adormece a los viejos. 

Cuando llueve es el canto de las nubes. La música es un arrabal del cielo y es el único paisaje que disfrutan los ciegos. Beethoven nos abriga y Mozart nos refresca. 

Hay tonadas que enhebran los silencios y el silencio se convierte a la música. Los esclavos y los presos se renuevan en el canto y esa música es su única libertad. Con la música respiran y si algún guardia la prohíbe, igual cantan en silencio. 

La música es un premio, un recurso, una victoria. Con alegría o congoja la música nos vive y nos revive. Cuando alguien nos dice que nos vayamos con la música a otra parte, sin vacilar nos vamos, dichosos de que nos siga acompañando la felicidad de sus sonidos. 

Aleluya 
Aleluya. El tiempo pasa y yo sigo viviendo, con los dolores y las ausencias de siempre pero sigo viviendo. Con la suerte y la muerte a la vista, con las golondrinas y los buitres, con el alma en pena y la cordura casi loca, con las cenizas del olvido y el pan duro de las promesas. Pero sigo viviendo. 

Aleluya. En alguna rara ocasión mi soledad se llena de prójimas y mis brazos abrazan y abrasan. Mi memoria viaja de noche en noche; mis jardines, de amanecer en amanecer. 

De todos los puentes cruzo el más frágil: el que une tu desolación con mi consuelo, y mi consuelo con tu desolación. Acaricio los pinos antes de que en el próximo vendaval besen el suelo. 

Aleluya. Cuando encuentre la verdad aún estaré a tiempo para llevar a mi infancia conmigo y clavarla luego como un afiche en la pared de la cocina. Nos vamos para volver; volvemos para irnos de nuevo. El tiempo es un viaje de escalas infinitas donde aprendemos y enseñamos algo. 

Aleluya. Piso tantos umbrales que los pies desnudos me arden. Desde esos umbrales imagino el infierno, pero de pronto recuerdo (aleluya x 2) que soy ateo, tanto de Dios como del diablo. 

Vivir aquí, en los arrabales del universo, no está tan mal. Dos por tres vienen pájaros curiosos, con su experiencia del espacio, y acaban colgándose en un crepúsculo de árboles. Crecimos en un exilio de la esperanza, sin advertir que era un exilio de la nada. 

Aleluya. La nada también puede ser todo y los otros también pueden ser nosotros. Si la tristeza nos empapa con su lluvia, digamos aleluya aleluya, primero despacito y luego en alarido, para que al fin nos encierren, así sea medio por azar, en las mazmorras de la alegría. 

Ah desaparecido 
Vos te vas sin ser voz; te fuiste sin ser muerte; desapareciste sin reaparecer. Tu rostro está aquí: cómo nos mira y como lo miramos. Te fuiste sin decir adiós. Nadie te sabe, todos te añoran, van proclamándote, rememorándote. 

Quedaste en tantas vidas que no descansan, que están en tu secreto, en su silencio. Sin alivio, porque te echan de menos, te conocen de más. 

Ah desaparecido, ¿qué podemos hacer para encontrarte, para compadecer en tu agonía, si no sabemos cuándo te has ido, desvanecido, vuelto fantasma? Quizá por ese no saber nos vamos quedando sin melancolía, apenitas con un sol a oscuras, abandonado, con la memoria sin excusas, con el poder más impotente. 

Ah desaparecido, ¿quiénes fueron los que sin dudarlo te borraron? Tu ida fue un crepúsculo interminable. La desaparición no es una muerte sino un vacío. Podés ser náufrago, despojo o hueso en tierra, también un pájaro que decide emigrar. Los que te encuentren, si te encuentran, te regarán con llanto, aunque haya lluvia. 

Ah desaparecido, parecido, sido, ido. Nunca más te esfumes, por más que el tiempo pase, no vamos a perdonar lo imperdonable. Mientras tanto, confiemos en que cada uno de los desaparecedores reciba el castigo de su propia conciencia.